La poca esperanza que se había permitido sentir murió cuando Ares regresó con otro sobre sin abrir.
Firme a su palabra, lo primero que había hecho la mañana después de la discusión con Tom fue enviar a Ares con una disculpa. Cuando la lechuza negra regresó con la carta aún en la pata, Harry decidió darle a Tom la oportunidad de calmarse antes de volver a intentarlo.
Ahora habían pasado dos meses y Harry no había vuelto a saber de Tom. El chico no respondía sus cartas y no iba a Hogsmeade. Al parecer Tom le había dicho la verdad. Después de todo había estado bien antes de que se conocieran, el chico no lo necesitaba.
Se acercaba Navidad y Harry pasaría las vacaciones de invierno solo. Ni cuando había vivido con los Durlsey y había estado encerrado en su alacena bajo las escaleras se había sentido tan solo.
-Si vas a estar de ese humor todo el día, ¿por qué no sales? Es deprimente verte así.
Harry fulminó con la mirada a Hubert que flotaba cerca de él.
- ¿Y puedes decirme qué debería hacer una vez salga de aquí?- le preguntó Harry.
Hubert se encogió de hombros.
-No lo sé. ¿No tienes amigos a los cuales visitar o algo así?
Aunque había vivido en ese tiempo medio año..., sólo conocía a un puñado de personas. Pero sería mejor salir que estar allí pensando en Tom.
-Está bien, saldré. No esperes que regrese pronto.
-Sí, señor-. Hubert hizo un saludo burlón-. Cuidaré la casa para que no tengas de qué preocuparte.
Harry asintió y tomó su cartera y la pesada capa de invierno. Tomó algo de polvo flú y lo arrojó a la chimenea. Cuando las llamas se volvieron verdes entró al fuego.
-Caldero Chorreante.
Y entonces el único que quedó en la casa fue Hubert.
En Hogwarts.
Aunque odiaba admitirlo Tom estaba comenzado a preocuparse. Hacía todo lo posible por ocultarlo actuando como si nada le preocupara. La biblioteca estaba llena de estudiantes y el ruido era casi insoportable. No comprendía por qué ninguno de los profesores hacía nada por detenerlo.
Tom estaba sentando en medio de la habitación rodeado por otros Slytherin. Mayores o menores que él. Todos querían estar cerca de él.
De todos ellos sólo Abraxas sabía de la discusión que había tenido con Evan. Fue el consejo de Malfoy combinado con su propia testarudez lo que lo había detenido de leer una vez más una de las cartas que le había enviado su tutor. No lo necesitaba, como claramente le había dicho antes de dejar la casa.
Todo era culpa de Evan.
¿Pero por qué sentía esa innecesaria sensación de disculparse?
Evitando un suspiro, Tom levantó la vista del libro que estaba leyendo. Los Slytherin no eran los únicos en la biblioteca. Cerca de la puerta un bullicioso grupo de Gryffindor estaba reunido. No tenía idea de lo que hacían allí. No parecía que estuvieran estudiando.
Una chica de cuarto año captó su mirada. Estaba sentada un poco lejos de los demás Gryffindor con un libro de Transfiguración frente a ella. La chica no interactuaba con ninguno de sus ruidosos compañeros.
Tom frunció el ceño. Había visto a la chica antes y sabía que estaba en cuarto curso, un año delante de él. Por lo que recordaba su nombre era Minerva McGonagall, de familia sangrepura. Era inteligente y probablemente sería una buena seguidora.
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El comienzo del comienzo
FanfictionEsta historia no me pertenece, le pertenece a HuskyWalker de fanfiction en inglés y a fadamaja en español. Tomarry La continuación de la historia se llama "decido mi propio destino"
