"Separación II"

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– ¿Y ahora que? – Preguntó Trevor.
– Pues habrá que seguir – Respondió George.

El grupo salió de la sala de profesores y se dirigió al boliche. El stand donde vendían comida estaba completamente saqueado, mas aún quedaba un poco de comida, y eso no impedía que Lane y su nuevo grupo consiguieran algunos víveres.

– Oigan, creo que por aquí hay un... – Vióse interrumpido Brad al ver a un chico de más o menos quince años.

El chico miraba a los demás, mientras que el grupo miraba a aquel joven que sostenía un paquete de maní. Él solo se quedó quieto y empezó a retroceder.

– Chico... ¿como te llamas? – Preguntó Scott.
– Michael... – Respondió un poco nervioso.
– Michael, ¿Quieres venir con nosotros?

El chico lo pensó un poco. Nunca había estado con un grupo, pero aún así, se veían buena gente. Pasaron unos treinta segundos esperando la respuesta, cuando finalmente Michael respondió.

– Si insisten... me uno a ustedes.

Después de presentarse, le dieron provisiones. Luego se fueron al segundo piso, el segundo piso del boliche era más o menos un almacén de ropa, todo lo que se perdía se encontraba ahí, luego se regalaba lo que no era reclamado.

Lane subió primero y se cercioró de que no hubiera presencia alguna de caminantes, por ahora no había señales de mordedores. El grupo subió tranquilo, buscando colchonetas o algo para dormir. Debido a que en la sala de profesores era muy incómodo dormir sentado.

Scott encontró una colchoneta mientras que Jerry encontró una almohada. Brad se acercó a un armario que al parecer contenía más ropa almacenada.

Brad miró aquel mueble y se decidió a abrirlo, pero al hacerlo, un caminante salió de este y se abalanzó contra Brad, mordiéndolo en el suelo.

Los gritos no sólo llamaron la atención del grupo sino que también la de otros caminantes. Uno apareció por la espalda de Trevor y mordió su hombro. Jerry empezó a disparar a las cabezas de los demás, mientras que Michael y Lane luchaban con los sonámbulos con los cuchillos.

La batalla duró una hora, Lane y Michael se encontraban en el centro del laberinto de ropa colgada. Cuando notaron que no había nadie más, gritaron el nombre de los demás.

– ¡Jerry! ¡Scott!
– ¡George!

Mas nadie respondía. Los inútiles llamados de ambos fueron en vano. Nadie los oía, así que fueron a la puerta, pensando que estarían esperándolos afuera.

Pero no ocurrió así, al salir no se toparon con nada. Y allí ambos entendieron, su grupo había sido asesinado. Esa hora pasó muy rápido y fue muy sangrienta. Los dos fueron hacia su escondite sin decir ninguna palabra, no se hablaban.

Y no es que era por un tema de desconfianza, es que el ambiente no daba para conversar. Pues tan rápido habían perdido a sus amigos, que era inevitable pensar en ellos.

– ¿Ahora que hacemos? – Preguntó Lane.
– Pues durmamos, esperemos hasta mañana y... ahí vemos que hacemos – Respondió nervioso Michael.

Ambos se acostaron en el sillón, se acomodaron y durmieron.

Cuando el sol salió, Lane miró hacia al lado recién despertándose, pero no encontró a nadie, Michael lo había dejado también. Y observó que ya no tenía muchas provisiones. Michael se había llevado todo excepto un par de barritas de cereal.

– Hijo de perra – Exclamó enfadado Lane.

Sin más que hacer siguió su camino y se levantó. Tomó todo lo que pudo y salió. Al salir vio que en el patio una bella mujer estaba cavando en el pasto.

Lane se acercó. Y le pidió ayuda. Esta le brindó auxilio y lo ayudó.

The dead is alive!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora