17.

1.2K 177 22
                                        

Unos golpes se oyeron a lo lejos, pero Jimin no estaba seguro de si era real o solo era la bateria que hacía vibrar a todo el público. Si, estaba soñando con que su canto llenaba un gran estadio en algún país.

A él siempre le había interesado el canto, pero su padre nunca se lo permitió, argumentando que de eso no se podía vivir decentemente, obligandolo a estudiar diseño gráfico en la universidad. Si, Park Jimin eligió estudiar algo que realmente no le interesaba, pero después de un tiempo el dinero que comenzó a ganar le hizo cambiar de opinión.

Tener a un niño, si, niño, tan consentido como YoonGi salía caro.

¿Qué, acaso creían que los niños caprichosos de fanfics eran gratis? Pues no.

Como sea, Jimin siguió cantando mientras las fans gritaban y lloraban por él. Cuando era pequeño siempre fantaseó con la divertida idea de lanzarse al público y ser atrapado, como en los conciertos de rock.

Así que no esperó más y dejó caer su cuerpo en aquella multitud. Pero las manos de las personas dolieron, como un golpe de realidad, como... El piso.

—Joder...—Estaba medio dormido, pero no lo suficiente como para pasar por alto que se había caído de la hija de puta cama.

Puso sus manos en el suelo y se levantó, al voltearse para volver a la cama unos grandes y llorosos ojos lo observaban desde la puerta, que estaba entre abierta.

—M-minnie, ¿Estás bi... Bien?—Preguntó YoonGi de manera tan dulce que convirtió su ceño fruncido en una expresión relajada.

Justo en el umbral, su novio lucía precioso.

Llevaba uno de esos suéteres gigantes que tanto le gustaban, sus cabellos estaban revueltos y su nariz estaba roja, de seguro por haber llorado.

—¿Yo?—Se señaló a si mismo—La verdadera pregunta es si tú lo estás—Le hizo señas para que se acercara a la cama.

YoonGi se balanceó mirando sus pies, en sus manos apretaba su tan, tan amada linterna.

—He tenido sueños feos y yo... Creí que... Tal vez estarías despierto. Lo siento.

Se acercó a la gran cama y se sentó en la punta.

—Y aún si no lo hubiese estado, haces bien en venir a mi—Contestó Jimin sentándose a su lado—...Creí que la linterna te ayudaba.

Sus ojos se posaron en el objeto que YoonGi sostenía hace un rato contra su pecho.

—¡Y lo hace! Es solo... Que aveces, faltas tú—Susurró.

Jimin sonrió encantado por sus palabras. Dios, era tan tierno.

YoonGi aún miraba hacia el suelo cuando se sintió ser rodeado por unos brazos. Se sentía a salvo.

Jimin aspiró el embriagante aroma a loción de YoonGi.

Siempre olía tan bien.

YoonGi sintió su cuerpo ser recostado, aún mientras era abrazado.

—¿Qué haces...?—Se atrevió a preguntar cuando sintió a Jimin cubrirlos a ambos con la manta.

—Uh...¿Cubrirnos?—Preguntó como si fuera lo más obvio del mundo.

—No quiero moles-

—Silencio, YoonGi, dormirás aquí esta noche. ¿Qué clase de novio me crees para dejar a mi bebé dormir solo con todos esos bichos satánicos y esquizofrénicos bajo tu cama?

Jimin quiso reír cuando sintió a YoonGi brincar y aferrarse más a él.

—T-t-tienes razón, dormir aquí será m-mejor.

Y Jimin pensó que quizás, solo quizás, los terrores nocturnos de YoonGi no eran tan malos. 

Fomentarlos un poco no era un pecado, ¿verdad?






Lovely lightsaber. ymDonde viven las historias. Descúbrelo ahora