Un desafortunado incidente a los diez años de edad, fue el mismo que llevó a Louis a conocer a aquel pequeño y extraño niño de ojos verdes que le ayudó a escapar del frondoso bosque en el cual se había perdido, pero aquella fue también la ultima vez...
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《Porque éramos solo niños cuando nos enamoramos, no sabiendo lo que era eso. Esta vez no te dejaré. Cariño solo bésame lento. Tu corazón es todo lo que tengo, y tus ojos estás sosteniendo el mío.
Estoy bailando en la oscuridad contigo entre mis brazos, descalzo sobre la hierba. (...) Tengo fe en lo que veo, ahora sé que he conocido a un ángel en persona.》
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He cometido un error imperdonable.
Es un error, una terrible y deliberado equivocación... y aun así ¿Por qué no lo puedo sentir como algo malo?
Le amo. No pude frenar el sentimiento, la noche nos ha visto entregarnos al otro. fue hermoso, me sentí pura. Él es mi otra mitad, oh, cielos. Estoy tan segura, mis ojos no pueden estar equivocados cuando a través en los suyos puedo ver mi propia alma. Es mi Grá Síoraí.
No puedo apartarme de él, su alma llama a la mía.
Si mi padre se entera de esto le mataría, y junto a su cadáver echaría el mío; la noche pasada, mientras me entregaba a él, me he convertido en una traidora para mi aquelarre, para mi clan.
Nada de eso me importa, es mi Grá Síoraí, los dioses han escrito nuestro amor; bajaría al infierno por él, y sé que haría lo mismo por mí. —Daor.
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El camino se había llevado poco más de quince minutos, los cuales, aunque cargaban la tensión del momento anterior, parecían aligerar la tensa sensación de peligro por cada paso que el grupo daba más cerca del lugar al cual se dirigían. Harry se había desmayado momentos atrás, Louis lo supo por la forma en la que su cabeza se había balanceado un poco hacia atrás y él tuvo que sostenerle mejor para corregir aquello; era eso lo que no le dejaba saborear la poca tranquilidad que la lejanía podía concederles, Harry parecía estar cada vez peor.
—¿Cuánto más? —Preguntó con notoria impaciencia y preocupación.
—Estamos casi en el lugar. —Ed aseguró, con la acalorada sombra rosácea que le coloraba las mejillas subiendo casi hasta sus orejas, debido a la agitación de llevar tantos minutos seguidos correteando.
—Tranquilo, mira allí. —Repentinamente le habló la voz de una de las doncellas a su otro lado. —¿Puedes ver esa marca en el suelo? Es uno de los círculos de sal, hemos llegado.
Louis no comprendía sus palabras referentes al círculo del cual hablaba, pero sin duda, si forzaba su mirada y entrecerraba un poco los ojos podía comenzar a distinguir con mucha dificultad una especie de secuencia blanca manchando el suelo no muy lejos de ellos. El cazador no tenía la sensación de que en ninguna pequeña o remota parte del bosque ellos realmente pudiesen estar seguros, mucho menos ahora conociendo el hecho de que los cazadores no eran la única amenaza latente.