Frágil corazón

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¡¿Alguien dijo MOLS?!

Ustedes piden y Kyochi se los da

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Ustedes piden y Kyochi se los da.

[Botan]

Botan, sus capitanes e invitados tomaron el desayuno en la cabina del capitán.

Habían zarpado del puerto de Isla Kyoshi entrada la tarde, solo la Mercurio, la Aullido Marino y el Sol Invernal, con las azules velas hinchadas por el viento, mientras que el resto de la flota permanecía anclada en isla Cola de Ballena esperando órdenes.

Tenían las bodegas llenas de provisiones, lo suficiente para permanecer en mar abierto durante meses de ser necesario, pues el plan de Botan era no regresar al Norte hasta limpiar los mares de esa escoria.

Buenos vientos empujaban su pequeña flota hacia las tranquilas aguas y los ánimos del joven capitán estaban en alto.

Les llevaron huevos, hogazas de pan, salchichas fritas y queso añejo, pero al momento de comer, fueron solo sus capitanes lo que probaron bocado.

Botan tomó una manzana y le clavo el diente, escogiendo eso cómo única merienda. Después de retirar los platos, un mapa de los cuatro naciones fue desplegado sobre la mesa.

—Creemos que los piratas mantienen un dominio sobre la área continúa al Pantano Brumoso—explicó Botan a sus invitados. Katara y Aang los habían acompañado al desayuno, pero apenas habían mordisqueado un poco el queso. Ambos se mantenían en silencio.

—Es un area deshabitada, con una fauna abrumadora—apunto la Maestra Agua, viendo el mapa—. Es imposible que cualquier barco de gran volumen pueda moverse en esas aguas.

—Lo he pensado también—concordó Botan, examinado el mapa—, pero hay un tramo, entre las Montañas Kolau y la extensión que colinda con el Pantano, donde hay islas áridas, casi siempre azotadas por tormentas brutales que aparecen de la nada, provenientes del mismo Pantano. Es un mal lugar, una trampa para los barcos, pero para cualquiera que conozca el area y la sepa navegar, ofrece un escondite perfecto.

La duda de extendió por el rostro de Katara, una duda que Botan había visto muchas veces en el rostro de las personas que lo rodeaban.

Siempre lo consideraban demasiado joven, con planes temerarios y descabellados, pero las personas aprendían a subestimarlo una sola vez, solo una.

Una punzada de recelo se apoderó de sus entrañas.

—Morror—dijo Botan, llamando al hombre de intensa piel oscura. Uso su voz de capitán, la que utilizaba cuando daba órdenes—. ¿Sería tan amable de recordarme cuantas veces mis sospechas sobre este tipo de gentuza han sido incorrectas? ¿Cuantas veces me he equivocado?

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