Capitulo 7 💜

815 81 4
                                        

           

Mamoru se quedó completamente congelado al escuchar las palabras de Usagi. El silencio que cayó sobre la cocina fue tan denso que casi se podía tocar. Sus ojos oscuros se clavaron en ella con una intensidad abrasadora, y su mandíbula se tensó tanto que un músculo palpitó visiblemente en su mejilla.
Ella lo había dicho con total determinación: iba a enamorar al hijo de Kai Nagano.
Un sentimiento oscuro y posesivo se encendió en su pecho como fuego líquido. La sola idea de imaginar a Usagi sonriendo a otro hombre, mirándolo con esos ojos azules que lo volvían loco, permitiendo que se acercara, que la tocara... le provocaba una rabia que apenas lograba contener. Sus manos se cerraron en puños sobre la mesa hasta que los nudillos se pusieron blancos.
—¿En serio vas a hacerlo? —preguntó con voz baja, grave y peligrosamente calmada.
—Sí —respondió Usagi sin titubear, sosteniéndole la mirada—. He decidido que lo haré.
Mamoru respiró profundamente, intentando controlar la tormenta que se desataba dentro de él. Quería gritarle que no lo hiciera. Quería tomarla por los hombros y prohibírselo. Quería recordarle que ella no era un arma que pudiera usarse de esa forma... pero no tenía derecho. No eran nada. Solo compañeros de misión.
—Si eso es lo que quieres... hazlo —dijo al fin, aunque cada palabra le supo a veneno—. Y ni creas que te voy a detener solo porque estamos trabajando juntos.
Se levantó de la silla con un movimiento brusco. Sin mirarla de nuevo, subió las escaleras a grandes zancadas, como si huyera de sus propios pensamientos. Usagi escuchó claramente el fuerte portazo que dio al entrar en su habitación.
—Creo que se enojó... —murmuró la rubia, sintiendo un nudo incómodo en el estómago.

Habían pasado varias horas desde aquella conversación. La mansión blanca permanecía en silencio, solo interrumpido por el tic-tac lejano de un reloj. Mamoru no había salido de su habitación ni una sola vez. Usagi, en cambio, caminaba de un lado a otro por el pasillo del segundo piso, incapaz de quedarse quieta. Sabía que él estaba furioso, pero no terminaba de entender la intensidad de su reacción.
Dentro de su habitación, Mamoru estaba sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas con tanta fuerza que le dolían. Su mente no dejaba de torturarlo con imágenes que no quería ver: Usagi coqueteando con Ren Nagano, riendo con él, dejando que la invitara a salir, permitiendo que se acercara demasiado...
—¿Pero qué demonios me pasa? —gruñó en voz baja, pasándose las manos por el cabello negro con frustración—. Es la solución más lógica para la misión... pero ¿enamorarlo? ¿Dejar que ese hijo de puta crea que tiene alguna oportunidad con ella?
Se levantó bruscamente y comenzó a caminar de un lado a otro como un animal enjaulado.
—No tengo derecho a sentirme así. Ella no es mía. No soy nadie para detenerla... pero la sola idea me está volviendo loco.
Se detuvo frente a la ventana, mirando la oscuridad del jardín sin realmente verla. Su respiración era irregular.
—Me enojé y ni siquiera sé cómo controlarlo. Esto es tan confuso... tan jodidamente confuso.
Se dejó caer de espaldas sobre la cama y enterró la cara en una almohada, ahogando un gruñido de pura frustración.
—¿Por qué me pasa esto precisamente con ella? ¿Por qué?
La noche transcurrió lenta y pesada. Ninguno de los dos logró conciliar el sueño.
Mamoru jamás se había permitido enamorarse. Siempre había repetido que el amor era una distracción peligrosa para un espía. Pero Usagi había logrado colarse bajo su piel sin esfuerzo. Sus ojos azules brillantes, su sonrisa contagiosa, la forma en que se ponía completamente roja cuando se enfadaba, sus berrinches infantiles que, contra todo pronóstico, le resultaban encantadores... y ese suave aroma a vainilla y rosas que siempre desprendía su cabello. Todo en ella lo atraía de una forma casi dolorosa.
—No, Mamoru. Concéntrate —se ordenó a sí mismo en voz baja, apretando los dientes—. Estás en una misión. Tienes que terminarla. Después... ya encontrarás la forma de lidiar con esto que sientes por ella.
Usagi, tumbada en su cama al otro lado del pasillo, tampoco podía dormir. Miraba el techo blanco mientras pensaba en la reacción de Mamoru. No comprendía del todo por qué le había afectado tanto, pero sabía que al día siguiente tendría que empezar su nueva "misión": acercarse al hijo de su peor enemigo.
"Enamorarme de él... No. Eso jamás va a pasar", pensó con determinación. "Además... yo ya siento algo por alguien más."

