»Nico DiAngelo un Omega que afirma no querer o necesitar un Alpha, al mudarse de país y entrar en una nueva escuela, por obras del destino, entra en celo al oler a Will Solace, el que será su Alpha destinado.
Este tendrá que aprender a como tratar...
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El silencio en a oficina del director era espeluznante, el director hablo:
—¿Pasó algo?
—N-no, es solo que me siento cómodo en mi actual aula... ¿No cree poder ponerme en el grupo C?— pregunto Nico, lo más amable que pudo, para no sonar tan desesperado como realmente estaba.
El señor Brunner le miró con preocupación.
—Joven Nico, ¿cómo esperas que te pueda ayudar si no me dices qué pasó?— pregunto el Beta.
Nico no sabía si contarle, si le contaba que un rubio hermoso llamado Will casi lo violo en el armario del conserje metería a Will en problemas, y tampoco era lo que quería; pero si no le decía nada al director, las probabilidades de que lo cambiaron de salón eran nulas... Piensa Nico, piensa...
—Tuve un problema con un Alpha...— dijo Nico, dejando a Will en el anonimato.
—Esta bien, mira joven Nico, no te puedo cambiar de salón después de una semana de clases... Ya los grupos están en el sistema...
—¡Yo no vine en toda la semana!
—¿Entonces cómo tuviste un problema con un Alpha si ni siquiera has venido?— pregunto el señor Brunner, tranquilo.—Perdón, pero, tendrás que quedarte en tu salón hasta que acabe el semestre, una vez acabado, vuelve y veré lo que pueda hacer para que estés cómodo... Por ahora es todo lo que puedo hacer...
Nico se sintió como si no tuviese poder de nada:—Pero...
—No quiero sonar grosero, pero, creo que deberías ir a clases, ya casi es hora...— dijo el señor Brunner con una sonrisa amigable.— y sobre el Alpha que te molesto, hoy iré a tu aula a decir algunas palabras hacia los Alphas.
Nico se sintió aliviado de saber que Will no recibiría ninguna sanción, no es como si hubiese estado de acuerdo con su casi violación, pero era el celo, no había mucho que se pudiese evitar en esa etapa...
—Gracias señor Brunner.— dijo Nico saliendo de la oficina del director, topándose de nuevo con el interminable pasillo, que deba de nuevo a las escaleras.
Me lo tomaré con calma, pensó Nico, caminando con las manos en los bolsillos de su chaqueta y cuando llego a las escaleras, bajo con lentitud, luego, escucho la campaña de entrada a clases, y bajo todavía más lento.
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