La guerra ha terminado y el Avatar Aang y la Maestra Agua Katara no se atreven a revelar sus sentimientos. Tras sufrir un terrible accidente, la memoria de Aang queda dañada, perdiendo totalmente sus recuerdos. Katara tendrá que luchar para hacer qu...
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[Aang]
Había terminado exhausto, con los músculos del cuerpo entumecidos y ardiendo al menor movimiento. Para la hora de la cena, a penas podía comer sin quejarse.
—Debes esperar a entrenar conmigo—le prometió Toph, con una sonrisa malvada—, solo entonces conocerás el verdadero sufrimiento.
—Es cuestión de práctica—comentó Katara, quien llevaba su túnica azul nuevamente entorno a su cuerpo esbelto—. Aang estuvo mucho tiempo en cama por el accidente y después de despertar, no se ha ejercitado; su cuerpo ha perdido la práctica.
—Argh—gruñó Aang, desalentado. Él de verdad quería aprender pero no quería pasar por ese escarmiento.
—Escuche que el primer día es el más difícil—se burló Sokka, dandole un codazo a Toph.
—Y yo escuché que el segundo día es el peor—siguió la muchacha ciega.
—Y el tercero...—estaba diciendo Sokka, antes de que Katara le diera un golpe a la mesa.
—Ya basta—les regaño la Maestra Agua, frunciendo los labios. Se volvió hacia el monje, dedicándole una sonrisa tierna—. No los escuches ¿si? No es tan malo como ellos dicen, además, el Agua Control siempre se te dio natural.
¿Como Aang podia no creer cualquier cosa que saliera de esos hermosos labios? Aún así, le costó un poco pensar en que su situación mejoraría.
—Me duele todo el cuerpo—comentó, sintiendo el entumecimiento de las piernas y brazos.
—Es normal—murmuró Toph, tomando un poco de arroz con un par de palillos de madera, con una elegancia infinita—, tú siempre terminabas agotado por las lecciones privadas de Katara, aunque estoy confundida realmente ¿no es ella quien debería estar adolorida?
Aang no había captado el doble sentido en sus palabras hasta que sintió como Katara golpeaba a Toph por debajo de la mesa en la pierna, tan fuerte que incluso a él le dolió.
—¡Ayyy!—Toph se sobo la pierna con una mueca en los labios—. Uso eso para ver ¿acaso quieres dejarme ciega?
—Lo siento—se disculpó Katara, con fingida pena—, fue sin querer.
—Claro—supuso la Maestra Tierra—, pero si no te conociera tan bien, pensaría que fue intencional.
—Nada de comentarios morbosos—sentenció Sokka, con una mirada que podía cortar hasta la leche fresca. Le dirigió una mirada a Katara y luego a Aang, tan severa que el monje sintió que se encogía en su silla—, y nada de "clases privadas".