Vida perfecta

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Deambular por la mente de alguien a veces es confuso y difícil, nunca sabes en qué clase de sueño podrías sumergirte.

Había tomado más del tiempo esperado llenar los huecos de recuerdos en la mente de Regina. Reemplazar el amor solo causaba conflictos, hasta que Morfeo encontró una forma de incluirse en la historia.

La vida de la alcadesa seguía siendo igual de caótica y complicada. Morfeo la había dejado sola, pues solo la soledad podría darle posibiliades de algo. Él sería lo que Regina quisiese, lo que Regina necesitase con tal de pertenecer a su vida. Se aseguró de que nadie se interpusiera esta vez.

Cada que Regina pensaba en su familia le venía un recuerdo agridulce. El solo recordar aquella tragedia le creaba un nudo en la garganta. Se reprochaba el no haber hecho nada. Pero ¿podría haber hecho siquiera algo?. ¿Quién sabría que el vehículo se volcaría asesinandolos a todos?. Ella salió ilesa porque no estaba ni cerca de aquel lugar y la culpa y el remordimiento se la comían viva . ¿De haber llegado antes habrían cambiado las cosas?

Su mente se llenaba de ideas. Divagando en el tal vez y el quizás. Dejar ir y encontrar esa paz mental se volvía un reto cada día. Empezar de nuevo le daba pavor. Ya no tenia nada que perder era cierto, pero aferrarse a esos recuerdos le hacia experimentar derrota. Prepotencia. No era congruente con su actuar y sentir. Su espíritu quebrantado y su corazón roto hicieron extremadamente fácil no cuestionarse nada cuando se le apareció el amor.

En una tarde lluviosa ella había olvidado su paraguas y estaba lamentándose por haber elegido salir sin mirar el canal del clima, entonces. Escuchó unos ruiditos extraños entre los arbustos. Notó una caja y un gemido débil que salía de ella. Era una pequeña perrita café. (No sé que raza es Lola. Si alguien sabe, coméntelo ).   Regina no dudo en llevarla a casa desde el primer momento le pareció adorable. Comenzó a alimentarla por su cuenta y cuando notó que no mejoraba, decidió llevarla al veterinario de inmediato. 

Llamó a un número que escogió al azar del directorio. Su voz sonaba preocupada mientras hablaba con el personal de la veterinaria. Una voz masculina respondió del otro lado de la línea y acordó atender a su mascota esa misma tarde. Por fortuna,  la perrita no sufrió nada, sólo necesitaba un poco más de insistencia para alimentarse, nada que la leche adecuada y una mamila especial no pudieran arreglar.

―Gracias Max.- Le dijo al hombre y por primera vez, en toda la consulta,  se concentró en sus rasgos.

La mirada del veterinario era limpia de un café claro.
Sus cabellos castaños de un tono más oscuro descansaban plácidamente sobre su frente. Una pequeña barba de cruz cubría su rostro. Parecía un apuesto hombre lobo y eso a Regina le dió mucha gracia.

―¿Tengo algo en la cara?

Despegó la vista de la cartilla de vacunación y dejó de escribir para mirarla. Se tocó el rostro para cerciorarse de que nada estaba en sus mejillas. 

―No, es solo que me pareces familiar.- Suelta divetida. 

La mirada dulce se posó en los ojos de la morena.

Él le regaló una sonrisa y ella se ruborizó un poco.

Max rápidamente volvió a lo suyo. La pequeña perrita estaba sobre la mesa de estudio, moviendose juguetonamente.

―Si, dicen que me parezco a cierto actor famoso.

―Aparte de eso. - Desvía la mirada,  concentrándose en la decoración del lugar. La mesa de estudio,  los instrumentos. Todo pasa por su mirada curiosa. ―Tu energía me parece conocida. Tu vibra. ¿me entiendes?

―Creo que a alguien le dio un rayo.- Mencionó mirándola de reojo. Claro que entendía a esa clase de magnetismo al que se refería.  

La morena negó con la cebeza mientras sonreía.

Eterna Adicción. [Terminada] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora