Emma

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-¿Emma?

Me alegré mucho al escuchar la voz de mi padre a través del teléfono, no habíamos hablado desde que me fui de Alemania.

-¡Papá! ¿Dónde te habías metido?

-Lo siento Emma, he estado muy ocupado en la empresa estos meses.

-No pasa nada, lo entiendo.

-Pero tengo varias sorpresas para ti.

-¿Qué sorpresas?

-Bueno, una no es una verdadera sorpresa, la vas a esperar durante un día y vas a estar con ella un mes entero.

-¿Y dónde está la parte que no es sorpresa?

-Pues que te tengo que decir lo que es para que prepares algunas cosas.

-¿Qué es? Soy impaciente, ya lo tendrías que saber.

-¿Quién es?-preguntó Thomas detrás de mí con la voz algo adormilada, no le eché mucha cuenta.

-Bueno, la pregunta no es qué, realmente es quién-siguió mi padre.

-¿Quién es?-pregunté.

-Eso te lo acabo de preguntar yo-Thomas otra vez-, ¿puedes hacerme un café peque...?

No dejé que acabara, puse mi dedo índice sobre sus labios.

-Soy yo.

-¿¡Que!?-Thomas se sobresaltó-. No puede ser... ¿De verdad?

-Sí, pensé que no pasábamos tanto tiempo unidos, como antes, y no quiero perder a mi hija favorita por culpa de la distancia.

-Papá, soy tu única hija-solté una carcajada.

-Sobre eso...-mi risa se cortó en seco y esperé en silencio a que dijera que era broma, pero él me imitó y esperó a escuchar mi reacción.

-No tengo ninguna hermana papá.

-Eso es verdad, tienes dos hermanos.

-¡NO! ¡Papá yo soy hija única!-empecé a ponerme nerviosa y Thomas lo notó, así que me abrazó y consiguió que me tranquilizara un poco.

-Emma, no estoy bromeando-su voz sonaba bastante seria.

Empecé a respirar más despacio y conseguí tranquilizarme.

-Vale, supongo que esas eran las otras sorpresas.

-Sí, todavía hay una, pero esa es la parte más secreta y tendrás que esperar a que llegue-asentí, sabiendo que él no podía ver nada-. ¿Me das tu dirección?

Le di mi dirección y me despedí rápidamente. Tenía ganas de gritar, pero me quedé en silencio mirando la pantalla apagada de la televisión atentamente.

Al rato se lo conté todo a Thomas y él no hizo más que preguntar cosas que yo no sabía responder. Me empecé a poner nerviosa e inmediatamente paró de preguntar.

-¿Quieres comer algo?

-No tengo hambre-contesté metida en mis pensamientos.

Llegó con una tarta de chocolate y se sentó junto a mí mientras se la comía lentamente. Yo miré el plato con deseo, sí que tenía hambre. Al notar mi mirada Thomas me metió un trozo en la boca y yo lo saboreé con los ojos cerrados lentamente mientras sonreía. Sentí los labios de Thomas sobre mi frente y luego me abrazó.

-Como me gusta cuidarte.

-Eso no arregla nada, Thomas, mañana será un mal día.

-Tranquila, pequeña, todo saldrá bien.

Juntamos nuestros labios en un dulce beso. Literalmente dulce, ya que sabía a chocolate.

Ya era mediodía y mis manos empezaban a temblar. Sabía que hoy no venía mi padre, pero también sabía que mañana a las diez estaría en la puerta de mi casa y eso hacía que me doliera la barriga por los nervios. Thomas lo notó y salimos a dar un paseo para tomar el aire libre. Nos sentamos en un banco del parque hasta que empezó a oscurecer y volvimos a casa tranquilamente.

-Tranquilízate, todo va a salir bien.

Observé sus ojos azules atentamente y luego bajé la mirada, encontrándome con las manos temblorosas.

-Thomas, ¿y si ellos consiguen que mi padre no me quiera?

-Emma, no digas tonterías, tu padre te quiere demasiado como para hacer eso.

-¿Y si no me aceptan?

-Pues perdéis el contacto, es fácil.

-¿Y si...?

Me interrumpió con un lento beso intentando tranquilizarme un poco y nos fuimos a la cama, necesitaba coger fuerzas.

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Volviendo al pasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora