De regreso a casa.

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-¡Jaime!- Le grite para sacarlo de sus pensamientos se había quedado un par de segundos callado mirando a la nada muy serio.

-Dime.- Su mira volvió a mí y me miro.

-te quedaste como pegado po...- Sonríe por la situación.

-Perdón...vámonos de aquí.- Me tomo de la mano, tomamos nuestras cosas y salimos. No me importaba nada, no me importaba lo que estaban haciendo antes, solo estaba feliz porque tenía a los cabros de nuevo conmigo, el grupo al fin estaba completo.

Salimos de la pieza donde me tenían secuestrado estos bastardos les conte que me estaba quedando en un pueblo y empezamos a caminar. El Naiko con el Yelo iban caminando más adelante iban empujándose, saltando como unas verdaderas pasivas divirtiéndose.

El Jaime iba delante de mí, iba mirando el suelo, concentrado en cualquier otra cosa, menos en la realidad. Corrí donde él y tome su mano.

-¿Jaime?

-mmm..

-¿Qué onda? Tai como pensativo...- acaricie su cabeza.

-Solo recordaba algo no mah...- me miro con una leve sonrisa.

-Oye ¿y me vas a contar como fue que estas vivo?.- me pregunte con ganas de escuchar la historia.

-Otro día ¿si?- apretó mi mano con más fuerza y la beso.

Nos fuimos de la mano todo el camino, weamos caleta con los cabros hasta que no dimos cuenta que se estaba haciendo de noche, a lo lejos vimos una casa grande, caminamos hasta allí pero a mitad de camino se puso a llover súper fuerte, corrimos a la casa sin revisar llegamos y entramos.

-¿Sentiste esa wea?-pregunte alterado, escuchaba crujidos.

-¿Qué we- el Yelo no alcanzo a terminar cuando todo el suelo de la casa cae.

-¡Nico! ¿Estai bien?!- me pregunta el Jaime parándose rápido y ayudándome.

-Si tranquilo- dije mientras me sobaba el brazo.

-¡Puta la wea!-grita el Naiko. Yo con el Jaime lo miramos confundidos el Naiko estaba arrodillado sujetando al Yelo, este gemía de dolor, un fierro de le había enterrado en el abdomen, este gemía y lloraba de dolor, Naiko intentaba detener la sangre con una sudadera pero era demasiada.

-Hay que sacarle el fierro.- El Jaime se sacó la mochila, empujo al Naiko y tomo el fierro con ambas manos.

-El dolor y la pérdida de sangre lo puede matar Jaime!- sostuve su brazo para detenerlo.

-¿Y que hacemos entonces?- pregunta el Naiko. Yo solo me quede callado la verdad no sabía qué hacer, recordé las vendas, alcohol y esas weas que saque en el hospital, abrí mi mochila y ahí estaban, mire al Naiko y al Jaime.

-Que no se diga mas entonceh poh- El Jaime en un movimiento brusco se da vuelta, toma el fierro y la jala sacándola por completo, el Yelo gritaba de dolor, un grito desgarrador de esos que te da hasta pena escuchar. Corrí donde él. Vierto el alcohol para que no se infecte la herida, el Yelo se desmayó y no lo culpo esa herida era grave. Vende la herida haciendo presión en ella para que dejara de sangrar.

-Naiko weon, ¿no queda la crema?.- decía el Jaime tirando el fierro lejos de nosotros.

-No weon, la usamos cuando recibí el disparo en la pierna y el Yelo se había quemado la espalda...- Naiko buscaba entre sus cosas.

-puta la wea...- Jaime frustrado se paseaba de un lado a otro

-¿Que crema?- pregunte.

-Nada oh- decía el Jaime haciéndose el weon.

Tiempos De Guerra (Jainico) FINALIZADA.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora