Había comenzado mis clases de preparatoria, recuerdo perfectamente que mi madre me había dicho que si quería estudiar debía trabajar, puesto que pertenecía a una familia de cinco hermanos y mi padre nos había abandonado cuando yo era pequeña. Era casi imposible que mi madre con su trabajo como empleada en una maquiladora pudiera mantenernos y encima de todo, pagar mis estudios.
Estaba preocupada, me preguntaba dónde podría trabajar después de clases, que estuviera cerca de casa y que me diera tiempo para realizar mis tareas, siempre fui aplicada en ese aspecto, odiaba fallar en mis compromisos escolares, así que sin más, comencé a buscar empleo.
Pasé casi una semana buscando sin éxito, fue entonces que llegué al cibercafé del barrio en el que vivía en ese entonces, debía caminar cerca de diez o quince minutos para llegar ahí, mi intención era comprar un par de solicitudes de empleo y seguir con mi búsqueda, pero entonces, el dueño del ciber, me hizo una pregunta.
-¿Estás buscando trabajo?- Preguntó.
-Sí, me urge trabajar- Respondí.
-Puedes trabajar aquí, tengo cosas que hacer en el día y no puedo estar aquí siempre- Mencionó el hombre.
No era una mala idea en realidad, tendría internet gratis para realizar mis tareas y en ocasiones no había clientes en el lugar, sería entonces el momento perfecto para dedicarle tiempo a mis actividades sin dejar de ganar algo de dinero, así que no lo pensé mucho y acepté.
El primero día estuvo de lo más normal, el dueño estuvo ahí conmigo, enseñándome las cuestiones técnicas para asignar tiempos, monitorear si los clientes no veían contenido indebido en las computadoras, etc. Pero hubo algo que no me agradó del todo, eran pasadas de las once de la noche y me preguntaba a qué hora me podría retirar, tal fue mi desesperación que quise resolver esa duda.
-¿Cuál es la hora de cierre?- Pregunté.
-Normalmente cierro cuando se va el último cliente, no me gusta correrlos, cada vez vienen menos personas a este lugar y pues eso significa pérdida para mí, me entiendes…
Su respuesta no fue del todo agradable, sabía que andar sola por las calles no era muy seguro, vivía en una zona conflictiva y nunca supe relacionarme con los vecinos o con las personas de mi edad, de hecho temía vivir en ese lugar, pero como lo dije hace un momento, éramos muy pobres y no teníamos muchas opciones.
Por suerte, esa noche llegué a casa con bien, estaba emocionada, por fin tenía trabajo y ganaría mi propio dinero, pagaría mis estudios y con algo de suerte sobraría para ayudar a mi madre, pero el resto de mis días en ese lugar no serían igual que el primero.
La segunda noche me encontraba trabajando, había tres o cuatro personas en sus respectivas computadoras, eran casi las once, me ponía muy nerviosa el hecho de que llegara más gente y tuviese que esperar más tiempo para salir y el señor Ismael (dueño del ciber), aún no llegaba.
Por mi parte me pasaba todo el tiempo observando la cámara de seguridad, solo había una y apuntaba a la parte de afuera, podía ver si alguien entraba al local, miraba con la esperanza de que no llegara ni una persona más, pero fue en vano, esa noche alguien llegó, pero no entró al lugar, solo estaba parado en la acera del frente observando, llevaba puesta una gorra, eso me hizo sospechar, eran las once de la noche y el tipo usaba una gorra, no tenía sentido.
El problema era que yo no podía verlo directamente, yo me encontraba hasta el fondo del local, luego debía dar un giro a la derecha para entrar en mi cubículo, esto con el fin de no invadir la privacidad de los clientes, según Ismael, aunque de igual forma podía ver lo que hacían desde mi computadora, al menos ellos no lo sabían.
Poco a poco se iban yendo los clientes, pero esa persona seguía ahí, parada justo frente al ciber, hasta que por fin, el lugar quedó completamente abandonado, justo cuando el último cliente salió, esa persona comenzó a cruzar la calle, en dirección a la puerta, no lo pensé dos veces y corrí tan rápido como pude para cerrarla, sabía que estaba esperando a que me quedara sola, avancé lo más pronto posible y justo al llegar a la puerta, choqué con otra persona, grité tan fuerte que hasta yo misma me aturdí.
-¿Qué te pasa?- Preguntó Ismael.
-Había alguien afuera, estaba una persona parada al frente del local, estaba esperando a que me quedara sola, lo acabo de ver- Respondí llorando del miedo y desesperación.
-Tranquilízate, no hay nadie, yo voy llegando, no había nadie ahí- Respondió Ismael.
Amablemente se ofreció a llevarme a mi casa, me dijo que me tranquilizara, me aseguró que llevaba muchos años en ese lugar y jamás había ocurrido algo malo, jamás había sufrido un asalto ni mucho menos.
-Tal vez solo era un cliente más- Me dije a mí misma.
Aunque en el fondo sabía que no era así, sentí como si me acechara, como si estuviera esperando el momento perfecto para encontrarme sola.
Los siguientes días fueron normales, no puedo negar que constantemente una vez caía la noche, me la pasaba observando la cámara para ver si ese tipo no estaba ahí de nuevo, pero no era así, lo que provocó que me confiara.
Una noche, recuerdo que todo estaba tranquilo, había muy pocos clientes, poco a poco se fueron retirando hasta que solo quedó uno, ya pasaban las once de la noche, Ismael tampoco llegaba, pero al menos aún había una persona ahí, pensé en pedirle que me esperase a cerrar bien el local una vez terminara su tiempo, no pretendía esperar a Ismael si esa persona se iba.
