Días antes.
—¿Está seguro de que quiere este color?
Era la tercera vez que aquella chica le preguntaba lo mismo, pero por más que él quisiera gritarle un "¡Solo cállate y haz tu maldito trabajo!" solo se limitó a asentir.
En parte la comprendía. ¿Quién no lo cuestionaría viendo su cara bañada en inseguridad mientras devoraba sus uñas?
Jimin se estaba arrepintiendo.
¡Pero él era hombre de palabra, y no se iría de aquel salón hasta tener su jodido cabello rosa! No señor.
Manipulador YoonGi y estúpido él por haberle prometido cambiar su color de cabello si dejaba de llorar y atragantarse con su moco.
La chica asintió y acercó una bandeja llena de productos—Aquí vamos, señor.
Y Jimin quiso correr cuando sintió el decolorante comenzar a picar.
Ya quería ver la cara de sorpresa de su lindo niño. De seguro le encantaría.
Horas más tarde, luego de que su cabello fuese pintado y enjuagado unas veinte veces, por fin había salido de allí, y ahora se encontraba caminando hacia casa con bolsas de frutas y cereales para YoonGi.
Supuso que lucía demasiado atractivo con aquel color ya que en el camino un montón de chicas le habían, prácticamente, gritado en su cara cosas como "¡Mira ese oppa, es muy lindo!" y "¡Woah, tan guapooo!" para luego irse corriendo y chillando.
Al llegar la casa estaba en silencio, ya eran las nueve y supuso que YoonGi estaría dormido.
Dejó las bolsas sobre la mesa de la cocina para luego ir hasta el cuarto de la derecha y sonrió al ver como la puerta tenía letras de colores pegadas dejando leer un gran "Y O O N I E 💕".
Empujó la puerta y en el interior, una única luz se encontraba encendida.
Con pasos lentos se acercó a la cama, para observar un lindo chico blanquecino durmiendo con su boca semi abierta, las mejillas sonrojadas y su cabello revuelto. Su mano izquierda sostenía la pequeña linterna que brillaba lo suficiente para espantar la oscuridad.
Un suspiro de amor salió de sus labios. Hasta estando dormido YoonGi le hacía enloquecer y actuar como colegiala.
Sus manos se acercaron a sus mofletes mientras se inclinaba lo necesario para alcanzar su boca. Sus labios apenas hicieron contacto pero de todas formas se sintió increíble para el pelirosa Jimin.
Al separarse unos ojitos le miraban abiertos de par en par, y supuso que era por su cabello.
—Hola bebé, ¿Te gusta el col-
Soltó un quejido y se alejó cuando algo impactó contra su ojo.
YoonGi sostenía su linterna como si fuese el arma más mortal del planeta.
—¿Qué te sucede?—Gimoteó Jimin frotando su ojo con una mano.
—¿Qué le sucede a usted? ¡Váyase de mi casa! ¡No tengo nada, me levanto y sale una polilla!
Jimin lo miró confundido. ¿Otra vez YoonGi había estado comiendo pelusas de abrigos?
—YoonGi soy-
El nombrado le apuntó con su "arma".
—¡No se acerque señor cabeza de algodón de azúcar! ¡Minnie! ¡Minnie ayuda!
Si, definitivamente había estado comiendo pelusas de abrigos.
—¡Basta Yoonie! Soy Jimin—Se apuntó a si mismo.
YoonGi negó—Minnie no tiene el cabello rosa.
Jimin levantó su camiseta dejando ver aquel tatuaje en su costilla.
—¿Lo ves? Solo teñí mi cabe-
No terminó de hablar ya que unos brazos se colgaron de su cuello y unas piernas de su cintura.
—Jiminnie, eres tú, eres tú. Tu cabello luce muy bieeen~
Jimin lo sostuvo del trasero. Y cuando estuvo apunto de hablar, su ojo sano fue cruelmente picado por la linterna de YoonGi.
—¡Agh! ¿Por qué hiciste eso?—Cubrió su ojo con su mano.
—¡Eso fue por asustarme, estúpido!
—¡Ya verás!—Como pudo lo lanzó a la cama—Quizás haya quedado ciego, pero aún me quedan mis manos... y cuerpo.
—¡No, Minnie! No rompas mi-mhppp~
