Llegué a casa completamente agotada. Hotaru no estaba; le había pedido que hiciera algunas compras para mí. Tenía una sorpresa preparada para Ren. Solo necesitaba dos meses, o menos, para reunir las pruebas suficientes y arrestar de una vez por todas a Kai Nagano.
No me gustaba engañar a Ren. Me sentía sucia. Era la primera vez que me sentía así. Ni siquiera cuando estuve con Arata. No quería hacerle sufrir. No era amor lo que sentía por él, tal vez solo cariño. Él había estado a mi lado en el momento más difícil de mi vida, cuando Minako murió. Durante estos últimos dos meses, no se había separado de mí ni un solo día.
Y luego estaba Mamoru... ¿Qué podía decir del idiota de Mamoru? Desde aquel maldito beso —que él inició, no yo— todo había cambiado. Desde entonces no había vuelto a hablar del tema. Cada vez que yo intentaba sacarlo, solo recibía regaños. Además, seguía atormentándome la misma pesadilla desde que regresé de Japón: Mamoru tirado en el suelo, casi muerto, y yo vestida de novia. Solo de pensarlo se me erizaba la piel. Le había contado a Mamoru sobre el sueño, pero él solo respondía: «Es solo una pesadilla, nada de eso va a pasar». Y cuando le insistía, siempre terminaba diciéndome: «Además, dime... ¿quién se va a casar contigo?». Cada vez que lo decía, terminaba gritándole y marchándome furiosa.
Ya eran las 6:30 p. m. Tenía que arreglarme porque Ren llegaría a las 8:00 en punto. Saqué un vestido rojo corto, tacones del mismo color, adornos para el cabello y un bolso plateado que Ren me había regalado después de su último viaje. Me bañé, me cambié rápidamente y, cuando me di cuenta, ya eran las 7:30.
Bajé las escaleras corriendo para hablar con Hotaru. Ahí estaba, devorando su carne roja favorita, como siempre.
—Deja de comer tanta carne, te vas a poner gorda —le dije quitándole el plato.
—Déjame en paz, Usagi —gruñó, pero al verme cambió completamente de expresión—. ¡Pero qué guapa, bebé! Ese vestido rojo te queda increíble. El encaje deja mucho a la imaginación y está muy ajustado... Después de ver a Ren, pasa por la oficina de Mamo-chan y verás cómo se le quita lo gruñón.
Me puse roja como un tomate.
—Cállate, Hotaru. ¿El encargo está listo?
—Todo preparado. Solo falta que lleguen.
—Gracias —le sonreí.
Minutos después sonó un claxon. Era Ren. Me acomodé el vestido, me peiné el cabello con los dedos, me miré por última vez en el espejo y salí por la puerta principal.
Ren se veía guapísimo. Ya no llevaba esos mechones rojos en el cabello; ahora lo tenía completamente castaño. Me gustaba su nuevo look. Al verme, corrió hacia mí. No me gustaba la forma en que me miraba... me hacía sentir como la peor persona del mundo. Solo tenía que aguantar dos meses más para poder decirle la verdad y pedirle perdón.
—¿Y? ¿Adónde vamos? —preguntó como niño emocionado.
—Llévame al parque de diversiones.
—¿Al nuevo o al otro?
—Al nuevo.
—¿Estás segura? Yo pensaba llevarte a cenar después... —No terminó de hablar porque lo interrumpí.
—Después hacemos lo que quieras. Por cierto, ¿tu padre dónde está?
—Salió a Barcelona a ver a las peques.
—Así que está en Barcelona... —murmuré. Eso era bueno. Mamoru podría entrar a la casa sin problemas.
Tomé mi celular y le envié un mensaje rápido a mi "hermano mayor":
Usagi:
Mamoru, la casa está sola.
El auto avanzó hasta que llegamos al parque de diversiones, completamente iluminado pero vacío. Esa era parte de la sorpresa: estaríamos solos. Cómo me gustaría estar aquí contigo, Mamoru... pensé con tristeza. Ren tomó mi mano y caminamos juntos hasta una mesa elegantemente preparada: velas blancas, dos charolas tapadas, una vela roja en el centro y un hermoso arreglo de rosas blancas.