De pronto sonó el teléfono, era Ismael.
-Linda (es mi nombre), no creo alcanzar a llegar, cierras bien y pones lo candados, cualquier cosa me marcas al celular por favor- Dijo Ismael.
No me quedó de otra más que preparar mis cosas para irme y simplemente esperar a que el último cliente terminara. Me distraje un rato leyendo una revista cuando me di cuenta que ya pasaban de las doce, eso me preocupó un poco, salí de mi cubículo y vi que la persona seguía sentada ahí, solo podía ver su silueta, cada computadora tenía una especie de divisores traslucidos, seguía sentado en la computadora, pero no parecía hacer nada, no escuchaba las teclas o el ¨click¨ del mouse.
-¿Te falta mucho?- Pregunté.
Pero no respondió, fue entonces que decidí ver qué era lo que estaba haciendo desde mi computadora, lo perdí de vista un momento y me dispuse a ver lo que hacía, pero fue entonces que el miedo y el pánico me invadieron, esa computadora estaba desocupada desde las ocho de la noche, en realidad no había ninguna computadora funcionando en ese momento, quien sea que estaba ahí no estaba usando la computadora, solo estaba esperando algo.
Salí de nuevo de mi cubículo y giré hacia el pasillo donde estaban las máquinas, él seguía ahí sentado.
-Disculpa… ¿Necesitas más tiempo?- Pregunté.
No respondió nada, pero pude ver cómo giró su mirada hacia mí, en realidad no podía ver su rostro, solo la silueta traes ese divisor.
-Ya voy a cerrar, disculpa si…
Antes de poder terminar mi oración, el tipo se levantó de golpe y salió rápidamente, dándome la espalda en todo momento, no pude ver su rostro, no sabía quién era, solo salió. No pude evitar retroceder del susto, así que rápidamente regresé al cubículo y tomé mi bolsa y mis cosas pero justo cuando estaba por apagar todo, vi algo que de nuevo me hizo llorar del miedo, el tipo estaba parado cerca de la entrada, observando fijamente a la cámara de seguridad, tenía esa gorra puesta y una máscara extraña, como un antifaz, miraba fijamente, sabía que lo estaba observando.
Tomé el teléfono e intenté marcar a la policía pero estaba tan nerviosa, que no sabía cuál era el número, no podía tomar decisiones, temblaba de miedo, de pronto la luz del pasillo donde estaban las máquinas se apagó, el interruptor estaba justo al lado de la entrada.
-Déjame en paz, ¿qué quieres?- Gritaba frenéticamente.
Me tiré al suelo y me arrinconé aferrándome a mi bolsa, sus pasos cada vez se escuchaban más cerca, fue hasta que estaba frente a mí, era un hombre alto y corpulento, tenía su rostro cubierto y sonreía como si le emocionara verme en el suelo llorando de miedo.
-Déjame, no me hagas nada- Gritaba con la esperanza de que algún vecino pudiera escucharme.
Entonces ese hombre hizo algo que hasta la fecha logra quitarme el sueño y hace que mi voz se quebrante, él comenzó a fotografiarme, sacó una cámara de la bolsa de su chamarra y comenzó a fotografiarme, cada flashazo provocaba que yo gritara más fuerte, pero él solo se limitaba a seguir tomando fotografías, su semblante cambió de una sonrisa a un rostro extraño, una mirada perdida y depravada mientras veía los fotos en la cámara, giró su mirada hacia mí y simplemente se fue.
Permanecí en el suelo quién sabe cuánto tiempo, hasta que logré levantarme, tenía miedo, me sentía humillada, vulnerable, débil. Pude cerrar el local y llorando sin pena comencé a caminar a casa, las calles estaban totalmente vacías, solo era yo caminando tan rápido como podía, con el llanto en mi rostro, fue entonces que sentí que alguien me seguía, era él, me seguía a la distancia, jamás se acercó lo suficiente para hacerme correr, pero desde lo lejos me observaba, cada vez que volteaba a mirarlo mi sentimiento de miedo y coraje se intensificaba y lloraba con más fuerza.
Llegué a mi casa y antes de abrir la puerta decidí voltear una vez más, él estaba ahí, observándome, desde una esquina, fue el peor día de mi vida. Apenas entré, mi madre se levantó dispuesta a regañarme, pero al verme corrió a abrazarme, desesperadamente preguntaba qué había pasado.
No podía contarle, no sabía cómo decirlo, simplemente no pude. Luego de esa noche, decidí dejar ese trabajo, comencé a trabajar en la maquiladora con mi mamá, fue más difícil pero pude finalizar mis estudios.
Decidí contar esta historia, pues hace días un amigo me compartió un enlace con temática de asesinos seriales, pude ver que uno de ellos fotografiaba a sus víctimas en el preciso momento en que les decía que las asesinaría. Cuando esto me ocurrió, las redes sociales no eran lo que son hoy, pero ahora temo que algún día pueda encontrar esas fotografías publicadas en algún lugar y ver mi expresión de terror y miedo. Jamás volví a ver a ese tipo, al menos no he sido consciente de ello, pues él sabe quién soy, donde vive mi madre y sobre todo, sabe cómo asustarme.
Créditos: Archivo 1958
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Creppypastas e historias de terror
خوارقEn este libro encontrarás las mejores creppypastas e historias de terror que hay en la red. • Todas las historias fueron escritas por otras personas y se encuentran disponibles en internet, no me atribuyo el crédito por ninguna de ellas, simplement...
