El hombre Capítulo 2

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Cuando uno es niño aún no es consciente de la magnitud del problema en el que pretende involucrarse, no tienes maldad, aún no te llenas la cabeza de mierda, el mundo para ti sigue siendo inocente, por eso en ocasiones, siendo niños tomamos decisiones que sin saber, en la adultéz nos provocarán un sinfín de sentimientos negativos.
Aquella noche mis primos y yo pudimos ver al hombre cara a cara, eso que me tomó del pie no era un humano, ni nada parecido a lo que hubiese visto antes, al menos no en una película o videojuegos. Estábamos asustados y conciliar el sueño era casi imposible, mi cama estaba junto a la ventana y todos nos encontrábamos en ella, observando hacia afuera. Juraría que se veía más oscuro que otras veces, como si algo se ocultara en aquella penumbra.
-Míralo, ahí está- Dijo Adrián, el menor de mis primos.
-Ahí no hay nada Adrián- Sentenció Alex en tono molesto.
Todo era imaginación y miedo hasta que de pronto vimos como la silueta de un niño se encontraba al lado de un árbol tras la cerca, sentí como mi sangre recorría mi cuerpo una vez más, era aquella silueta que fingía ser Alex.
-Es un niño, ahí afuera hay un niño, tenemos que ayudarlo- Decía Víctor desesperadamente.
Comenzamos a discutir pues Alex y yo sabíamos que no era un niño, pero Víctor siempre fue un chico guiado por sus sentimientos, así que alegaba que teníamos que hacer algo, cuando de pronto mientras discutíamos el mismo Víctor se quedó observando hacia afuera con una mirada de miedo.
-No es un niño...
Aquella silueta se había convertido en esa cosa que vi, un humanoide sin piernas, con brazos largos y manos enormes, un rostro ovalado y unos ojos verdaderamente horribles, se encontraba en la cerca observándonos, permanecimos en silencio por unos segundos, cuando esa cosa comenzó a arrastrarse rápidamente en nuestra dirección, Adrián y Víctor salieron corriendo buscando a mi abuelo, pero Alex y yo nos quedamos paralizados de miedo, al menos yo lo estaba y justo antes de llegar hacia nosotros, el hombre se detuvo, nos miró fijamente, desde los suelos, apoyado en sus grandes manos, una sonrisa siniestra pronunció más su rostro, se acercó lentamente a la ventana y nos miró fijamente, de pronto una luz iluminó la habitación.
-¿Qué están haciendo?- El abuelo preguntó molesto ya que Adrián y Víctor lo habían despertado, volteamos de nuevo hacia la ventana pero el hombre ya no estaba.
-Abuelo era el hombre, estaba ahí afuera- Dijo Víctor.
-El hombre no puede cruzar la cerca, por eso la puse y si no se duermen yo mismo lo voy a dejar entrar a la casa.
Todos sin pensarlo dos veces corrimos a nuestras camas, el abuelo apagó la luz y se marchó a su habitación, esa noche no pudimos dormir, platicábamos acerca de lo que vimos, de cómo lo venceríamos, el por qué nos atacaba y sobre todo, qué era el hombre.
Al día siguiente estábamos decididos a averiguar lo que estaba sucediendo, la abuela preparo la comida y apenas terminamos nos dirigimos afuera, estábamos sentados en una pequeña banca de madera que había hecho el abuelo, comencé a platicarles a mis primos acerca de aquel hoyo en el suelo y cómo el hombre ascendió por ahí, luego de unos minutos tomamos la decisión de averiguar qué había en aquel pozo.
Cortamos la cuerda de mi columpio, tomamos algunos palos y piedras para defendernos, pensando que eso sería suficiente, Alex llevaba su navaja, el abuelo se la había regalado cuando cumplió once años, para nosotros, aquel que portaba esa navaja era símbolo de liderazgo, sumando a eso el valor de Alex, sin duda enfrentar a ese monstruo no me daba miedo mientras él estuviera con nosotros.
