Hace exactamente tres años que mi vida se rompió en mil pedazos.
Nunca imaginé que el hombre al que llamaba "padre" fuera uno de los monstruos más peligrosos del mundo. Kai Nagano. El nombre que pronunciaba con orgullo de niño ahora me provocaba náuseas.
Todo empezó aquella tarde de otoño en la que las gemelas estaban en su clase de inglés y la casa permanecía en un silencio sepulcral. Mi padre se encontraba en una "reunión de negocios" fuera de la ciudad, como siempre. Yo tenía dieciséis años, la edad suficiente para saber que algo no encajaba, pero aún demasiado joven para imaginar la magnitud del horror que descubriría.
La llave. Esa maldita llave que había encontrado semanas atrás escondida en el doble fondo de su cajón de calcetines. La sostuve entre mis dedos temblorosos mientras me repetía la regla que él mismo nos había impuesto desde niños:
"En esta casa no hay secretos."
Qué ironía tan cruel.
Con el corazón latiéndome en la garganta, abrí el gabinete que siempre permanecía bajo llave. El olor a papel viejo y tinta me golpeó. Saqué carpeta tras carpeta con manos sudorosas. Al principio solo eran documentos financieros: propiedades en Suiza, cuentas en paraísos fiscales, empresas fantasma. Mi padre siempre nos había dicho que vivíamos de la herencia de mi bisabuelo. Mentira. Todo era mentira.
Pero entonces llegué a la carpeta negra.
Dentro había fotografías, informes de asesinatos, listas de nombres tachados con sangre. Y en el centro, una carta escrita con su puño y letra. La letra de mi padre. La leí con los ojos ardiendo.
"Elimine el problema.
Mi esposa descubrió demasiado. Amenazó con entregarme, con llevarse a los niños. No podía permitirlo.
La inyección fue limpia. Pareció un infarto. Nadie sospechará."
Las lágrimas cayeron sobre el papel, emborronando la tinta. Mi madre no había muerto de cáncer. No hubo operación. No hubo despedida. Solo un monstruo que decidió que era más fácil matarla que perder su imperio.
Me doblé sobre mí mismo, ahogando un grito de dolor contra mi brazo. Sentí que me arrancaban el alma. Recordé sus abrazos cálidos, su risa suave cuando nos cantaba antes de dormir, la forma en que me acariciaba el cabello diciendo que me parecía tanto a ella.
Y él... él la había borrado como si fuera un estorbo.
En ese momento juré ante la última voluntad de mi madre, ante su memoria, que lo destruiría. No solo lo entregaría. Lo mataría con mis propias manos.
Salí de la casa tambaleándome, con el mundo girando a mi alrededor. Las calles de Barcelona se me hicieron desconocidas. ¿Cómo iba a mirar a la cara a mis hermanas pequeñas sabiendo que dormían bajo el mismo techo que el asesino de su madre? ¿Cómo fingir normalidad?
No podía ir a la policía. ¿Quién creería que el mafioso más buscado del mundo, un fantasma sin rostro, era mi padre? Yo, un chico de dieciséis años idéntico a su madre muerta. Me habrían tratado de loco.
Esa noche decidí mi camino.
Al día siguiente, después de dejar a las gemelas sanas y salvas en casa, fui al parque cercano y pasé horas investigando en mi teléfono. Encontré una agencia internacional especializada en capturar a los criminales más peligrosos del planeta. Tenían sede en Barcelona. Era mi única oportunidad.
Al día siguiente entré allí con el corazón en un puño. Conté toda la verdad. Mostré las pruebas que había fotografiado. Al principio me miraron con desconfianza, pero cuando les entregué copias de los documentos... todo cambió.
Me entrenaron como a un perro rabioso. Sudé sangre. Lloré de dolor y rabia en cada sesión. Vi morir compañeros en misiones reales. Fingí ante mis hermanas que eran "viajes de estudios". Cada noche, cuando volvía exhausto, miraba la foto de mi madre y repetía el mismo juramento:
—Te vengaré, mamá. Aunque me cueste la vida.
Tres años después, me había convertido en un arma letal. Tenía mi placa. Tenía habilidades que ni yo mismo sabía que poseía. Y tenía un objetivo claro: Kai Nagano.
Entonces llegó la noticia.
Karin, mi mejor amiga y compañera en la agencia, me contó en voz baja durante una guardia nocturna:
—Vienen refuerzos de Japón. Dos agentes de élite. Dicen que tienen información fresca sobre tu padre.
Sonreí por fuera. Por dentro, la rabia y la adrenalina se mezclaron.
Perfecto.
Sabía exactamente lo que planeaban. La chica japonesa, sobre todo. Pensaba que podría manipularme. Qué ingenua.
El primer día de clases (sí, tuve que volver al instituto como tapadera), ella se acercó. Demasiado pronto. Demasiado obvia. Intercambiamos palabras en el aula, y en el recreo ya estaba intentando ganarse mi confianza con esa sonrisa calculada.
No sintió nada cuando la miré a los ojos y le devolví la sonrisa más encantadora que pude fingir.
Porque yo ya no era Ren, el chico de dieciséis años que lloró en un gabinete oscuro.
Era el hijo del diablo.
Y jugaría mejor que nadie.
Ahora que ella sabe la verdad... seré yo quien le quite el premio mayor. Seré yo quien humille al equipo japonés. Y sobre todo...
Seré yo quien mate a Kai Nagano.
Mi vida cambió el día que abrí ese gabinete.
Ya no quiero solo justicia.
Quiero venganza. Sangrienta. Personal. Y nadie, ni los japoneses, ni la agencia, ni el mismísimo infierno, me la va a quitar.
ESTÁS LEYENDO
Mision: Amor
FanfictionUsagi Tsukino, una espía talentosa pero demasiado confiada y distraída, es obligada a formar pareja con Mamoru Chiba, el agente más frío y despiadado de la agencia. Mientras luchan por complementar sus opuestos -la calidez de ella contra el hielo de...