Cuando amaneció, Usagi bajó a la cocina con evidentes ojeras oscuras bajo los ojos. Minutos después apareció Mamoru. Él también tenía ojeras pronunciadas y una expresión sombría. Al verlo, una pequeña sonrisa apareció en los labios de la rubia.
—¿Por qué te ríes? —preguntó él con tono seco y visiblemente irritado.
—No sé... simplemente amo reírme —respondió ella con fingida inocencia.
—Como digas —gruñó Mamoru, levantándose de la mesa—. Necesito que te comuniques con Tokio para que nos envíen nuevas identidades. Mientras tanto, yo traeré más información sobre el hijo de Nagano.
—De acuerdo —dijo Usagi—. Estoy segura de que mi madre querría que la vengara... fuera como fuera.
Mamoru, que ya subía las escaleras, se detuvo un instante y respondió sin mirarla:
—Estoy seguro de que tu madre no querría que te sacrificases.
—Eso tú lo dices —replicó Usagi con firmeza—. Yo no lo veo como un sacrificio. Lo veo como un juego... y yo voy a salir ganadora.
Mamoru salió de la casa sin decir nada más, con los hombros rígidos y la tensión marcada en cada paso.
Usagi se quedó sola en la cocina unos minutos, respirando profundamente. Luego abrió su laptop y contactó a Ami-chan a través de una videollamada segura. Al principio solo se veían diseños de armas y prototipos sobre el escritorio. Minutos después, Ami apareció con un plato de sushi en la mano.
—Hola, Usagi-chan~ —saludó la chica de cabello azul con una sonrisa.
—Hola, Ami. Veo que estás comiendo, así que hablaré rápido.
—Tranquila, puedo comer y escucharte. ¿Qué necesitas?
—Necesito que le digas a Ittoki-kun que nos envíe identificaciones nuevas, por favor. También... una peluca negra.
—¿Eso es todo? —preguntó Ami, levantando una ceja.
—Sí, por ahora es todo. ¿Cómo están ustedes?
—Buscando vestidos para la boda de Rei. ¿Sabías que falta solo un mes? Se va a casar muy cerca de Madrid. Más te vale que no faltes, porque Rei te va a matar.
—Tranquila, por supuesto que iré —rió Usagi—. Aunque tenga que arrastrar a "Cubito de hielo" conmigo.
Ami sonrió con picardía.
—Vaya... ya no es "Cubo de Hielo", ¿eh?
—No te rías. Mejor hablamos mañana. Y mándame mi vestido, ¿sí?
La llamada terminó y la pantalla se puso negra.

Llegó la noche. Mamoru no había regresado en todo el día y Usagi empezaba a preocuparse, aunque sabía que él era más que capaz de cuidarse solo. Estaba acostada en su cama cuando escuchó pasos en las escaleras. Se levantó de un salto, se quitó la sábana de encima y corrió hacia la puerta, con el corazón latiéndole con fuerza.
Al abrirla, se encontró con Mamoru de pie justo frente a su habitación, con el puño cerrado como si estuviera a punto de tocar. Ambos se quedaron mirándose un segundo en silencio.
—¿Podemos hablar? —preguntó él con voz ronca, bajando la mano.
—Claro. Pasa... Cubo de hielo —dijo ella con una pequeña sonrisa nerviosa.
Mamoru entró y se sentó en el borde de la cama. Usagi acercó una silla de madera y se sentó frente a él, lo suficientemente cerca como para sentir la tensión que emanaba de su cuerpo.
El pelinegro suspiró profundamente antes de hablar.
—Ya investigué sobre el hijo de Nagano. Aquí está la ficha.
Le entregó un sobre blanco. Usagi lo abrió y comenzó a leer en silencio:
Ficha
•  Nombre: Ren Nagano
•  Edad: 22 años
•  Hermanas: Haruna y Alex (gemelas de 9 años)
•  Estudios: Administración de Empresas en la Universidad de Madrid
•  Estado sentimental: Soltero (no se le conoce novia)
•  Trabajo: Medio tiempo en la empresa del padre de su mejor amigo, Jordi Ramos
•  Hobbies: Jugar fútbol y asistir a partidos. Sale de antro casi todos los fines de semana con amigos y compañeros de universidad.
•  Nota: Se rumora que es gay porque nunca se le ha visto con una novia, pero no lo es.
Ren llegó a Madrid cuando apenas tenía siete años. Su madre y su padre decidieron mudarse por "problemas financieros" en Japón.
—¿Problemas financieros? —preguntó Usagi, levantando la vista.
—Eso es lo que su padre le hizo creer —respondió Mamoru con seriedad—. Diez años después, su madre falleció de cáncer y Kai Nagano se retiró temporalmente del trabajo para pasar más tiempo con sus hijos.
Usagi siguió leyendo. Cuando terminó, se quedó pensativa, mordiéndose el labio inferior. No sabía cómo acercarse a Ren, qué decir ni cómo empezar todo esto. Todo parecía demasiado confuso y peligroso.
Mamoru la observaba en silencio, con la mandíbula tensa y los ojos oscuros llenos de emociones contenidas.
—Si te das cuenta... él no se ha retirado realmente. Sigue matando gente. Además, llegó a España solo tres días después de que murieran tus padres.
Usagi cerró el sobre con determinación y levantó la mirada, los ojos azules brillando con resolución.
—Lo haré. No importa cómo. Vengaré la muerte de mis padres.

Mision: AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora