Me besó. El beso que había esperado durante tanto tiempo.
Lo había visto por primera vez en la oficina de Ittoki después de meses, y ahora aquí estábamos. El beso fue tierno y salvaje al mismo tiempo. Nuestras lenguas se encontraron, bailando con urgencia. Me mordió el labio inferior con suavidad y luego bajó por mi cuello, dejando rastros húmedos y calientes que me hicieron estremecer.
—Ya sabes lo mucho que te deseo, Usagi... —me susurró contra la piel, con la voz ronca.
La excitación era más fuerte que cualquier pensamiento coherente. Ya no soportaba más. Lo necesitaba.
—Serás mía —añadió, acariciándome la barbilla con el pulgar.
Los músculos de mi vientre se tensaron de placer. El dolor era dulce, casi insoportable. Quise cerrar los ojos, pero su mirada ardiente me hipnotizaba. Se inclinó de nuevo y me besó. Sabía a vainilla y a deseo puro.
Empezó a desabrocharse el pantalón lentamente, sin dejar de besarme. Lo dejó caer al suelo. Se apartó un poco para observarme. Por suerte, aún llevaba el brassier de encaje negro que tanto me gustaba.
—Eres tan hermosa... —murmuró, mirándome con devoción.
Me ruboricé. Nunca imaginé que esas palabras saldrían de su boca.
Me rodeó con sus brazos y me atrajo con fuerza contra su cuerpo. Una mano se enredó en mi cabello, mientras la otra bajaba por mi cintura hasta la curva de mi trasero, presionándome contra sus caderas. Sentí su erección, dura y caliente, empujando contra mí.
Gemí contra sus labios, incapaz de contenerme. Lo tomé de los brazos y apreté sus bíceps. Era sorprendentemente fuerte. Me guio despacio hacia una colchoneta que no había notado al entrar. Me tumbó con cuidado y sus manos recorrieron todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo.
Cerré los ojos con puro placer cuando sentí una sacudida recorrer mi espalda. Me quitó los zapatos y los calcetines con delicadeza. Luego se deshizo de toda su ropa y se quedó completamente desnudo frente a mí. Siguió besándome el abdomen, introduciendo la lengua en mi ombligo, y subió por mi torso. Mi piel ardía.
Mamoru se tumbó a mi lado y me recorrió con la mano desde la cadera hasta el pecho. Me observó con intensidad. Sentí vergüenza; era mi primera vez y temía que él se diera cuenta y me rechazara.
Metió el dedo índice por la copa del sostén y lo bajó lentamente, dejando mi pecho al descubierto. Lo besó con delicadeza al principio, luego con más pasión. Hizo lo mismo con el otro. Mis pezones se endurecieron y mi cuerpo se arqueó hacia él. Estaba completamente húmeda.
—Oh, por Dios... —susurré.
—Ya estás tan húmeda... —gruñó contra mi piel—. No sabes cuánto te he deseado desde que te vi en la oficina de Ittoki. Aún estás a tiempo de detenerme, Usagi. No quiero lastimarte ni que después te arrepientas.
—Estoy segura —respondí sin dudar—. Quiero estar contigo, Mamoru. Te amo... y siempre será así. Te amo.
Mamoru sonrió con ternura y me besó de nuevo. Sus besos sabían a miel. Lo amaba más a él que a cualquier cosa en este mundo.
Sin previo aviso, me penetró.
—¡Ayy! —grité.
Al desgarrar mi virginidad sentí una punzada profunda, pero él se quedó quieto, mirándome con preocupación.
—¿Te lastimé mucho? —preguntó asustado.
Negué con la cabeza, mordiéndome el labio.
Empezó a moverse despacio, muy despacio. Poco a poco los movimientos se volvieron más rápidos y profundos. El dolor desapareció por completo, dejando solo un placer intenso. Mis caderas comenzaron a moverse al mismo ritmo que las suyas. No paraba de gemir ni de gritar su nombre. Me embestía una y otra vez, cada vez más rápido. Sentía su respiración agitada cerca de mi oído y eso me volvía loca.
Lo rasguñé en la espalda, aferrándome a él con desesperación. Grité su nombre por última vez cuando llegué al clímax. Sentí cómo se derramaba dentro de mí, caliente y profundo. Fue una sensación hermosa.
Cerré los ojos un momento para recuperar el aliento. Mamoru se tumbó a mi lado y me abrazó con fuerza. Sus brazos musculosos me hicieron sentir protegida, como si nada ni nadie pudiera hacerme daño. Por un instante solo existíamos él y yo.
Me besó en la frente y luego en los labios. Abrí los ojos y lo vi sonriendo con ternura. Le devolví la sonrisa. Minutos después, nos quedamos dormidos.
Soñar a su lado era hermoso. Quería retirarme de ser espía y tener una vida normal con él. Por un momento olvidé que ambos teníamos una misión que pronto terminaría.
Mañana sería el gran día. Atraparíamos a Kai Nagano y por fin seríamos libres para estar juntos.
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Mision: Amor
Fiksi PenggemarUsagi Tsukino, una espía talentosa pero demasiado confiada y distraída, es obligada a formar pareja con Mamoru Chiba, el agente más frío y despiadado de la agencia. Mientras luchan por complementar sus opuestos -la calidez de ella contra el hielo de...
