El cielo de Londres estaba completamente oscuro a pesar de que ya era de mañana. Llovía a cántaros, con esa intensidad que parecía querer inundar la ciudad entera. Usagi se asomó por la ventana de su habitación y frunció el ceño.
—Esto podría arruinar nuestro vuelo... —murmuró preocupada—. No podemos retrasarlo ni un día más. Si ese asesino se nos escapa otra vez...
Se puso una sudadera holgada sobre el pijama y salió del cuarto. En la mesa del comedor estaba Mamoru, completamente concentrado en su laptop. Sus dedos volaban sobre el teclado con rapidez. Tenía el ceño fruncido y una expresión seria que, aunque le costara admitirlo, le hacía lucir increíblemente atractivo. La luz de la pantalla iluminaba su rostro, resaltando sus facciones afiladas y esos ojos grises intensos.
Usagi se quedó unos segundos observándolo desde la distancia. Estaba tan metido en lo suyo que ni siquiera notó su presencia.
Sacudió la cabeza y se dirigió a la cocina. Empezó a preparar el desayuno: huevos revueltos, tocino y café recién hecho. La lluvia no paraba. Si seguía así, el vuelo a España se retrasaría seguro.
Pasaron dos horas. Mamoru seguía en el mismo lugar, tecleando sin descanso. Usagi lo había llamado más de diez veces, pero él parecía estar en otro mundo. La curiosidad de la rubia crecía por momentos. ¿Qué estaría investigando con tanta concentración?
Ya pasaban de las tres de la tarde y la lluvia solo había empeorado. Usagi salió de su habitación y se detuvo en la entrada de la cocina, mirándolo otra vez.
—Qué guapo se ve cuando está concentrado... —pensó, y al instante se arrepintió—. ¿Pero qué estupideces estás diciendo, Usagi Tsukino? Mamoru no está guapo. Es un idiota. Solo un idiota.
—¿Has dicho algo, Cabeza de Chorlito? —preguntó de pronto una voz profunda detrás de ella.
Usagi dio un respingo. Mamoru estaba parado en la entrada de la cocina, con un vaso de agua medio vacío en la mano y una sonrisa burlona en los labios. Se había acercado tan silenciosamente que no lo había oído.
—¡N-no! No dije nada —respondió ella rápidamente, cerrando la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria.
Mamoru soltó una risa baja y grave que hizo que a Usagi se le erizara la piel.
—Claro... como digas —murmuró él, divertido—. Aunque creo que alguien piensa que me veo guapo.
Se dio la vuelta y regresó a la mesa del comedor, todavía riendo por lo bajo.
Usagi entró a su habitación con las mejillas rojas y cerró la puerta.
—Idiota... —susurró, aunque su corazón latía más rápido de lo normal.
Para distraerse, tomó su laptop y realizó una videollamada. La cara sonriente de Ami apareció en la pantalla casi de inmediato.
—¡Hola, Usagi-chan! ¿Cómo va todo por allá?
—Hola, Ami-chan. Todavía estamos en Londres y está lloviendo como si se fuera a acabar el mundo. No sé si podremos volar hoy.
—¡Si sales, cúbrete bien! —intervino Makoto, apareciendo de repente en la pantalla.
—¿Y tú qué haces ahí? —preguntó Usagi confundida.
—Es nuestro día de descanso —respondió Minako, acercándose con una sonrisa radiante—. ¡Hola, Usagi-chan!
—¡Mina-chan! ¡Qué bueno que estás ahí también!
—No solo ella, tonta —dijo Rei, apareciendo con un plato enorme de palomitas—. Apenas íbamos a empezar una película.
—¡En serio! Me muero por estar ahí con ustedes en vez de estar encerrada en esta habitación con el idiota del "Cubito de Hielo".
Ami soltó una risita.
—¿Todavía lo sigues llamando así? Por cierto, hice un nuevo gadget para ti. Te lo enviaré directamente a la casa de España.
Usagi aplaudió emocionada como una niña.
