Había estado obsesionada, con ese libro de su madre.
― Es extraño, padre, ¿por qué siempre lo carga? Pregunta interesada y más que curiosa por aquel ejemplar con pasta café
Diría que se lo encontraba hasta en la sopa. Ella no podía estar en el comedor con algún juguete, pero su madre podía tenerlo en la mesa, comer y revisar las hojas mientras se alimentaba.
Ese libro estaba presente en cualquier lugar y parecía más atractivo que cualquier conversación o incluso el plato de comida que se le pusiera enfrente.
Cuando Cora desplazaba sus manos por las hojas de aquel libro su rostro brillaba. En su mirada se podía ver un amor y apego más allá del que pudiera tener con su hija.
—Regina, sabes que no debes hablar con nadie acerca de la magia.—La reprendió su padre , pues la había encontrado tratando de convencer a un nuevo guardia de que la magia es tan real como el viento que te golpea en la cara y alborota tu cabello.
Al ser una niña, sinceramente el guardia no le prestó mucha atención, pero eso no quería decir que fuera mentira o incluso menos verosímil.
—Lo sé...pero, supongo que antes del libro mi madre me tomaba más en serio.—dijo con pesar. Henry le acarició la mejilla y la miró a los ojos con ternura.
En realidad no era tan cierto como la pequeña esperaba y no quería decirlo. Ella pronto se daría cuenta de que no era tan importante para ambos padres.
—Cora te ama a su manera, linda.—dijo lentamente para que la niña lograra procesarlo.
Sin embargo, eso no la detuvo para hacer lo que creía "necesario". Esa misma noche si era posible, debía deshacerse de ese libro para probar de una vez por todas que era digna de la atención de su madre.
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Apenas se durmieron sus padres, ella se puso a la acción. Sería difícil, podía apostar que su madre dormía con el libro en brazos.
Cuando se escabulló en la habitación principal y lo tomó, se dió cuenta de que faltaba algo. Algo vital para la realización de un hechizo... básicamente un palito de madera.
—¿Dónde?, ¿dónde?. La había visto por algún lado.- susurra casi inaudiblemente.
Escuchó una respiración tras ella y temió lo peor.
—Madre, yo.—dice temblando.
La mujer se fue acercando a la niña. La pequeña comenzó a sudar y se aferró al ejemplar. No iba a dejar que Cora lo tuviera de nuevo, estaba decidida a evitarlo.
Regina se vió atrapada en sus garras. Su imaginación le jugaba chueco, veía a su madre como un animal feroz.
—Lo siento, no lo volveré a hacer.—Susurra aún con miedo, pero mostrándose firme.
—Te amo.—Le dice la mujer mientras se aproximaba a lo cual la niña sonrie
—Eres mi libro favorito.
La pequeña Regina hizo una mueca de desagrado. Su madre estaba dormida, pero aún en sueños apreciaba más a ese libro que a ella.
Salió de la habitación con agilidad. Nadie se daría cuenta de que había estado allí. En un terreno mucho mas seguro.—su recamara.—se dispuso a examinar el contenido de ese libro tan importante.
Encuentra algo que le llama la atención, es como si la hoja brillara. Comienza a repetir lo que dice, aunque no exactamente como está escrito, pues ni siquiera entiende la letra, así que repite lo que ella cree que quiere decir.
—Rulples, Rumplestisking, Rumple algo...
—Se dice ¡tiltskin, querida!...¡Rumplestiltskin!. — Exclama un hombre horrible con voz grave que la observaba desde un espejo. Mirando con desagrado la imagen tierna e infantil de la pequeña.
Una princesa profetizada para ser una gran reina de las tinieblas. Aún es pura y noble, pero pronto esa profecía debía cumplirse, él se encargaría de ello:
—Eres demasiado pequeña, no deberías llamarme ahora.- Murmura en medio de la oscuridad , pues él ahora es parte de las tinieblas.
Sonríe con malicia restregándose las manos, deseando que el mañana llegara muy pronto porque esa niña se convertiría en una gran mujer. La mujer que le ayudaría a enmendar sus errores.
—Aún falta mucho para eso.—dice sin siquiera molestarse en atender el llamado.
Al ver que no pasaba nada, Regina cambió de página.
Ese libro no estaba maldito, ni siquiera servía, era una baratija anticuada. Eso no quería decir que no podía darle una utilidad.
Su plan se desvió un poco. Ahora jugaba con sus muñecas. Agitó la varita y pronunció otro hechizo. Está vez se aclaró la garganta e hizo un movimiento elegante con la mano. Un rayo fuerte retumbó en sus oídos y... fue transportada a otro lugar.
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Toca en vano sobre la superficie de la habitación. Las paredes son frías, heladas.
El frío es insoportable. No va vestida adecuadamente para aguantar la baja temperatura. Su bata de terciopelo no cubre precisamente mucho. La tela es demasiado delgada y el corset le desagrada.Se recarga en la pared hasta sentarse en el suelo que como era de imaginarse, está más helado.
No sabe cuánto tiempo ha pasado, quizás solo 15 minutos. De alguna forma llegó hasta allí y no dudaba que la magia también corría por sus venas.
—¡Solo quiero regresar a casa!.—gritó
Entonces, la habitación comenzó a inundarse de luz. Al principio era débil, como un pequeño fulgor al amanecer, una braza tratando de encender el fuego y luego todo se llenó de luz alrededor de ella.
¿Acaso su madre la había descubierto? y por consecuencia encontrado.La pequeña princesa estaba salvada, pero no por mucho.
Ahí, apareció un niño de su edad, quizás un año más grande, que la miraba muy atento con sus ojos claros.
—Eres linda.-mencionó y la joven Regina sonrió, mostrando la falta de no de sus dientes de leche, lo cual hizo que se avergonzara un poco, cerró la boca pues era un incisivo.
—Veo que no eres muy observadora.-Mencionó, apuntando con su mano la escasez de dos dientes superiores.—Los perdí luchando contra un dragón.-comentó con entusiasmo —Es un placer conocerte.
—Pero, ni siquiera me he presentado.
—No es necesario que lo hagas, princesa -Sé tu nombre desde hace un tiempo, y es sofisticado igual que tú.
—Yo no sé el tuyo.
—Lo sabrás luego, ahora no es importante, Regina.
La tomó de la mano y se dijo que estaba mal verla de ese modo, pero era muy linda, y él no era tan joven como aparentaba, es la cosa de ser inmortal, lo que lo hacía dudar. De algo estaba seguro: la joven princesa sería linda en el futuro.
—¿Qué tal si jugamos un poco?
—Vale, eso suena bien.
—¿Sabes jugar guerritas de lodo?
— ¡¿Lodo?!, ¡Soy una princesa!, ¡No debería ensuciarme!.- dijo mirando su impecable vestido.
—Si me ganas, te daré una pista, así podrás adivinar mi nombre.
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El niño terminó cubierto de lodo y la niña recibió su recompensa.
—Muchos me llaman...el príncipe de los sueños.—Ella sonrió, sabía exactamente de quién se trataba.
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Eterna Adicción. [Terminada]
FanficEn la temporada 7,con ayuda de Zelena el auténtico Robin Hood regresa junto a Regina/Roni que se encuentra bajo una maldición. La pareja enfrentará nuevos desafíos como enamorarse de nuevo y despertar a todos. En esta ocasión: Veremos a un personaj...
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