El día 8 tal y como habíamos quedado, Alessia estacionó por fin su coche delante de mi casa, por su culpa llegaríamos tarde. Hoy nos íbamos a instalar en una de las residencias de la universidad, la Residencia estudiantil de Saint Marc. Me acerqué al coche arrastrando las pesadas maletas y metí todo a presión en el maletero junto con el equipaje de ella. Subí rápidamente y giré sobre mi asiento dispuesta a cantarle las cuarenta a mi amiga por llegar tarde y además por traerse todo el contenido de su armario, pero al ver su cara estallé en una sonora carcajada. Si las miradas matasen, yo habría estado a dos metros bajo tierra después de mirarme como una psicópata.
Sus labios estaban pintados de rojo y el maquillaje de sus ojos incluían sombras negras, pero eso no era lo que me había causado la risa, no. El problema era que su pintalabios parecía estar en todas partes menos donde debería estar y el maquillaje de sus ojos era demasiado cargado, dándole un aspecto entre un payaso y un panda.
- ¿Se puede saber qué te ha pasado en la cara? -intentaba con todas mis fuerzas no echarme a reír de nuevo, pero mis muecas me delataban.
-Bueno, tú la semana pasada te comiste la pared de tu pasillo... Yo hoy me he levantado tarde, he intentado maquillarme mientras conducía... Y este ha sido el resultado. Te aconsejo que nunca se te ocurra hacer lo mismo. -me hablaba como si nada mientras intentaba arreglarse en el espejo retrovisor y conducía a una velocidad bastante mayor de la permitida. Todo al mismo tiempo.
-Deja de toquetearte que lo estás empeorando, cuando lleguemos ya te lo arreglo yo. ¡Pero por favor, mira la carretera! -me aferraba al asiento de cuero exageradamente, como si la vida me fuera en ello.
-Qué dramática eres.
-No es que sea dramática bébé, es que aprecio mi vida. Te agradecería que no intentaras matarnos. -repliqué con sorna.
Casi dos horas después de tortuoso viaje, habíamos llegado al parking de la residencia. Saqué unas toallitas húmedas de la guantera y rápidamente arreglé el desastre que ella sola se había causado. Nos bajamos del coche quedándonos embobadas por un momento al ver la fachada. Era un edificio enorme, repleto de vidrieras. Grandes columnas sujetaban parte del edificio creando una entrada al interior. El campus aparte de ser enorme, tenía árboles por doquier y un césped muy cuidado que dejaba un aroma muy agradable en el ambiente. Nada que ver con la contaminada ciudad que había al otro de las cercas, parecía un mundo paralelo lleno de verdor con un palacio como hogar.
La semana pasada había venido con mi madre a terminar mi inscripción, pero solo para rellenar los papeles. No sabía cómo era el interior del edificio a parte de la recepción, ni qué aspecto tendría mi habitación, ni siquiera sabía aún que habitación me habían asignado.
Entramos las dos en recepción cada una arrastrando una maleta, luego tendríamos que volver a por las demás. El lugar era muy espacioso, lleno de butacas y mesas, algunas con ordenadores y otras con juegos de mesa, además también había un par de máquinas expendedoras de comida y bebida. Las paredes estaban pintadas de blanco y grafito dando el efecto de ser aún más grande. A nuestra izquierda podíamos ver la cafetería con bonitas vistas hacia el jardín. Mientras que a la derecha había unas escaleras y lo que parecían ser dos ascensores.
-Woow, esto es impresionante... -comentó Lex con los ojos un poco más abiertos de lo normal, como si quisiera captarlo todo.
Aun contemplando nuestros alrededores nos dirigimos de frente hacia una señora que nos esperaba tras un mostrador. Al parecer éramos de las primeras o de las últimas en llegar ya que la zona de recepción estaba prácticamente vacía. Aunque tenía toda la pinta de que era la segunda opción.
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El amor a la inversa
Mystery / ThrillerUna adolescente francesa sufre un acontecimiento inesperado que la traumatiza pero consigue escapar y comenzar una nueva vida... O eso cree ella. Pronto descubrirá que las pesadillas no solo habitan en los sueños.
