Amor

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—¿Te vas a ir sin decirle nada?—Me reclamó Ian.

—Así tiene que ser... para que la maldición no caiga sobre ella. Dile que se cuide mucho y que me olvide...

—¿Tú crees que lo hará?—dijo desafiante.

Reparé un poco. No logré responder eso.

Al segundo me fui.

—Rose... ¿por qué tienes que ser así...?

...

Stella.

Llegué a la habitación de Rosa y no lo encontré...

Corrí a todas partes y nada.

Hasta que en la última puerta de la salida del hospital, me topé con naranja y su mirada baja...

—¿Qué está pasando? ¿dónde está Rosa...?

—Lo siento otra vez Stella... pero Rosa se fue y me dejó un mensaje—exclamó naranja muy afligido.

Luego escucharía sus palabras y volverían a romperse una vez más todas las endebles partes de mi triste y solitario corazón...

—¡Son unos idiotas! ¡Todos ustedes los de corbata! ¡MUÉRANSE!—Salí corriendo devastada pero no podía llorar.

En el fondo sabía que él me quería. Pero no lo entendía...

¡Maldita sea!

—¿Por qué no puedo triunfar en el amor?

—¿Esto es...—Asentí—, Imposible?

Iba caminando cerca del parque en confusión conmigo misma y sentí un gran viento pasar por todo mi rostro...

Es una señal.

Pero ya no comprendo nada.

Hay algo en el fondo de mi corazón, que me dice que siga intentando... Cueste lo que cueste. Pero estoy quebrada.

Mientras seguía dando pasos en la incertidumbre, vi a varias parejas en el parque.

Entre ellas observé a una que me llamó la atención porque estaban discutiendo fuertemente entre si.

Las dos personas eran un chico con franela rosa y una chica de blusa azul turquesa.

Ambos suscitaban una fuerte confrontación atrayendo gran multitud de público espontáneo, dispuesto a verlos en su disputa.

Y yo, como defensora de la paz no me hice esperar para acercarme a ellos...

—¡Eres un estúpido! llevamos tantos años de pareja y no eres capaz de regalarme como antes una simple rosa—gritó la chica desconcertada.

—¡Amor! yo te regalo siempre todo lo que quieres pero no me consigues entender...—contestó el chico de franela rosa.

Al parecer todo el problema era falta de atención por parte de ambos. Un pequeño malentendido.

No esperé un segundo más y me acerqué a ellos entre su conflicto.

—¡Eres un idiota! ¡no me hables grandísimo tonto!

La chica se alejó.

—¡Amor! ¡no te vayas!

—¡¡¡Esperen!!!—grité con decisión.

La chica se detuvo volteando a verme y el chico de rosa que estaba a mi lado también hizo lo mismo.

—¿Todo esto es por una rosa?—repliqué.

Corbata rosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora