Capítulo 7

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Los Ángeles, dos años después


Emma tomó asiento frente a sus dos compañeras de clase y sonrió exhausta. Había sido una prueba un tanto complicada y la práctica siempre era un asunto delicado. Suspiró y puso en blanco los ojos.

–¿Lo he hecho muy mal? –preguntó insegura. Becca negó– ¿segura?

–Lo has hecho bien –asintió Rachel con vehemencia–. Eres increíble, Emma.

–Exageradas –rió Emma. Luego preguntó–: ¿por qué hemos cambiado de cafetería en este día?

–Por ningún motivo en especial –se encogió de hombros Becca– queríamos venir hace tiempo ya.

–Está bien –Emma miró alrededor y no notó nada fuera de lugar. Todo se veía bastante acogedor y normal, algo que se agradecía en esa enorme ciudad. Tan ruidosa, populosa y nada privada.

Emma había llegado hacía apenas dos semanas para el curso que marcaría su nivelación antes de iniciar la especialización que había elegido. Cardiología era una rama apasionante de la medicina que había descubierto hacía un año, al asistir con Alessandra a un curso dictado en Estados Unidos. Habían viajado juntas, aprovechando sus vacaciones de la Universidad y sincronizando sus guardias, para que no interfirieran. A ella le había encantado. A Alessandra no tanto, pero había conocido a un cardiólogo muy interesado en ella, John. Se veían muy lindos juntos y hacía poco habían empezado su noviazgo.

Eso había sido una señal verde para que Emma tomara su camino y buscó qué podría hacer. John le había recomendado el programa de cardiología en Los Ángeles, si podía acostumbrarse a la ciudad. Ella podría. O al menos creía que podría hacerlo.

–¿Sigues con nosotras, Emma? –inquirió con curiosidad Rachel–. ¿En quién estás pensando? Estás sonriendo...

–Lo dices como si eso fuera algo extraordinario –puso en blanco los ojos Emma.

–Ciertamente no, pero era diferente.

–Sí, es que pensaba en mi mejor amiga y su novio. Están muy enamorados.

–¡Oh, eso es muy lindo! –Becca suspiró sonoramente– ¿y tú estás enamorada?

–¿Yo? No, no tengo tiempo para eso –soltó Emma divertida. Antes, aquella pregunta habría sido contestada con un feroz ceño de su parte, pero desde... desde Nick, eso no era posible. Increíblemente, él había cambiado su mundo. ¿Quién lo habría dicho?

–Sí, es una lástima que las clases consuman tanto tiempo –bufó por lo bajo Rachel– además que el ejercer... ni se diga.

–Sí, si no es con un médico, creo que no hay otra manera de que funcione –Becca se encogió de hombros y rieron.

–¿Eso significa que debemos ir tras nuestros compañeros de clase? –Emma simuló pensarlo–. No creo que sea la mejor de las ideas.

–Sí, hay mucha competencia entre nosotros –Rachel se pasó una mano por el cabello– creo que sospecharían de nuestras buenas intenciones.

–Muy buenas intenciones –confirmó Becca y volvieron a reír.

–¿Qué debemos hacer para que en este lugar nos sirvan un café? –Rachel cruzó sus brazos con impaciencia–. Llegaremos tarde a la hora siguiente.

–¿Creen que deberíamos acercarnos a la caja? –inquirió Emma, girándose a mirar hacia uno de los meseros.

–Quizá ya viene hacia aquí –comentó Becca con voz esperanzada.

Definitivamente amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora