capitulo 11 💜

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Una semana después de la boda, todo había vuelto a la normalidad...
Al entrar a la casa, Mamoru la esperaba con los brazos cruzados y esa expresión seria que Usagi ya conocía tan bien. La puerta se cerró tras ella con un clic suave.
—¿Qué parte de "mantente alejada del peligro" no entendiste, cabeza de chorlito? —dijo él, aunque su voz sonaba más preocupada que enfadada.
Usagi se quitó los zapatos y se acercó lentamente. Sin decir nada, apoyó la frente contra su pecho. Mamoru suspiró y la rodeó con sus brazos, estrechándola con cuidado, como si temiera que pudiera romperse.
—Era la oportunidad perfecta —susurró ella—. Me invitó a un tour y acepté. Fue solo un beso en la mejilla de despedida. Nada más.
Mamoru le acarició suavemente la espalda con una mano.
—Ittoki llamó. Kai regresó antes de lo previsto y no viene solo. Tienes que ser más cuidadosa, Usagi. No soporto la idea de perderte.
Ella cerró los ojos y se dejó abrazar un poco más. En momentos como ese, el mundo entero desaparecía.
Esa noche, después de que Mamoru se durmiera, Usagi activó el protocolo "Luna Silenciosa". Realizó la infiltración en la mansión Nagano con la ayuda de Ami-chan, colocó los micrófonos y copió los archivos sin incidentes. Regresó antes del amanecer.
Al día siguiente, Ren la esperaba en la entrada de la universidad con dos cafés y esa sonrisa cálida que siempre la desarmaba un poco.
—Pensé que después del tour de ayer te habrías asustado —dijo él.
—Al contrario... me gustó mucho estar contigo —respondió Usagi con una sonrisa tímida.
Pasaron la mañana juntos. Ren se abrió más, hablando de lo atrapado que se sentía en su familia. Usagi escuchaba con atención, sintiendo una mezcla de empatía y culpa. Cuando él tomó su mano mientras caminaban por el parque, ella no la apartó.
Por la tarde, al llegar a casa, Mamoru la recibió con una taza de té caliente. Se sentaron juntos en el sofá. Él le apartó un mechón de cabello del rostro con ternura.
—Escuché las grabaciones —murmuró—. Sé que Ren está interesado en ti... y aunque entiendo que es parte del plan, no voy a mentirte: me cuesta mucho verte cerca de él.
Usagi apoyó la cabeza en su hombro.
—Mamoru... tú sabes que mi corazón no está con él, ¿verdad?
Él tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
—Lo sé. Pero igual me preocupa. Eres demasiado importante para mí. —Le besó suavemente la coronilla y añadió en voz baja—: Eres mi luz en todo este caos, Usagi. No lo olvides nunca.
Se quedaron así un largo rato, en silencio, solo abrazados. Sin prisas. Solo la tranquila certeza de que se tenían el uno al otro.

Tres días después

La noche era perfecta. El yate se mecía suavemente sobre las aguas oscuras del puerto, iluminado por luces cálidas que se reflejaban como estrellas en el mar. Una suave melodía de jazz sonaba de fondo mientras el viento traía el olor a sal y libertad.
Ren la había recibido con una sonrisa que iluminaba toda su rostro. Llevaba una camisa negra elegante, ligeramente desabotonada, y el cabello rubio-rojizo revuelto por la brisa. Usagi, con su vestido rojo que caía con gracia hasta sus tobillos, se sentía hermosa y nerviosa al mismo tiempo.
Caminaron por la cubierta, hablando de todo y de nada. Ren le contó anécdotas de su infancia en España, de cómo extrañaba las noches cálidas de Valencia y las tardes leyendo en la playa. Usagi, a su vez, compartió recuerdos falsos pero creíbles de su vida en Japón, aunque en algunos momentos se permitió ser un poco más sincera de lo que debía.
Después de la cena —un delicioso menú de mariscos frescos, vino blanco y postre de chocolate— Ren extendió su mano.
—¿Bailas conmigo?
Usagi aceptó. Se movieron lentamente sobre la cubierta, rodeados solo por el sonido del agua contra el casco y la música suave. Ren la sostenía con delicadeza, una mano en su cintura y la otra entrelazada con la de ella.
—Usagi... sé que apenas nos conocemos —murmuró cerca de su oído—, pero cuando estoy contigo siento que todo lo demás desaparece. Olvido el peso de mi apellido, las expectativas, el futuro que mi padre ha planeado para mí. Contigo... solo soy Ren.
Ella levantó la mirada y se encontró con sus ojos bicolores, llenos de una sinceridad que la conmovió. Ren se inclinó despacio y la besó. Fue un beso suave, lento y lleno de sentimiento. No fue agresivo ni demandante; fue como si estuviera entregándole una parte de sí mismo. Usagi respondió, aunque su corazón latía con una mezcla de culpa y confusión.
En su oído, la voz calmada y serena de Mamoru sonó como un ancla:
—Estoy aquí, Usagi. Respira. Recuerda que al final del día vuelves a casa... conmigo.
El beso se alargó unos segundos más. Cuando se separaron, Ren apoyó su frente contra la de ella, sonriendo con ternura.
—No sé qué me estás haciendo, pero no quiero que pare —susurró.
Pasaron un rato más en la cubierta, sentados uno al lado del otro, mirando las luces de la ciudad. Ren le habló de sus sueños: quería viajar, estudiar arte, vivir una vida normal lejos de los negocios de su familia. Usagi lo escuchaba en silencio, sintiendo cómo cada palabra complicaba un poco más su misión.
Cuando el yate regresó al muelle, Ren la acompañó hasta el coche que la esperaba.
—Gracias por esta noche —dijo él, besando suavemente el dorso de su mano—. Espero que haya muchas más.
Usagi sonrió y se despidió con un gesto.
Cuando llegó a casa, Mamoru la esperaba en la sala con una manta suave y una taza de chocolate caliente. En cuanto cruzó la puerta, él se levantó y la abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cabello.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja, sin exigir detalles.
—Sí... estoy bien —susurró ella, abrazándolo más fuerte.
Mamoru no preguntó por el beso. Solo la sostuvo contra su pecho durante varios minutos, acariciándole la espalda con movimientos lentos y tranquilizadores.
—Ven —dijo finalmente, tomándola de la mano—. Vamos a descansar. Mañana seguimos con todo esto.
Se acostaron juntos. Mamoru la rodeó con sus brazos desde atrás, protegiéndola incluso mientras dormía. Usagi cerró los ojos, sintiendo el calor de su cuerpo y el latido constante de su corazón.
—Te quiero, Mamoru... —susurró antes de quedarse dormida.
—Y yo a ti —respondió él en voz muy baja, besando su cabello—. Más de lo que imaginas.

Mision: AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora