Nada podía arruinar su día. Ni siquiera el cielo repleto de nubes que había visto afuera de la ventana y la suave lluvia que golpeteaba delicadamente el vidrio.
Nada podía arruinar su día. Ni siquiera las chicas de Slytherin que la miraban con desprecio cada vez que pasaba por algún lugar o simplemente en los baños.
Nada podía arruinar su día. Ni los profesores, ni el clima, ni los deberes que habían dejado esa mañana.
Avanzaba con una sonrisa radiante mientras los pensamientos de su mente la dirigían directo a la mesa de Ravenclaw para hablar con Leah, quien, por suerte, se encontraba totalmente sola disfrutando de su almuerzo.
Draco sintió como si alguien golpeara su estómago cuando Alia entró por la puerta del gran comedor. Su gran sonrisa daba a entender que se encontraba en perfecto estado, y su semblante alegre hacia perfecta armonía con su rostro, que parecía de porcelana.
Sintió como si le quitaran el aliento de la boca cuando la vio reírse. Sintió como si el tiempo fuera más lento, como si lo que le estaba sucediendo no fuera tan malo como el pensaba. Sintió como si sus problemas no fueran lo bastante graves o lo bastante fuertes como para no querer seguir. Su sonrisa lo hizo sentirse particularmente...bien.
Algo había en la forma que se movía, en la forma que sonreía, en la forma que reía, que hacía que Draco no necesitase de más cosas en la vida.
Ella hacía que él creyera que la vida no era tan horrible como parecía.
Todos sus miedos y sus creencias desaparecían cuando ella estaba cerca. Todo lo que el pensaba sobre las demás personas se esfumaba tan rápidamente que sentía como si sus pies y sus ojos perdieran cualquier tipo de coordinación.
Lo peor era que ella lo sabía. O al menos, Draco creía que Alia estaba al tanto de las cosas que pasaban por su mente.
Los pensamientos sobre Alia cruzaban su mente con tal brusquedad que sentía como si su corazón se encogiera.
Entonces ¿Qué haría ahora? Él le había pedido que se alejase de ella, que no volviera a dirigirle la palabra, y Draco sabía perfectamente que si volvía a hacerlo ella sufriría las consecuencias. No quería hacerle más daño, no quería verla destruida, no otra vez. Desde que la vio tan vulnerable ese fatídico día se había prometido que jamás permitiría que algo así ocurriera. Y ahora, que se daba por enterado que el había sido el culpable de la desaparición de su hermano, no sabía que pensar.
Si volvía a hablarle provocaría otra desaparición, o quizá otra muerte misma.
Si no volvía a hablarle...no podría soportarlo.
Fue ahí cuando lo entendió todo, fue ahí cuando entendió lo difícil que significaba e implicaba ser feliz en aquellos días. La felicidad estaba rodeada de dolor para él. Nunca, a lo largo de sus años de vida supo lo que era sentirse completamente feliz y lleno de cariño. Pero ahora, debía renunciar a ella y todo por culpa de la persona que él era, todo por culpa de su condenado apellido y de su sangre.
No sabía que pensar.
No quería renunciar a la oportunidad de ser feliz por el simple hecho de...en fin. No tenía remedio, no podía hacer nada.
Solo quería una última vez, un último beso de su parte, solo pedía un momento de felicidad y podía guardar en el centro de su corazón y hacer que perdurase para poder soportar su lejanía. Solo deseaba un poco de ella y todo mejoraría por unos días.
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Save him [Draco Malfoy]
أدب الهواة-Quería explicártelo detenidamente, pero por lo que veo, será imposible aguantar mucho tiempo-respondió Dumbledore, para luego comenzar a caminar lentamente alrededor de Alia, como si estuviera examinando su mente; como si estuviera leyéndola de alg...