Nos dirigimos hacia la cerca, esperamos a que nadie nos viera y la brincamos uno por uno, primero Alex, luego ayudé a Víctor, después a Adrián y finalmente brinqué yo. Comenzamos a adentrarnos entre los árboles y les juro que en esta ocasión el camino era mucho más largo, juraría que pasamos por lugares que en realidad no existían o no debían estar ahí, hasta que por fin llegamos a ese pozo, aún de día era imposible ver ni siquiera un par de metros hacia dentro.
Alex tomó una roca grande que estaba cerca del lugar y amarró la cuerda fuertemente, me pidió que la sujetara y después de unos segundos lanzó la piedra al vacío. La soga no era muy larga, si acaso mediría algunos cuatro metros, fue cayendo un par de segundos y de pronto quedó totalmente tensada, no sé qué tan profundo era ese hoyo pero la roca pendía en el aire, sentía como se movía de un lado al otro.
-¿Tocó fondo?- Preguntó Alex.
-No, la piedra se mueve de un lado al otro...
Justo cuando apenas terminaba de hablar, algo jaló fuertemente la cuerda, era tanta la fuerza que caí al suelo y comencé a ser arrastrado, por algún motivo no soltaba la cuerda, estaba sorprendido, mejor dicho estaba asustado. Alex me tomó de las piernas.
-¡Suelta la cuerda!- Gritó fuertemente.
Sin dar lugar a dudas dejé que la soga se escapara de mis manos, Víctor me ayudó a levantarme y comenzamos a caminar lentamente hacia atrás, estábamos asustados, en verdad había algo en ese lugar oscuro, ahora éramos conscientes que si uno de nosotros caía por ahí jamás volvería. Víctor comenzó a pedirnos que nos fuéramos de ahí, así que decidimos dar la vuelta, pero justo cuando comenzamos a caminar, algo salió volando del hoyo, era la roca, pero la cuerda ya no estaba.
-Vámonos, tengo miedo- Dijo Adrián.
Aún sigo sintiéndome culpable por involucrar a un niño de seis años en un hecho tan oscuro, pero como les digo, no era consciente de la gravedad del problema.
Alex se acercó a la roca, tenía un olor asqueroso, también había pedazos de carne podrida en ella y su color era distinto, tenía una especie de musgo oscuro, era muy extraño. Justo cuando estábamos por irnos una voz espeluznante provenía del fondo.
-Alex, ven aquí, quiero conocerte...
-¿Quién eres?- Preguntó Alex.
-Ven aquí, te lo diré cuando bajes...
Todos estábamos muy asustados, no podíamos creer lo que estábamos presenciando, en verdad era algo que no comprendíamos, los fantasmas no existían según el abuelo, pero esto iba más allá de lo que podíamos entender.
-No vamos a bajar, déjanos en paz- Después de eso hubo varios segundos de silencio, Alex mantenía empuñada su navaja cuando de pronto una voz siniestra salió de ese lugar.
-Entonces iré por ustedes...
Víctor rápidamente tomó a Adrián de la mano y corrió junto con él hacia la cerca, esa mano enorme y asquerosa salió una vez más de ese pozo, Alex sin pensarlo dos veces usó su navaja pero al parecer no fue de ayuda ya que el hombre siguió emergiendo.
-¡Vámonos!, Alex tenemos que irnos- Grité desesperadamente.
Alex y yo comenzamos a correr, podíamos escuchar cómo aquel ser desfigurado se arrastraba persiguiéndonos, les juro que no recuerdo que el camino fuese tan largo, por más que corrimos jamás llegamos a la cerca, de alguna forma por el susto o por la desesperación corrimos en otro sentido hasta llegar al campo, teníamos prohibido alejarnos hasta ese punto, de hecho nuestro límite era la cerca, pero a estas alturas no nos importaba, corrimos cuanto pudimos hasta llegar a un viejo tractor, subimos lo más alto que pudimos y esperamos. Estábamos en medio de aquel lugar, rodeados de la cosecha que para nuestra desgracia era tan alta que no podíamos ver hacia el suelo, gritábamos pidiendo ayuda pero era imposible que alguien nos escuchara, estábamos muy alejados de la casa, Víctor y Adrián se habían separado de nosotros y no sabíamos si estaban bien.
Pasamos varias horas ahí, hasta que la noche cayó, Alex y yo estábamos asustados, teníamos frío y hambre, no teníamos noticias de los demás.
-Voy a bajar- Dijo Alex.
-Espera, tal vez sigue ahí, esperando a que bajemos.
-No me importa, tengo que saber de mis hermanos.
Justo cuando Alex estaba por bajar vi algo que me paralizó por completo.
-Alex, mira...
Un niño nos miraba fijamente a varios metros de distancia.
-¿Víctor?, ¿eres tú?- Preguntó Alex.
Aquel niño no se movía, no daba un paso ni siquiera decía una palabra, solo podíamos ver aquella silueta de pie en medio del maizal, cuando de pronto comenzó a caminar hacia nosotros, pasos lentos, como si sus piernas no le respondieran como él quisiera, luego de avanzar un poco más, ocurrió algo que hizo que mi estómago se revolviese a tal punto de querer vomitar. El torso de aquel niño cayó al suelo, podíamos ver sus viseras derramarse por la tierra, sus piernas siguieron avanzando algunos pasos más hasta que se arrodillaron y cayeron también. Alex y yo estábamos verdaderamente asustados, rompimos en llanto y comenzamos a gritar desesperadamente, cuando aquel torso del niño volteó a mirarnos abruptamente, y colocó su dedo en la nariz, refiriendo a que guardáramos silencio. Tal vez fue la impresión o el miedo pero comencé a sentir que el aire me faltaba, me sentía mareado, tenía hambre estaba asustado.
-Dani, tenemos que salir de aquí.
-No puedo respirar, Alex no puedo respirar...
-Dani, tranquilo, tenemos que irnos ya...
Mientras hablábamos aquel niño o lo que al parecer alguna vez fue un niño comenzó a arrastrarse hacia nosotros, una vez más aterrados gritamos pidiendo ayuda, conforme se acercaba podíamos ver el rastro de sangre, viseras y tripas que dejaba en su camino, su cabeza estaba deformada y sus ojos se veían tan saltones que pareciera que estaban por salirse, comenzó a reír de una manera horrible mientras seguía avanzando, su risa pasaba de ser la de un niño a la de aquel monstruo que nos había hablado desde el poso, sus brazos comenzaron a crecer y su cuerpo tomo ese tono gris, sus ojos ya solo eran cuencas vacías y su cabeza tomó esa forma extraña.
-¿Les gusta lo que me hicieron?- Dijo el hombre con esa voz enfermiza.
De la impresión di un par de pasos hacia atrás y caí de lo alto del tractor hasta el suelo, lo último que recuerdo es haber sentido cómo era arrastrado hasta que de pronto una luz lo iluminó todo.
Al despertar mis primos me observaban, estaba en la cama de la abuela.
-¿Qué pasó?- Pregunté.
-El abuelo llegó a ayudarnos, Víctor y Adrián le contaron lo que pasó- Respondió Alex.
Todo era muy confuso, aquella pregunta que nos hizo el hombre me hizo pensar toda la noche, el abuelo nos prohibió salir de la casa, al parecer cuando llegó para ayudarnos el hombre ya no estaba, ni siquiera los rastros de aquel niño que vimos, lo más extraño fue cuando Alex le contó lo que había sucedido, yo estaba inconsciente, pero mis primos dicen que el abuelo comenzó a actuar de forma extraña, le dijo a Alex que ya estaba grande para inventar ese tipo de historias y aseguró que si volvíamos a mencionar algo acerca de ese niño o el hombre, los obligaría a irse con sus padres. Obviamente eso sería lo peor que pudría haber pasado, al menos en ese momento, pues hoy en día daría lo que fuera porque el abuelo los hubiese corrido de casa.
Cuando pensamos que podríamos llegar al fondo de la situación descubrimos que apenas era el inicio de todo un misterio ya que surgieron nuevas dudas y cada vez se tornaba más complicado resolverlas, aunque ya era demasiado tarde, para entonces no habría vuelta atrás.
Lo más extraño del caso fue lo que vieron Víctor y Adrián cuando tomamos caminos diferentes, esa noche al igual que la anterior nos fue imposible conciliar, pasamos la madrugada conversando lo que habíamos vivido mientras nos separamos. Todo parecía ir de mal en peor.

Créditos a Archivo 1958

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