El hombre capítulo 1

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El Hombre

Capítulo 1

Desde que era niño mi vida no ha sido la mejor, cuando tenía tres años mis padres se divorciaron y me dejaron viviendo con mis abuelos, mi mamá me visitaba los fines de semana o en ocasiones una vez al mes, por otro lado mi padre consiguió una nueva esposa y tuvo una hija, desde ese día desaparecí para él. Conforme fui creciendo mis días los pasaba totalmente solo y no porque así lo quisiera, por alguna razón siempre fui excluido, en la escuela e incluso en mi familia, me veían de manera extraña, como si fuese culpable de lo que pasó entre mis padres. Así que como decía, me acostumbre a la soledad desde pequeño.
Cuando llegaban las vacaciones, mis primos pasaban ese periodo en casa de mis abuelos, para cualquier niño eso sería algo bueno pero en mi caso no era así, ellos constantemente se burlaban de mí, que no tenía casa, que mi madre no me quería, cosas que tal vez cuando eres niño no las recientes mucho, pero que con el tiempo van marcando tu vida poco a poco.
Siempre que mis primos jugaban me omitían y cuando me invitaban seguramente me esperaba una broma o tener que hacer algo peligroso que ninguno de ellos se atrevía, pero yo con tal de convivir un rato, aunque en el fondo sabía que todo era una red de hipocresía, les hacía pensar que no era consciente de sus intenciones.
Todo esto cambió aquel día, un atardecer cualquiera, faltaba aproximadamente media hora para que la noche cayera cuando decidieron jugar escondidas, la casa de mis abuelos era grande, tenía un terreno bastante amplio, lleno de árboles, arbustos y lugares para esconderse. Obviamente al principio yo no estaba invitado a este juego, solo miraba desde un columpio hecho con un mecate y un pedazo de tabla que mi abuelo cortó para que me entretuviera.
-Te toca contar.
-No, siempre quieren que cuente yo.
-Te toca a ti, tú no has contado.
Algo que no mencioné era esto, llegaba el punto en que ninguno de mis primos quería ser quien buscara o contara o persiguiera a los demás y era entonces que volteaban a verme, me ofrecían jugar y después de unos minutos se aburrían y volvían a la casa, pero esos instantes para mi eran valiosos pues parecía que mis primos se alegraban de jugar conmigo y eso yo lo valoraba.
Luego de un momento voltearon a verme, murmuraban entre ellos y seguían mirándome, pareciera que estaban en una especie de votación.
-¿Quieres jugar? -Preguntó uno de ellos.
Rápidamente dije sí y corrí hacia donde estaban, lo más lógico sería que me tocará buscarlos y así fue, para mi suerte en esa primera ronda pude encontrarlos rápidamente a todos, tal vez por ese motivo decidieron jugar una ronda más en la cual yo podría esconderme, este punto para mí era desconocido ya que generalmente les encontraba y decidían dejar de jugar, así que di mi mejor esfuerzo por hallar un buen escondite y aunque no estaba consciente de ello en aquel momento, logré mi objetivo a la perfección.
Me escondí justo detrás del pequeño almacén de herramientas de mi abuelo, aunque suene que es un lugar en el que cualquiera buscaría,  para ellos no lo era, tenían miedo de acercarse a la cerca, mi abuelo siempre nos contaba que ¨el hombre¨ nos llevaría si nos alejábamos, por algún motivo yo nunca creí la historia. No hasta aquel día.
Pasaron varios minutos y no veía a ninguno de mis primos, ni siquiera los escuchaba gritar o reír, eso comenzó a desesperarme un poco puesto que la noche ya había caído y yo me encontraba solo en aquel lugar alejado de la casa, justo tras la cerca podía ver únicamente árboles, sin duda un lugar ideal para que ¨el hombre¨ pudiera observarme. Decidí regresar cuando Alex mi primo mayor pasó corriendo cerca de donde estaba, pensé que tal vez se habían cansado de buscarme y jugaron otra ronda más. Decidí seguirlo hasta que llegué al borde de la cerca.
-¿Alex?
-Shhhhh… te van a escuchar- Detrás de un árbol se encontraba la silueta de Alex, siempre fue el más valiente de todos, si alguno se atrevía a cruzar la cerca sería él.
-Ven, escóndete rápido, te van a ver- En ese momento en verdad me entusiasmé mucho, mi primo mayor me invitaba a esconderme y sin pensarlo dos veces, brinqué la barda y me dirigí hacia ese árbol, pero justo al llegar Alex no estaba.
-Dani, ven, ahí todavía pueden verte- Sabía que Alex era valiente pero adentrarse más a esa zona de árboles en realidad era muy riesgoso, pero si lo seguía hasta el final tal vez podría ganarme el respeto de mis primos, así que sin pensarlo de nuevo continué.
Caminé lentamente hacia aquel árbol alejado de donde provenía la voz de Alex pero una vez más, él no estaba.
-Alex, ¿Dónde estás?
-Dani, shht… ven, mira lo que encontré- A lo lejos podía ver la silueta de Alex haciéndome señas, así que me dirigí a donde estaba, después de caminar algunos metros llegué a una zona sin árboles, era una especie de círculo en el cuál no había crecido absolutamente nada, la tierra estaba seca y en medio había un pozo, me acerqué un poco y de pronto pegué un grito al escuchar la voz de Alex proviniendo de ahí, de ese pozo oscuro.
-Dani, ven, aquí no nos van a encontrar.
-¿Alex?, mejor vámonos.
-No, si nos vamos nos encontrarán. 
-Ya no quiero jugar Alex, vámonos de aquí- Comencé a escuchar cómo se arrastraba poco a poco, comencé a ver su forma saliendo del pozo, pero conforme se fue acercando me di cuenta que eso que venía de ahí no era Alex, estaba paralizado del miedo cuando de pronto una voz horrible provino de la oscuridad de ese hoyo…