—¡Un nuevo juguete! ¡Muero por usarlo! Gracias, Ami-chan, eres la mejor.
—Cuídate mucho, ¿eh? Y tráenos recuerdos bonitos de España —pidió Minako, acercándose más a la cámara.
—Lo haré. Las quiero, chicas. Disfruten su película.
Después de despedirse, Usagi cerró la laptop y se dejó caer en la cama. Ya pasaban de las seis de la tarde y la lluvia seguía cayendo con fuerza. Se sentía desesperada. Quería avanzar, quería encontrar a Kai Nagano... pero sabía que salir con este temporal podía ser peligroso. Lo último que necesitaba era un accidente antes de cumplir su venganza.
Mientras tanto, en la sala, Mamoru seguía frente a la laptop. Desde que Usagi le había contado cómo murieron sus padres, algo había cambiado dentro de él. Se sentía extrañamente identificado con ella. Él también había perdido a sus padres de forma violenta. Por eso se había pasado todo el día investigando hasta el último detalle de Kai Nagano... pero solo encontraba información superficial: lugar de nacimiento, algunos viejos registros. Nada concreto. Ninguna otra propiedad, ninguna pista sólida.
Ya eran más de las ocho de la noche. Mamoru se levantó, preparó unos sándwiches y un vaso de leche tibia. Sabía que Usagi llevaba horas sin salir de su habitación y, aunque ella estuviera enojada, no le gustaba la idea de que se quedara sin cenar.
Tocó la puerta una vez. Nada.
Tocó dos veces más. Silencio.
Frunció el ceño y giró suavemente el pomo. La puerta no tenía seguro. La abrió con cuidado y se quedó quieto en el umbral.
Usagi estaba profundamente dormida sobre la cama. Llevaba un pijama corto: unos shorts blancos que dejaban al descubierto sus piernas largas y tonificadas, y una blusa rosa ajustada que se había subido un poco, revelando su estómago plano y suave. Su cabello rubio con coletas se había soltado y se extendía sobre la almohada como un halo dorado.
Mamoru tragó saliva.
—Se ve sexy cuando no está discutiendo conmigo... —pensó, sin poder apartar la mirada.
Se quedó unos segundos más de lo que debería, observando la forma tranquila en que respiraba. Luego, con cuidado, dejó la bandeja con el sándwich y la leche en el suelo, cerca de la cama, para que lo viera al despertar. Cerró la puerta en silencio y se dirigió a su propia habitación.
La noche pasó más rápido de lo esperado.
A la mañana siguiente, el cielo estaba completamente despejado. Usagi abrió la ventana y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver un hermoso arcoíris que cruzaba el cielo de Londres. Los colores brillaban con intensidad después de la fuerte tormenta.
Se quedó mirando el arcoíris y recordó el cuento que su padre siempre le contaba antes de dormir. Se sentó en el borde de la cama y cerró los ojos, dejando que las palabras volvieran a su mente:
"Hace mucho tiempo, una niña de pelo castaño y vestido rosa adoraba la lluvia. Cada vez que paraba, salía el sol y con él aparecía un hermoso arcoíris lleno de colores brillantes. Un día, la niña vio el arcoíris más bonito que había visto jamás. Se puso sus botas de lluvia, abrió la puerta y salió corriendo hacia el final del arcoíris..."
Usagi sonrió con nostalgia y susurró la frase que su padre siempre repetía al final del cuento:
—Un héroe lo es en todos los sentidos y maneras... y, ante todo, en el corazón y en el alma.
Esa frase se le había quedado grabada desde niña. Era una de las enseñanzas más importantes que su padre le había dejado, y juró que nunca la olvidaría.
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Mision: Amor
FanfictionUsagi Tsukino, una espía talentosa pero demasiado confiada y distraída, es obligada a formar pareja con Mamoru Chiba, el agente más frío y despiadado de la agencia. Mientras luchan por complementar sus opuestos -la calidez de ella contra el hielo de...
