Imprevisto

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Stella.

Regresé a casa y cerré la puerta. Ya estaba completamente agotada.

Luego de terminar de conversar con ese señor de pelo rubio del cual solo conseguí saber su nombre...

Ya estando dentro, miré enfrente y me encontré con un desagradable susto.

Un hombre de corbata. Pero ésta era de color negro.

Era galán no lo podía negar. Su altura era igual que la de corbata rosa pero era de pelo negro y tenía un ligero aspecto de ser chico malo.

—Serás mía... Stella.

—Lo siento. Pero solo soy del hombre de corbatica rosa—sentencié.

Ese hombre colocó una cara de enojo pero a la vez de risa.

—Eso es porque no has tenido el gusto de conocerme—exclamó sonriente—. C'est un plaisir madamoiselle. Je m'apelle Caín.

—Das pena viejo. Tú y tu francés barato se pueden ir al carajo—dije burlona.

—Pronto darás pena tú señorita—replicó elegantemente—. Un día estarás en mis brazos y no lo vas a poder evitar—sonrió malévolamente.

—Ten fe...

—Vi como salvaste a Rose, lanzando esa lámpara contra la cabeza de Evan. Muy oportuna esa intervención de tu parte señorita. Te felicito, eres una buena chica.

—¿Rose? ¿así se llama corbata rosa?

—¿Ni siquiera sabes su nombre y eres capaz de salvarlo? interesante...—relució su gran sonrisa.

—Es un lindo nombre... mejor que el tuyo—contesté.

—Mi nombre no es lindo pero pronto lo amarás—sonrió otra vez pero sin mostrar los dientes.

—Te repito... ten fe—dije con rabia.

Parpadeé un segundo y no logré verlo más... 

Me hallé en la locura.

¿¡Cómo carajos escapó de mi vista en un pestañeo!?

Respiré y calmé un poco mi inestabilidad.

Partí trotando a la cocina y aprecié la ventana abierta.

—Con razón. Se me olvidó cerrarla...

La cerré y le coloqué el seguro. También un candado.

Era necesario hacerlo. No quería tener otra incómoda visita... 

Pero no podía negarlo. Era un hombre muy encantador, pero verlo demasiado a los ojos...

Intimidaba... y mucho.

Lo siento corbata negra, pero mi corazón...

Solo lo tiene Rose.

...

Corbata rosa.

Sonó el teléfono.

Recibí una llamada. Era el mayor de los corbatas.

El alegre corbata amarilla, Feliciano.

—¡Rosa! ¡necesito tu ayuda hermano!

—¿¡Qué sucede Feliciano!?

—Quieren matar a los colores primarios querido...

—¿Por qué? ¿¡Quiénes!?

—Caín y sus locuras... al parecer se unió a alguno de los sobrevivientes vengadores de Salzburg.

Corbata rosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora