Parte sin título 40

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Hola, gente. Llegamos al último capítulo de esta trepidante historia. Gracias por haberme acompañado con ella. Y hasta la próxima, que será lo más seguro mañana.

Disfrutad. Este es el capi más largo de todo el fic, así que seguro que os va a gustar.



Los primeros rayos de sol surgieron y Emma ya se encontraba en pie, lista para su consulta con el Dr. Whale. Aunque Regina había insistido en acompañarla, optó por la compañía de la madre, ya que pensaba que cuánto más rápida fuera la recuperación de su esposa, mejor sería para ambas y la tan ansiada luna de miel.

Algunos días transcurrieron y los exámenes realizados por Emma no constataron ninguna amenaza para su salud, todo lo contrario. A Regina, por otro lado, ya le habían quitado los puntos y al igual que Emma, su salud se encontraba en perfectas condiciones.

«¿Por qué no dejáis la mudanza para cuando regreséis del viaje?» sugirió Ingrid

«El viaje es dentro de tres días, mamá. Y Regina y yo queremos aprovechar un poco nuestro hogar» dijo Emma

«¿Vamos, Emma? Marco ya puso las maletas en el coche» dijo Regina

«Antes de salir de viaje, pasaremos por aquí a despedirnos. Hasta luego, mamá»

«Cuídate, mi amor» dijo Ingrid, dándole un beso en la cabeza «Regina, si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarme o venir» añadió, despidiéndose de su nuera con un abrazo

«Gracias, Ingrid»

«Vosotras dos, portaos bien y cuidad de mamá» dijo Emma, mirando a su hermana Anna y a Ariel.

En cuanto llegaron a la casa nueva, Marco, el chofer de Ingrid, sacó las maletas y subió a dejarlas en el cuarto. Nada más marcharse él, Regina se tiró a los brazos de Emma, empujándola para sentarse en el cómodo sofá.

«¿Lista para inaugurar cada esquina de esta casa?» preguntó Emma

«Tenemos tres días para hacer eso» respondió Regina, facilitando el acceso de los húmedos labios a su cuello.

«Podemos compensar parte del tiempo perdido aquí...el resto en el viaje...¿qué te parece?» dijo Emma

«¿Por qué solo piensas en sexo?» preguntó Regina

«¿Qué? ¡No he dicho esa palabra!»

«A buen entendedor, pocos palabras bastan»

«¡Pero yo no he dicho ni media palabra!»

«Lo insinuaste»

«¡Regina, solo puedes estar loca!» dijo Emma, algo irritada por la sonrisita que la morena no hizo mención de esconder.

«No eres la única a la que le gusta provocarme y verme furiosa. A mí también me gusta verte así»

«Sé exactamente lo que estás intentando hacer»

«¿Y qué es lo que estoy intentando hacer?»

«Provocarme para atizar mi lado salvaje que tú tanto amas»

«¡Esta vez te has columpiado! Pero, ¿qué esperar de un cuerpo tan hermoso con un cerebro tan idiota?»

«¡Tus chistes no me afectan en nada! Mucho menos ahora que estamos casadas. Por cierto, bonita forma de decir que estás loca por follar conmigo»

Una perfecta idiotaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora