Capítulo 8

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El Lunes había llegado de la forma más precipitada que podía existir. Apenas había pegado sus pestañas la tarde del domingo y ya había vuelto a empezar la semana. El lunes había llegado como una bofetada en su mejilla.

¿No se nota que ella odia los Lunes?

—Buenos días—saludó Alia al inmenso hombre que se encontraba caminando nerviosamente alrededor de su propia cabaña.

Alia tiró su mochila al césped y se dejó caer muy fuertemente, llamando un tanto la atención de Hagrid, pero no tanto como para dejar de lado sus preocupaciones.

—Buenos...¿vendrá Harry, verdad?—preguntó, quedándose repentinamente quieto y mirando expectante el rostro de Alia, como buscando una respuesta en cada rincón de sus facciones.

—Pues claro, Hagrid.

—¿Y por qué no estás con ellos?—volvió a preguntar; su tono había tomado cierta pizca de paranoia y había continuado su caminata de un lado hacia otro, provocándole unas pequeñas nauseas de parte de ella.

—Hagrid, si no dejas de moverte vomitaré.

—Lo siento—respondió y se detuvo.

Alia miró hacia todos lados; en su campo de visión se formaron cinco figuras que venían hacia ellos con caminar petulante y moviendo los brazos exageradamente.

Todo iba bien hasta que vio el cabello rubio de uno de los chicos.

Todo iba bien hasta que divisó las corbatas verdes en sus cuellos.

Desvío rápidamente la mirada, un dolor hizo que su estómago se retorciera y sus mejillas tornaran un color carmesí que le llegaba hasta las orejas.
Había olvidado que las clases de criaturas mágicas los lunes eran con Slytherin.

—Agh, como odio esta clase, ¿qué estupideces haremos hoy?—preguntó uno de aquellos chicos.
Alia fingió que no les prestaba atención. Abrió su mochila y sacó un libro, comenzando a devorar las letras.

Pero tanto Draco, como ella y Hagrid sabían que lo hacía para desviar la atención.

—Eh, rubia, ¿me prestas una pluma?— uno de los chicos había levantado claramente la voz para hacerle saber lo que necesitaba.

—No es culpa mía si no has traído lo que necesitas— dijo Alia, empleando toda la elegancia que podía en sus palabras; había respondido sin quitar la mirada del libro. Sus piernas cruzadas y la espalda que le daba a los chicos les daba a entender que no les interesaba un comino lo que le dijeran.

—Eh, tarada, que te estoy hablando—dijo el chico, lanzándole una pequeña piedra que llegó a dar a su libro, rasgándolo ligeramente.

Alia giró su cabeza al oír las risas provenientes de su espalda: Draco palmoteaba su estómago rápidamente, dando a entender su incontenible risa; los demás le seguían el juego al rubio y hacían lo mismo.

La lampara en su cerebro se iluminó.

—Gran jugada, por aquí tengo una pluma—dijo, removiendo entre los bolsillos que tenía su mochila. Los demás chicos dejaron de reír, extrañados por el comportamiento de la chica—ten.
¿Qué estaba mal con ella?, pensaban todos al mismo tiempo.

Se volteó sin antes dirigirles la mirada más amable y la sonrisa más dulce que tenía; por supuesto, falsas.

Oía cuchicheos.

Tanteo ligeramente su túnica, en busca de su varita que yacía en uno de los pliegues de la prenda y se dio vuelta bruscamente, en busca de las miradas de los chicos que aún estaban inundadas en extrañeza.

Save him [Draco Malfoy]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora