capitulo 13 💜

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Nadie podía creer que Minako ya no estaba entre ellos. La forma en que murió fue espantosa, cruel y completamente injusta.
Después de la tensa reunión en la oficina de Ittoki, el grupo se trasladó a la casa de Ami. El ambiente era pesado. Nadie tenía ganas de hablar, pero el silencio era aún peor. Se suponía que aún no era el velorio; esperaban a que Ittoki terminara de hablar con los padres de Minako y les revelara la doble vida de su hija. Esa conversación sería una de las más difíciles que tendría que enfrentar.
El cielo de Tokio estaba completamente nublado y el olor a lluvia impregnaba el aire. Las chicas se mantenían ocupadas en la cocina preparando café, té y varias bandejas de galletas, aunque casi nadie comería. Era solo una excusa para no quedarse quietas.
Rei cortaba masa con movimientos mecánicos, pero su mente estaba muy lejos.
—No puedo dejar de imaginarlo... —murmuró de pronto, con la voz temblorosa—. Minako sola, rodeada de fuego... ¿Cuánto tiempo habrá sufrido antes de...?
—Rei, por favor —susurró Ami, colocando una mano sobre su hombro—. No te hagas eso.
—Pero es que es tan injusto —continuó Rei, dejando el cuchillo con fuerza—. Ella siempre fue la más brillante de todas. La que nos animaba cuando estábamos bajas de ánimo, la que hacía bromas en medio de las misiones más peligrosas. ¿Cómo es posible que Kai le haya hecho eso?
Hotaru, sentada en una esquina con las rodillas pegadas al pecho, habló suavemente:
—Minako era fuerte... pero nadie puede escapar de una trampa bien preparada. Ittoki dijo que fue una emboscada desde el principio.
Setsuna, que preparaba el café con movimientos precisos, intervino:
—Kai Nagano no solo quería matarla. Quería humillarla. Quería que supiéramos que podía llegar a cualquiera de nosotras.
Michiru, apoyada contra la pared con los brazos cruzados, apretó la mandíbula.
—Si Ittoki no nos da permiso para ir tras él, lo haré por mi cuenta. No me importa si me expulsan de la agencia.
Haruka colocó una mano en su espalda.
—Tranquila. Todas queremos lo mismo. Pero debemos ser inteligentes. Kai ya demostró que está varios pasos adelante.
En ese momento, Rei se llevó una mano a la boca, reviviendo el flashback que no la dejaba en paz:
Era una noche hermosa en Londres. Minako acababa de dar uno de sus mejores conciertos. El público cantaba, bailaba y gritaba su nombre. Ella brillaba en el escenario. Después, mientras recogía sus cosas en el camerino, recibió la llamada.
—Ittoki-kun, ¿qué sucede? —preguntó con voz baja y juguetona.
—Encontramos uno de los escondites de Kai Nagano en Londres. Necesito que vayas a echar un vistazo, por favor.
—Claro, iré ahora mismo.
Minako llegó a la casa de seguridad, saltó la barda y entró por una ventana. Revisó cada habitación con cuidado hasta encontrar una puerta cerrada. Tras tres patadas logró derribarla. Dentro solo había un buró con documentos importantes.
—No... Esto es una trampa —susurró.
El olor a humo llegó demasiado tarde. Las llamas subieron con rapidez. No había escapatoria. Minako se sentó en el suelo, aceptando su destino, y murmuró con una sonrisa triste:
«Nada es verdad. Todo está permitido.»
El fuego lo consumió todo.
—¡Noooooooo! —gritó Rei en la cocina, regresando al presente con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué pasa? —preguntó Setsuna con calma.
—En todo este tiempo solo hemos pensado en nosotras... —dijo Rei entre sollozos—. Ittoki está cargando esto completamente solo. Minako era su primer y único amor. Llevaban siete años juntos en secreto. Nadie pensó en cómo se siente él. Debe estar destrozado, con el corazón hecho pedazos... y aun así nos dio la noticia con la mayor entereza posible.
—Es verdad —añadió Mamoru con voz grave—. Ellos se amaban de verdad. Ittoki me confesó hace unos meses que pensaba pedirle matrimonio después de esta misión. Decía que Minako era su tesoro más preciado, que quería que dejara las misiones y se dedicara a cantar y a formar una familia. Ella siempre le respondía que lo haría cuando se convirtiera en "hada" y pudiera retirarse con honor.
Makoto se limpió una lágrima.
—Eran la pareja más estable que teníamos. Parecían invencibles.
Usagi, que había permanecido callada hasta ese momento, habló con la voz ronca:
—Minako siempre decía que Ittoki era su ancla. Que por más oscuro que se pusiera el mundo, volver a sus brazos lo hacía todo más llevadero.
El silencio volvió a caer sobre la casa, solo interrumpido por el sonido de la lluvia que finalmente empezó a caer.

Dos semanas después
Todo había "vuelto a la normalidad", entre comillas. Cada una regresó a sus misiones. Usagi y Mamoru volvieron a España. Hotaru, con un año completo de vacaciones, decidió acompañarlos. La pequeña espía parecía decidida a llenar la mansión de caos y risas forzadas.
A Usagi aún le dolía el pecho cada vez que veía las noticias: los fans de Minako Aino exigían respuestas. Ittoki había hablado con el staff completo —maquillistas, coreógrafos, bailarines— y todos lloraron la pérdida. Querían un gran homenaje público, pero Ittoki lo rechazó. Aún no era el momento.
Mamoru le había dado una semana de descanso. Las ojeras marcaban su rostro, pero el verdadero dolor estaba dentro. Hotaru, por su parte, parecía tener un solo objetivo: hacer de casamentera.
POV Hotaru
Decidí venir a España con un plan muy claro. Mientras Usagi se acerca al hijo de Kai Nagano por la misión, yo me encargaré de empujar a estas dos personas que claramente se quieren pero son demasiado tercas.
Mis travesuras apenas están comenzando.
—¡Hotaruuuuuuuuuu! —gritó Mamoru desde su habitación—. ¿Qué demonios le hiciste a mi crema de afeitar? ¡Está rosa!
Salí corriendo y me encerré en el cuarto de Usagi, cerrando con seguro.
—Usagi, por nada del mundo abras esta puerta —advertí, riendo.
La rubia levantó la vista de su libro de romance y sonrió con cansancio.
—¿Qué fue lo que hiciste esta vez? Es la quinta vez que enfadas a Mamoru-kun y apenas son las 11:00 a.m.
—Solo le di un toque de color —respondí con inocencia fingida.
—¡Hotaru! —volvió a gritar Mamoru, golpeando la puerta—. No creas que porque eres la más joven y tienes diecisiete años te voy a seguir tolerando todo. Algún día vas a salir de ahí... y verás lo que le hice a tu cuarto.
Usagi guardó el libro, se levantó y abrió ligeramente la puerta, mirando al pelinegro con diversión.
—Creo que la llegada de Hotaru nos traerá mucha diversión en medio de tanto dolor —murmuró para sí misma, sonriendo con ternura mientras veía a la pequeña traviesa salir corriendo por el pasillo, seguida por un Mamoru bastante enfadado.
Por primera vez en semanas, la mansión se llenó de algo distinto al silencio: risas, gritos y vida.
Y aunque el dolor por Minako seguía ahí, por un momento se sintió un poco más llevadero.

Mision: AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora