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Más tarde, luego de haber dado vueltas sobre la cama, Chris me saca de ésta y me obliga a vestirme de nuevo para bajar a tomar el desayuno que Lena había preparado para nosotros. No pongo excusas, luego de nuestro pequeño encuentro erótico, mi estómago exigía comida.

Con una sábana en mano, tomamos asiento a la mitad del enorme jardín trasero de la casa. La coloqué en el suelo y nos sentamos sobre ella mientras desayunábamos entre risas y plática.

He descubierto que Chris no es solo una cara bonita, también es un hombre increíblemente inteligente. Me contó algo que ya sospechaba: estudió en el extranjero, específicamente en Oxford y se graduó con honores para regresar y comenzar a liderar la empresa junto con su padre. Tampoco es que se la pusiera fácil, no comenzó desde abajo como todos, pero siempre tuvo cierta carga de trabajo que, aunque no le correspondía, lograba efectuar con responsabilidad.

Contengo un suspiro al verlo platicar sobre sus pasiones, su trabajo, sus estudios, entre otras cosas.

Los días pasaron y con ello, miles de emociones florecieron al exterior. Sus atenciones, la manera en que me miraba como si fuera lo más preciado que tenía me hacía sentir única, especial.

Hubo días en que me sentí algo indigna, digo... ¿Cómo es que un hombre tan apuesto y triunfador como él se fijó en mí?

Pero después, me regañaba mentalmente. Yo lo merezco, totalmente.

Aun así, sintiendo todo esto, y pasando con Chris la mayor parte del día, algunas preguntas asaltaban mi cabeza. ¿Qué éramos él y yo?

No podía nombrarnos "Novios", porque Chris no me lo había pedido, y, a decir verdad, sólo me decía "preciosa", "hermosa", etc.

La mañana del viernes me había despertado temprano, y para no molestar a Chris, salí a respirar el aire matutino por la terraza, le calculaba que eran alrededor de las 5 de la mañana. Vestida solamente con la camisa de él, sentía como su olor me rodeaba.

Había notado también que no lo había visto fumar. Al menos, creo que no lo hacía en mi presencia. Creo que por saber esa debilidad suya me sentí aun más parte de él de lo que Chris jamás sabría. No lo cambiaría por nada, ni al, ni a su increíble olor que parecía transportarme a otra dimensión.

Una en la que Ellie podría tener un final feliz junto al hombre que amaba.

Sí, ahora lo digo con todas sus palabras.

Cuando regresé a la habitación, Chris estaba demasiado exaltado poniéndose la ropa como si la vida le fuera en ello. Lo miré con el ceño fruncido.

—¿Chris?, ¿qué pasa?

Giró su rostro hacia mí y capté el temor en su mirada. Corrió hasta mi y me abrazó tan fuerte que estuve a punto de quedarme sin aire.

—Ellie —dijo—. Gracias a Dios.

Aspiró mi aroma como si fuese un tranquilizante.

—¿Qué pasa? —pregunté, alarmada. Me separé de su abrazo para mirarlo de nuevo.

—Creí que... —hace una pausa y desvía la mirada—. Creí que te habías ido. —dice con voz tensa.

—No me fui. Solo salí a tomar aire —respondí con confusión. Le tomé la mano y lo dirigí a la cama. Sólo llevaba puesto el pantalón de mezclilla, se veía realmente sexy.

Lo abracé y acaricié su cabello hasta que pareció relajarse. Le aseguré que no iría a ninguna parte y que no había otro lugar en el que quisiera estar. Y por supuesto que eso era verdad.

Cuando clavó sus ojos en los míos, parecía que ya se había enterado de lo que llevaba puesto. Con una sonrisa ladeada me acomodó sobre la cama para continuar haciendo travesuras con mi cuerpo.

Te Pertenezco (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora