Un nuevo día amanecía bajo un cielo teñido de dorado y cobre. Las hojas secas caían danzando con el viento otoñal, mientras los pájaros madrugaban para alimentar a sus crías. El otoño había llegado, trayendo consigo el aroma de tierra húmeda y un cambio profundo en mi vida. Una nueva etapa que, quisiera admitirlo o no, compartiría con alguien que era casi mi polo opuesto.
Éramos muy diferentes... pero Ittoki sabía exactamente por qué nos había emparejado.
Caminé con paso decidido hacia la agencia. Aunque estaba cerca de mi apartamento, las calles del centro antiguo parecían un laberinto diseñado para despistar. Tras varias vueltas, llegué al callejón discreto que buscaba. Miré a ambos lados, activando mi instinto de campo: escaneo visual rápido, ángulos muertos, posibles cámaras o testigos. Todo limpio.
Levanté con cuidado la tapa de la alcantarilla, bajé por la escalera metálica y descendí unos treinta metros. Luego tomé el elevador de seguridad que me llevó otros treinta metros más abajo. Al salir por la segunda alcantarilla, ya me encontraba dentro del perímetro blindado de la agencia.
Frente a la entrada principal, sonreí con ironía al ver al guardia de seguridad uniformado. Era casi gracioso: una de las agencias de inteligencia más letales del país, protegida por un simple vigilante. "Camuflaje perfecto", pensé.
Empujé la puerta de cristal blindado y entré. Rei-chan estaba en el vestíbulo, hablando con otro agente. La saludé con un gesto rápido y me dirigí al elevador sin perder tiempo.
Al llegar al piso de operaciones, toqué suavemente antes de entrar.
—Hola, Ittoki-kun.
—Buenos días, Usagi-chan —respondió con esa sonrisa cálida y confiada que nunca faltaba—. Me enteré de que hubo pijamada de chicas ayer.
—Sí, hacía mucho que no nos veíamos. Necesitábamos una noche solo entre nosotras —contesté, devolviéndole la sonrisa.
—Perfecto. Solo esperaremos a Mamoru-san para asignarles la misión —dijo, señalando las sillas frente a su escritorio—. ¿De acuerdo?
—Perfecto.
Minutos después, Mamoru entró con ojeras pronunciadas y expresión sombría.
—Mamoru-san —comentó Ittoki, arqueando una ceja—, parece que las pesadillas han regresado, ¿verdad?
—Eso parece —gruñó el chico de cabello negro, claramente irritado.
—Bien, basta de charla —Ittoki se puso serio al instante—. Como ya les había mencionado, a partir de hoy trabajarán juntos. Saben cómo funciona esto: al ingresar a la agencia cada agente decide si opera solo o en pareja. Sin embargo, por ciertas infracciones... el castigo suele ser precisamente este.
Tanto Mamoru como yo asentimos en silencio.
—La misión es localizar y eliminar a Kai Nagano —continuó Ittoki sin rodeos.
En cuanto escuché ese nombre, me levanté de golpe. Una mezcla explosiva de rabia, odio y recuerdos dolorosos me recorrió el cuerpo.
—¿Kai Nagano? —susurré entre dientes, las manos cerradas en puños—. ¿Dónde está?
—En Londres, Inglaterra. El avión privado ya está preparado. Aquí tienen todos los archivos: perfiles, contactos, rutas conocidas y patrones de movimiento. Quiero a ese hombre muerto, no vivo. ¿Entendido?
Ambos asentimos con firmeza.
—Si al llegar descubren que ya se movió, deberán rastrearlo. El avión permanecerá a su disposición las 24 horas. Pueden usar cualquier método necesario: vigilancia electrónica, infiltración, seguimiento físico... lo que sea.
—Sí, señor —respondimos al unísono.
Ya fuera de la oficina, la tensión entre nosotros crepitaba en el aire.
—Espero que no lo eches a perder, cubito de hielo —le espeté, mirándolo con desafío.
Mamoru soltó una risa baja y sarcástica, acercándose un paso más de lo necesario. Su presencia era imponente, y por un segundo su aroma fresco y masculino me distrajo.
—¿Echarlo a perder yo? —sus ojos oscuros se clavaron en los míos—. Debería ser yo quien lo diga. Eres tan bondadosa que dudo que puedas siquiera sacar el arma cuando lo tengas enfrente.
—Es un caso especial —repliqué, levantando la barbilla—. Con él no tendré ninguna piedad.
Me di la vuelta para marcharme, pero su mano me sujetó suavemente por la muñeca. El contacto fue breve, pero suficiente para que un escalofrío me recorriera la piel.
—No te pongas sentimental, Tsukino. Esta vez no puedes permitirte errores... ni yo tampoco.
Su voz baja y grave sonó demasiado cerca de mi oído. Me soltó y se alejó sin decir más, dejándome con el corazón latiendo más rápido de lo que quería admitir.
Llegamos al aeropuerto privado. Subí al avión casi corriendo, ansiosa por llegar. Mamoru, como era de esperarse, se sentó lo más lejos posible de mí, al fondo de la cabina. Durante todo el vuelo no dejé de moverme. Las horas se me hacían eternas; cada minuto era una tortura mientras imaginaba tener a Kai Nagano en la mira.
Cuando por fin aterrizamos en Londres, la noche ya había caído.
—Al fin llegamos —exclamé bajando las escaleras del jet—. ¿Podemos empezar esta misma noche?
Mamoru tomó su maleta con expresión cansada pero alerta.
—No. Ya lo dijiste tú: es de noche. Mañana nos movemos. Necesitamos reconocimiento previo del terreno, mapas actualizados y un plan sólido. No improvisamos con este objetivo.
—Perfecto —respondí, guiñándole un ojo con una sonrisa coqueta que no pude contener—. Entonces conozco un hotel de lujo aquí cerca. Cinco estrellas. Muy discreto... y con habitaciones amplias.
Mamoru se sonrojó ligeramente. Intentó disimularlo mirando hacia otro lado, pero noté cómo su mandíbula se tensó.
Media hora después llegamos al imponente hotel. En la recepción nos atendió una rubia alta y excesivamente maquillada que no disimuló su interés en Mamoru. Sentí una punzada aguda de celos que me molestó profundamente.
—Buenas noches —dijo la mujer con voz melosa, mirando solo a él—. ¿Qué tipo de habitación desean?
—Una suite en el quinto piso, por favor —intervine yo antes de que él respondiera—. Soy Usagi Tsukino. Quiero hablar con Andrew Jebo.
—El señor Jebo no atiende personalmente a los huéspedes, señora —respondió con arrogancia.
Saqué mi teléfono y envié un mensaje rápido. Minutos después, Andrew apareció.
Alto, rubio, ojos azules penetrantes y un traje negro impecable con la camisa blanca ligeramente abierta. Seguía siendo peligrosamente guapo.
—Hola, Andrew —lo saludé, abrazándolo con cariño.
—Hola, mariposa silvestre —respondió él, estrechándome con calidez—. Hacía mucho que no te veía.
—Mariposa silvestre... desde que terminamos que no me llamabas así.
—Terminar contigo fue lo peor error que cometí —dijo con voz baja y sincera.
Mamoru carraspeó fuerte detrás de nosotros, claramente incómodo.
—Ah, déjame presentarte. Él es Mamoru Chiba, mi actual compañero de equipo. Mamoru, él es Andrew Jebo.
Los dos hombres se saludaron con un breve y tenso asentimiento, midiéndose en silencio.
—¿A qué has venido esta vez? —preguntó Andrew mientras nos guiaba hacia la suite.
—Trabajo —respondí—. Encontraron a Kai Nagano.
Mamoru me lanzó una mirada asesina, pero no dijo nada frente a Andrew.
—Espero que lo eliminen —dijo Andrew con seriedad—. Sabes que siempre te apoyaré, Usagi. Pase lo que pase.
—Lo sé. Gracias.
La suite era amplia y elegante, con dos habitaciones separadas y una sala de estar en medio. Después de acomodar mis cosas y revisar rápidamente el lugar en busca de micrófonos (técnica básica de contravigilancia), salí a la sala.
Encontré a Mamoru de pie junto a la ventana, mirando la ciudad iluminada con los brazos cruzados. La luz tenue de las lámparas acentuaba sus facciones duras y atractivas.
—¿En qué piensas? —pregunté, acercándome hasta quedar a solo unos pasos de él.
—En el objetivo... y en ti —admitió, girándose para mirarme directamente a los ojos. Su mirada era intensa, casi hipnótica—. ¿Por qué tu ex novio sabe quién eres realmente? Sabes que está estrictamente prohibido revelar nuestra identidad.
—Lo sé —contesté con seriedad, sosteniéndole la mirada—. Pero como espías, a veces necesitamos confiar en alguien. Alguien que nos cubra las espaldas cuando todo se pone oscuro. ¿Nunca has sentido eso, Mamoru?
Dio un paso más cerca. El espacio entre nosotros se volvió eléctrico.
—Confiar es un lujo peligroso en nuestro mundo, Usagi —murmuró, su voz baja y ronca—. Especialmente cuando esa persona te mira como si aún quisiera recuperarte.
El corazón me latió con fuerza. Por un segundo, ninguno de los dos se movió. Sus ojos bajaron un instante a mis labios antes de volver a los míos.
—Descansa —dijo finalmente, rompiendo el momento con esfuerzo—. Mañana empezamos temprano. Quiero un reconocimiento completo del área: drones discretos, análisis de cámaras de tráfico, y perfiles de los contactos locales de Nagano. Nada de improvisaciones.
Asentí, sintiendo aún el calor de su cercanía.
—Mañana será un día largo —susurré antes de dirigirme a mi habitación.
Cerré la puerta, pero no pude evitar sonreír en la oscuridad.
Esta misión iba a ser mucho más complicada de lo que esperaba... y no solo por Kai Nagano.
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Mision: Amor
Fiksi PenggemarUsagi Tsukino, una espía talentosa pero demasiado confiada y distraída, es obligada a formar pareja con Mamoru Chiba, el agente más frío y despiadado de la agencia. Mientras luchan por complementar sus opuestos -la calidez de ella contra el hielo de...