Cenamos tranquilos. Hablamos de cosas cotidianas, sobre todo de sus dos pequeñas hermanas que estudiaban en Barcelona. Eso era lo único que me consolaba: no tendría que lastimar a dos niñas inocentes. Esto era una misión, no unas vacaciones.
Después de cenar, lo llevé al otro lado del parque. Nos subimos a la rueda de la fortuna, específicamente a la cabina roja. Cuando llegamos a la cima y se detuvo, le pedí que mirara hacia abajo. Su expresión de alegría al ver el enorme corazón hecho de flores con las palabras "Te quiero, Ren" en el centro valió la pena.
Sí... lo quería. Pero no lo amaba. Y jamás lo haría. Mi corazón ya pertenecía a ese cubo de hielo que amaba con toda el alma. Quería terminar la misión... pero no quería separarme de Mamoru. Sabía que era egoísta, pero deseaba poder detener el tiempo cuando por fin atrapáramos a Kai, para poder verlo todos los días de mi vida.
Al sentir que Ren tomaba mi mano, reaccioné. Lo miré fijamente y, una vez más, le pedí perdón en silencio por traicionarlo.
Salimos del parque. Ren estaba raro desde que recibió un mensaje. Llevaba varios días comportándose de forma extraña, como si ocultara algo. Me dejó en casa y se marchó sin darme ni un beso, algo muy raro en él. Confundida, revisé mi celular y vi dos llamadas perdidas y un mensaje de Mamoru.
Mamoru Chiba:
Perfecto. Ya salgo a buscar las últimas pruebas. Cuando las tenga, te llamo.
Lo llamé de inmediato. Contestó al tercer tono.
—¿Dónde diablos estás? —me gritó.
—Primero, no me grites. Segundo, estaba con Ren.
—Ya tengo las pruebas. Mañana será el gran día. Pero antes necesito decirte algo. Estoy en la oficina, ven por favor.
—Ya salgo.
Colgué, molesta por su tono. Subí a cambiarme: jeans, blusa morada y zapatos deportivos. Salí de la mansión furiosa. Lo primero que haría sería reclamarle por haberme gritado.
Llegué a la empresa. Ya no había nadie, era muy tarde. Toqué dos veces y, al no obtener respuesta, entré. La oficina estaba oscura, solo iluminada por una pequeña vela. Miré hacia los lados y ahí estaba él, parado en una esquina. Los dos primeros botones de su camisa estaban desabrochados. Se veía tan guapo que por un momento olvidé mi enojo.
Me acerqué al interruptor para encender la luz, pero su voz melodiosa me detuvo:
—No la prendas, Usagi.
—¿Qué rayos te pasa, Mamoru Chiba? —le reclamé—. Primero me gritas y ahora...
—Perdón por gritarte —dijo acercándose lentamente.
—¿Qué es lo que me querías decir? ¿Y por qué tienes la luz apagada?
Mamoru suspiró profundamente.
—Necesito hacerte una pregunta que llevo guardando desde hace mucho tiempo... pero no sabía cómo decirte lo que siento por ti.
Tragué saliva. ¿Se estaba declarando?
—¿Qué es lo que me quieres decir, Mamoru?
Él dio un paso más. Su mirada era intensa, vulnerable.
—Que me enamoré de ti, Usagi. Estoy loco por estar contigo, pero siempre me mantuve alejado por Ren. Teníamos que actuar como hermanos. Ya no puedo más. Quiero estar contigo siempre, hasta que la muerte nos separe. Te quiero tanto que quiero gritarlo al cielo. Te amo tanto que se lo gritaría al viento para que se lo lleve lejos... aunque sé que ya lo sabes. Ya no aguanto más, Usagi. Te quiero conmigo.
No sabía qué decir. Mi corazón latía descontrolado. No sabía si era un juego más de él... o si realmente lo sentía.
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Mision: Amor
Fiksyen PeminatUsagi Tsukino, una espía talentosa pero demasiado confiada y distraída, es obligada a formar pareja con Mamoru Chiba, el agente más frío y despiadado de la agencia. Mientras luchan por complementar sus opuestos -la calidez de ella contra el hielo de...
