Esto no era una simple habitación, era como un apartamento. Un pequeño y acogedor apartamento. Al entrar, lo primero que se apreciaba era una cocina equipada debidamente, abierta a la sala de estar. En medio de la cocina había una pequeña isla donde podías sentarte a comer, una terraza grande con una cómoda butaca con vistas a la ciudad de la luz y el amor por excelencia y donde también podías colgar la ropa. El salón estaba provisto de todos los muebles necesarios a juego con los colores de las paredes; aquella que unía la cocina con el salón parecía un mural de madera oscura y el resto de las paredes eran en blanco. El salón tenía dos ventanas dobles que daban mucha claridad, los suelos eran de madera oscura a juego con esa única pared de color y los muebles eran una mezcla de blanco, beige y negro haciendo que los contrastes de los colores provocarán que el lugar pareciera elegantemente más amplio y lo que separaba ambas estancias era un pequeño escalón.
- ¡Esto es alucinante! Es mucho mejor de lo que se podría imaginar. ¡Hasta tenemos una televisión de última generación! -Lex asintió ante mis palabras, las dos estábamos embobadas mirando y tocándolo todo.
- ¡Vamos a ver tu habitación! -exclamó corriendo hacia el único pasillo que había. El cual imaginé que llevaba a la que iba ser mi habitación.
-Es increíble que vaya a vivir aquí. -mencioné a media voz mientras iba mirando cada parte de la estancia.
Las paredes del cuarto estaban pintadas de blanco excepto una que estaba decorada con un mural de un bosque en todo un estadillo de relajantes tonos y colores, los residentes también teníamos la opción decorar a nuestro gusto. Había una cama pequeña colocada de frente a la puerta, una ventana doble, como las del salón, desde la que se podía ver el jardín. Un escritorio con su silla, una librería bastante grande y varias estanterías. Me acerqué a una puerta que parecía que era un armario empotrado, pero no. Era un vestidor bastante agradable y espacioso, podría esconderme dentro sin sentirme aprisionada. Salí del vestidor y fui a otra puerta que estaba justo al lado. Un baño completo con ducha, además de unos armarios donde poder colocar diferentes artículos. Los colores que habían empleado para el suelo y las paredes me resultaban relajantes, azul Celeste con pequeños dibujos sin forma azul Tiffany. En realidad, era un apartamento bastante simple, con todo lo que una persona puede necesitar para vivir. Pero pensar que era yo la que iba a vivir aquí y sola, ya lo hacía muy especial para mí.
-Estoy alucinando... Voy a tardar un poco en acostumbrarme, pero de momento iré deshaciendo la maleta que tengo aquí. Después iremos a tu apartamento y harás lo mismo. Por último, bajaremos a por el resto del equipaje. ¿Te parece bien? -iba hablando a medida que me adentraba en mi nueva habitación y cogía la maleta para ponerla sobre la cama y empezar a colocar la ropa en el vestidor.
-Claro, déjame ayudarte. -me regaló una sonrisa y empezó a inspeccionar mi ropa mientras la colocaba en los armarios. -Oye te has traído una ropa muy aburrida... -confesó con un mohín en los labios.
- ¡Es mi ropa de siempre! -contesté con el ceño fruncido.
-Pues por eso... -se sujetó la barriga teatralmente y se revolcaba sobre la cama mientras se reía. -Tú eres la aburrida. ¡Estirada! -me sacó su lengua haciendo el gesto de perdedora con la mano sobre su frente.
-Ya veremos qué ropa te has traído tú, bruja. Más te vale que sea medianamente normal. -dije haciendo rodar mis ojos ante sus ocurrencias. -Pero tienes razón, necesito ropa nueva. Tendremos que salir de compras.
- ¡¿Ves!? Yo siempre tengo razón. -Lex colocó una mano sobre su pecho y revoloteó sus pestañas exageradamente.
-Que tampoco se te suba a la cabeza, mona. -interpretando mi papel de diva le lancé un cojín de la cama y después sacudí mi largo y oscuro cabello a un lado dibujando una sonrisa pícara en mis labios.
ESTÁS LEYENDO
El amor a la inversa
Misterio / SuspensoUna adolescente francesa sufre un acontecimiento inesperado que la traumatiza pero consigue escapar y comenzar una nueva vida... O eso cree ella. Pronto descubrirá que las pesadillas no solo habitan en los sueños.