-Te encontré…
Me levanté rápidamente pero volví a caer al suelo, ví como poco a poco un rostro pálido y verdaderamente largo se revelaba de entre las sombras, tenía poco cabello y sus ojos eran ovalados, era ¨el hombre¨ él era real y venía por mí.
Comencé a correr rumbo a casa de mis abuelos, estaba asustado y gritaba desesperadamente pidiendo ayuda, decidí voltear mientras corría y lo que ví hizo que mi cuerpo perdiera todo equilibrio y sentido, aquello que llamábamos el hombre era en realidad un ser asqueroso, un torso que avanzaba únicamente con un par de manos y brazos largos, su rostro era horrible, unos ojos ovalados y una boca enorme.
Yo seguía corriendo y gritando al mismo tiempo hasta que pude ver la cerca, al llegar no tenía fuerza para brincarla, me tiré al suelo y miraba en la dirección que venía ¨el hombre¨, pero este no estaba, me quedé observando unos segundos y  noté que su cabeza comenzaba a asomarse tras el tronco de un árbol, después comenzaba a arrastrar su cuerpo hasta llegar a un árbol más cercano, hizo lo mismo en tres ocasiones acercándose cada vez más hacia mí. Me levanté lentamente sin perder de vista ese último árbol en el que estaba oculto, di la espalda por un momento y comencé a subir por la madera de la cerca, pisando uno por uno hasta ir subiendo lo suficiente para dar un brinco sin importarme si caería de lleno al suelo, justo antes de llegar a lo más alto, decidí voltear una vez más, pero ¨el hombre¨ no estaba, al menos no detrás de mí, voltee hacia el suelo para acomodar mi pie en el siguiente tablón y ví esos ojos una vez más, observándome mientras subía, él estaba sonriendo, pegué un grito y entonces sentí como su mano tomó mi tobillo y comenzó a tirar hacia abajo.
-¡Ayúdenme por favor!- Desconozco cuántas veces grité hasta que ví a mis primos salir corriendo de la casa, al ver lo que estaba pasando se quedaron pasmados, ni siquiera gritaron o dijeron algo, simplemente vieron aquello que yo ya no podía ver, hasta que por fin un último jalón me derribó hasta el suelo, sentí cómo sus manos recorrían mi cuerpo y su respiración se acercaba a mi rostro, pero de pronto ¨el hombre¨ se escabulló por entre los arbustos. 
-¿Qué chingados estás haciendo ahí?- Mi abuelo había llegado, me tomó de la camisa y de un jalón pudo levantarme y llevarme al otro lado de la cerca. Justo antes de poder abrazarlo comenzó a golpearme con una vara.
-¡Rápido! Para la casa.
Toda esa noche mis primos solo me miraban, pero esta vez no era una mirada de odio, pareciera que sentían culpa por lo que había pasado, incluso el menor de ellos no dejaba de llorar.
-Fue ¨el hombre¨ verdad- Dijo Alex.
-Sí, el hombre es real- No estaba seguro de que aquello que ví fuese un hombre, lo que si sabía es que era tan real como nosotros y podía hacernos daño.
-Tenemos que hacer algo- Comentó Víctor, otro de mis primos.
-No, yo ya no quiero salir, tengo miedo- Asustado por lo que había visto, Adrián el menor de todos nosotros seguía mirando constantemente por la ventana, temía que aquello que vimos fuese a entrar por la noche mientras dormíamos.
No pudimos conciliar el sueño, el miedo que sentíamos era tan grande que cualquier ruido proveniente del exterior nos asustaba, hasta que Alex el mayor se levantó.
-¡Ya!, tenemos que hacer algo, no vamos a dejar que ¨el hombre¨ nos asuste, juntos vamos a ganarle- Un sentimiento de entusiasmo surgió en mí, claro que estaba muy asustado, pero en el fondo me sentía feliz, por fin formaría parte de algo. Aunque no fuese un juego al menos sabía que podría convivir con mis primos. Esa noche prometimos que descubriríamos qué era aquel monstruo que vimos y principalmente juramos no abandonarnos unos a otros. No imaginábamos que sería el inicio de algo tan oscuro que cambiaría nuestras vidas totalmente.

Créditos: Archivo 1958

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