"Separación"

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– Jennifer, estás demente – Susurró Lane al oído de la joven.
– Tu lo estás más – Respondió.

Ambos bailaron muy cerca, se rozaban y en un momento, se besaron, pero Lane sabía que si Jennifer espabilaba, lo dejaría de inmediato. Así que Lane solo la disfrutó. Después de bailar fueron a un rincón del salón y empezaron a comerse a besos. Y una que otra salida. Se manoseaban y se rozaban y en un momento, a los dos se les ocurrió ir al baño.

Salieron del salón y se dirigieron al baño de profesores. Nadie estaba ahí. Lane se sentó en el W.C. y Jennifer encima de sus piernas. Empezó a besarse apasionadamente y terminaron haciendo... lo que ellos querían hacer desde un principio.

Lane era muy bueno jugando con el cuerpo de Jennifer, la manoseaba hasta romper las reglas, le acariciaba la zona íntima y colocaba su aparato cerca de esta.

Jennifer gemía y decía el nombre de Lane con placer. Y Lane seguía, estaban los dos ebrios, pero este no tanto como su compañera de sexo. Lo hicieron por una hora. Luego se durmieron.

Pasó la noche y marcaron las ocho de la mañana, la pareja saltó de golpe al escuchar los disparos. Pero Jennifer no sabía que estaba acompañada, hasta que miró hacia al lado. Vio a Lane y dijo.

– ¿Contigo tuve sexo?
– No... – Bromeó Lane – Lo hiciste con el de la limpieza.
– Demonios...

Ella salió del baño y se dirigió al pasillo, Lane la siguió y no se percató que la fuerza armada se encontraba ahí. La siguió al pasillo y la tomó del brazo.

– Me gustó lo de anoche.
– Pues... agradece que estaba ebria. – Respondió con indiferencia.

Lane supo que hasta ahí había llegado con ella, ya no le atraía en ningún sentido. Cumplió con lo que soñaba, hacerlo con Jennifer. Luego se percató que estaban los militares en el patio.

En ese momento un caminante se le acercó. Lane no sabía que hacer, pegó un grito y lo empujó con una patada. Luego empezó a patearlo en el suelo, pero no se moría. Lane se rindió hasta que le pisó la cabeza. Y estalló en mil pedazos.

Lane vomitó, pues el olor y la escena hizo que tuviera náuseas. Luego miró hacia los lados. El panorama era el siguiente: Soldados combatiendo con sus rifles a los caminantes. Y algunos caían por hordas de ellos. Pedazos de carne volaban por el aire. Y la sangre estaba presente en todos lados. No había ningún lugar seguro, salvo el baño.

Lane entró al baño y se sentó en el WC en el cual había tenido sexo con su compañera. Empezó a pensar en lo que había visto. Era muy mañana, aún no salía el sol. El pensaba que todo era un sueño.

– Solo es un sueño... solo es un sueño – Repetía.

En ese momento sintió a unos soldados entrar al baño, sostenían a alguien que trataba de escapar.

– ¡Suéltenme, imbeciles!
– Cállate, hijo de puta.

Lo tomaron y lo arrojaron al baño que estaba al lado de Lane. Este se paró y se dirigió a la puerta del baño, pero los militares le bloquearon la puerta.

– ¡Hijos de Puta! – Gritaba – ¡Díganles a sus amigos que si algún día mueren será a manos de Austin Harper!
– Si que lo harás – Rieron los soldados.

Lane abrió los ojos y se mantuvo despierto debido a los insultos que lanzaba al aire ese tal Austin. Hasta que ambos se durmieron. Despertó primero Austin y después Lane. Este se dio cuenta que el temerario no estaba. Por lo que salió tranquilo del baño.

Al salir se encontró con unos jóvenes matando a una docena de caminantes. Ellos los mataban sin piedad, enterrándoles fierros, cuchillos y palos afilados. Cuando uno de ellos se dio cuenta de su presencia. Se acercaron a Lane y lo inspeccionaron. Y vieron si tenía armas. Eran cinco chicos que portaban armas.

– ¿Como te llamas? – Preguntó uno.
– Lane, mi nombre es Lane – respondió este.
– ¿Has matado a un mordedor alguna vez? – Preguntó otro.
– Si, solo uno.
– ¿Como lo mataste? – Preguntó uno pequeño.
– Le pise la cabeza.
– ¿Quieres venir con nosotros? 
– Bueno... si no molesto.
– Tranquilo, nos queda una vacante.

El grupo se dirigió a un salón, ahí había comida, agua y colchonetas que dejaron los militares. El salón pertenecía a los profesores, era el lugar donde había un cuadrado formado por mesas, y había un sillón muy cómodo. Había una maquina de café donde aún quedaba de su recurso. También habían casilleros, donde cada uno de los miembros del grupo guardaban sus cosas personales.

– Vaya, ¿tienen armas de fuego?
– Así es, pero las usamos solo en casos extremos, en fin... soy Jerry.
– Yo soy Trevor.
– Y yo George.
– Scott.
– Brad.

Cuando todos se saludaron, empezaron a comer, mientras conversaban como habían pasado cada uno el Apocalipsis.

– Nosotros éramos un grupo de amigos que estábamos bailando en nuestro salón, luego salimos un rato a conversar mientras bebíamos. Nos embriagamos y nos dio sueño, así que fuimos abajo. Y nos dirigimos a la sala de profesores, y no pensamos que si nos pillaba el inspector, nos suspendería. Y tapamos todo y nos recostamos en el sofá. Y ahí despertamos por qué unos militares nos habían preguntado si nos mordieron. – Contaba George.
– Les dijimos que no y nos dijeron que no debíamos salir de aquí. Así que obedecimos y nos quedamos aquí, y nos contaron lo que estaba ocurriendo. Nos dieron consejos y se fueron. – agregó Jerry.
– Después nos dimos cuenta que se habían ido, y las salidas estaban cerradas. Nos habían abandonado para que muriéramos solos. Pero logramos sobrevivir y seguimos aquí. – Continuaba Scott.
– Pues... para serles sincero, antes de que pasara esto... tuve sexo con una amiga, que creo que ya no es mi amiga – Dijo Lane, creyéndose.
– Ajá, y yo antes que pasará esto vi que un unicornio volaba por toda la escuela – Bromeó Trevor – No, enserio, estaba drogado y vi uno.

Todos rieron, a carcajadas.

The dead is alive!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora