Parte sin título 18

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Emma permaneció en el aeropuerto hasta que el avión despegó, ya que aún tenía un filo de esperanza de que algo sucediese y Regina desistiese de aquel viaje, sin embargo su deseo no fue concedido y la poca esperanza que aún le quedaba se esfumó cuando a través de la cristalera vio el avión dejar el suelo y perderse entre las nubes. Contrariada y abatida, volvió a casa.

Pasó una semana y Regina no tenía idea de cuándo regresaría. Las diligencias hechas por los bancos de Nueva York para tratar un posible préstamo dejaban claro que permanecería ausente más tiempo de lo pensado. Emma, por su parte, se mostraba impaciente y ansiosa por su regreso, principalmente porque su cumpleaños sería dentro de tres días y su mayor deseo era celebrarlo al lado de la mujer que amaba.

Pasados los tres días, llegó el cumpleaños y con él la triste noticia de que Regina no estaría presente. De esa forma, Emma rechazó cualquier tipo de celebración. Al final de la tarde, para amenizar su tristeza, Regina que ya la había llamado para desearle feliz cumpleaños, la llamó otra vez para felicitarla de nuevo y estar segura de que su regalo había llegado-

«No ha llegado nada» dijo Emma

«¿Estás segura? Ya debería haber llegado» dijo Regina, al otro lado de la línea

«Pues no llegó»

«Pero llegará...no te enfurruñes»

«Me dijiste que serían unos días»

«Mi amor, no quiero discutir otra vez por eso, principalmente en tu cumpleaños»

«Te echo de menos»

«Yo también, mucho. Ahora tengo que colgar»

«Está bien...»

«Te amo, mi amor y feliz cumpleaños otra vez»

«Gracias. Yo también te amo»

«Ah, ya lo olvidaba...coloqué la dirección de la casa de tu madre»

«¿Y ahora me lo dices, Regina?»

«No recordé antes ese detalle»

«Seguramente ya llegó. Ahora voy para allá»

«Espero que te guste, amor. Te amo»

«Yo también» dicho eso, colgaron la llamada.

En pocos minutos, Emma paró su moto en las proximidades del jardín. Tan ansiosa como una niña chica, buscó entre el correo el nombre de Regina y para su alegría, ahí estaba, esperándola.

«Qué es eso?» preguntó Anna

«¡Me lo ha mandado Regina!» dijo Emma, con un gran entusiasmo

Al abrir la pequeña caja, Emma se deparó con otra caja aún más pequeña, y una tarjeta con algunas palabras escritas.

"No olvides que no necesito verte para amarte

No olvides que cambiaste mi vida para mejor"

Con amor, tu diosa coronada.

Emma perdió la cuenta de las veces que leyó y releyó aquellas palabras, olvidándose completamente de la pequeña caja que ni siquiera había abierto, y solo lo hizo cuando su hermana la sacó del trance con su don de hablar desenfrenadamente.

«¡Ya calma! ¡Ya la abro!» exclamó Emma, ante la insistencia de Anna

«Por el tamaño de la caja estoy segura de que es un anillo» dijo ella

Una perfecta idiotaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora