Creí que el silencio traería alivio, pero solo ha dejado un eco imposible de ignorar. Al final, no se trataba de ganar, sino de aprender a coexistir con la tormenta. En este juego no hay vencedores ni vencidos; solo dos almas que siguen en la misma órbita, incapaces de alejarse del todo.
Lo curioso de las treguas es que siempre terminan.
Este instante de calma no es más que un paréntesis en medio del caos, un suspiro entre dos batallas. A veces, me permito imaginar que podría durar para siempre, pero la realidad se encarga de recordarme que el reloj sigue avanzando y cada vez me queda menos tiempo.
Nuestros caminos vuelven a cruzarse. Por momentos, la distancia parece desvanecerse, como si el tiempo quisiera darnos una segunda oportunidad. Pero la cercanía trae consigo viejas heridas y nuevas dudas. ¿Podremos alguna vez mirar hacia adelante sin volver la vista atrás?
Mientras tanto, la obra avanza, convirtiéndose en el reflejo de todo lo que no podemos decirnos. Cada ensayo, cada mirada sostenida en el escenario, cada palabra susurrada entre líneas... Todo se mezcla hasta que ya no sé dónde termina el guion y dónde comenzamos nosotros.
La tregua sigue su curso, frágil como un hilo a punto de romperse. Y en el fondo, sé que el final está cada vez más cerca. La verdadera pregunta es: cuando llegue ese momento, ¿seré capaz de soportarlo?
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Suya
RomanceCarolinne tiene dieciséis años y busca un hijo. Su madre se está muriendo y esa desesperada determinación parece ser el único resquicio de esperanza que ilumina el oscuro y vacío túnel en el que se ha convertido su vida. Sin embargo, luego de tantos...
