Parte sin título 37

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«¿Qué es esto? ¿Es lo que estoy pensando?» preguntó Regina

«Imagino que sí» dijo Emma, sin esconder su contento

«Ingrid...no...»

«Emma me dijo que te gustó la casa y como no tenía la menor idea de qué regalaros...»

«Es un regalo demasiado caro, ¿no cree? Emma y yo hubiéramos dividió la cuantía entre las dos y...»

«¡Regina, es un regalo para las dos! ¡Y no se puede rechazar un regalo!» dijo Ingrid

«Gracias, mamá. ¡Nos encanta!» dijo Emma

«Me he quedado sin palabras, pero...bueno, ¡gracias Ingrid! ¡Esto sí que es un regalo!» dijo Regina, dándole un abrazo

«Nada me hace más feliz que veros felices...pero ahora, tenemos que aclarar algo, hija. Sentaos, por favor»

«¡Cuánto suspense...! Me estás asustando» murmuró Emma

«No es nada...solo quería aclarar que tú y Regina tienen que casarse con separación total de bienes»

«¿Y eso por qué mamá?»

«Regina...no es nada contra ti, porque digo y repito: mi hija no ha podido encontrar mejor compañera» dijo Ingrid, agarrándole delicadamente la mano «Bueno, en mi testamento existe una clausula que dice que todos mis hijos deberán casarse con separación de bienes, caso contrario, serán desheredados. Tú, Regina, que tienes más experiencia que mi hija, sabes perfectamente que en este mundo de hoy las personas son cada vez más interesadas y esa fue la forma que encontré para, por lo menos, intentar preservar a mis hijos de ese tipo de gente, ¿entiendes?»

«Claro que lo entiendo, Ingrid. No se preocupe, ha hecho lo correcto y es lo que cualquier madre haría por un hijo» dijo Regina

«Gracias por comprender. Espero no te hayas enfadado, mi amor» dijo ella, mirando a Emma.

«Claro que no, mamá...jamás me enfadaría por eso»

«¡Qué bien, querida! Podría cambiarlo, pero mi abogado está de viaje y...»

«Mamá, no te preocupes con eso. ¡Lo importante es concretizar esta unión cuando antes porque ya no aguanto la espera!» dijo Emma en tono divertido.

Los días pasaban y con ellos la cercanía de la fecha tan esperada parecía afectar los nervios de mucha gente, sobre todo de Regina. Su mal humor parecía haberse triplicado, y las discusiones con su futura esposa no eran más frecuentes porque Emma generalmente daba el brazo a torcer.

«¡Pero joder! ¿Será posible que además de mi trabajo, también tengo que hacer el trabajo de los demás?» decía Regina, tirando el móvil encima de la cama

«Si estuvieras trabajando conmigo, nada de esto pasaría» dijo Emma, aunque seguía atenta a su móvil.

«Emma, no me provoques porque hoy sería capaz de matar alguien» dijo Regina «¡Y cuando digo alguien, me refiero a ti!»

«Peor para ti. Te quedarías viuda antes incluso de casarte»

«¿Qué estás haciendo con ese móvil que no lo sueltas?»

«Estaba respondiendo a un mensaje de la comisaria Anita. Ya sabes, desde aquel día no hemos tenido noticias de mi hermano»

«No pierdes el tiempo, ¿eh?»

«¿Ah?»

«¡Después la gente se pregunta por qué la justicia es tan lenta! ¡Claro, en vez de trabajar, la comisaria de la policía federal está chateando por el móvil!»

Una perfecta idiotaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora