Capítulo 9

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—Señor Malfoy, necesito que me ayude en un asunto.

Draco pudo reconocer al instante la voz de la profesora McGonagall inundar el solitario lugar. Se sorprendió de su actuar, y sin rechistar se levanto y siguió a la profesora hasta donde estaba hacía unos minutos, el despacho del director.

—¿Qué hacemos aquí...?—intentó preguntar, pero sus palabras quedaron tendidas en el aire; no recibió respuesta.

En cambio, siguió hasta donde apuntaba la lastimera mirada de McGonagall: el cuerpo inconsciente de Alia.

Sus ojos estaban rojos e irritados, su nariz estaba del mismo color y sus manos temblaban incontrolablemente, su aspecto inspiraba lastima y aflicción.

Se aclaró la garganta, tratando de mantener la compostura y no abalanzarse sobre ella.

—¿Qué le sucedió?—preguntó, rodeándola con la mirada.

—Dumbledore logró hacerla descansar. Luego de su desmayo; es lo único que necesita.

—¿Desmayo? ¿Por qué? ¿Qué le dijeron?—llenó de preguntas a la profesora.

Pero como de costumbre, solo el silencio fue su respuesta.

—No haga preguntas, ahora necesito que me ayude—Draco iba a acercarse para moverla y despertarla, pero McGonagall lo interrumpió:— no puede hablarle, solo oírle y verle.

Alia abrió los ojos y una lagrima recorrió su rostro al momento de detectar su presencia. Se sentía cansada, mucho más cansada de lo normal.

Draco sintió como si una pequeña parte de su alma se desprendiera al ver a la chica en tal estado.

Por Merlín, ¿qué noticia sería tan fuerte?

—Necesito que la lleve a su habitación—pidió la profesora.

Al ver el rostro de Draco, de completa confusión, continuó:

—Con mi autorización, podrá entrar.

—¿Por qué no lo hace usted?—preguntó.

El rostro de McGonagall cambió completamente, cruzándose de brazos avanzó por la estancia hasta salir de ella. Draco observó a Alia, en el penoso estado que se hallaba. Seguía derramando lágrimas y su estado de shock no ayudaba demasiado.

—Bien, necesito que cooperes.

Pasó sus fuertes brazos por debajo de las rodillas de Alia; también por su cuello, sujetándola por los codos. Ella se movió en sus brazos; pasó sus delgados y temblorosos dedos por el cuello de Draco, sintiendo por fin que alguien la contenía.

Tenía una visión errónea de aquella escena, pero no le importaba.

Suspiro en su cuello, haciendo más intensas las lágrimas y los sollozos. Draco sintió ganas de protegerla; sintió como si de pronto el instinto de atráela más a sus brazos y sujetarla fuertemente no fuera en vano.

La depositó delicadamente en las suaves sabanas de su cama y se alejó de ella, quedando solo a unos pasos.

Se sentía raro en Gryffindor, no podía negarlo; le desagradaba estar allí, era como un asco incontrolable el que surgía en él, así que se dirigió a la puerta con toda la intención de poder salir de ahí, hasta que una voz débil y apenas audible lo saco de su ensueño de la manera más cruda y brusca que podía existir. La voz femenil provenía desde su espalda, donde la había dejado atrás.

—No...quédate.

Draco se acercó a Alia sin rechistar ni decir una sola palabra. Sabía que cuando las personas se sienten como la peor escoria del mundo debían ser escuchadas; tenias que estar ahí para limpiar su alma y su corazón, aunque fuera a base de llantos y gritos.

Save him [Draco Malfoy]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora