El hombre capítulo 6

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En ocasiones la vida de un hombre es juzgada, las personas simplemente creen tener la capacidad y las facultades para deducir el por qué las personas actúan de la forma en que lo hacen, aún ahora después de tantos años sigo sintiéndome raro ante la sociedad, sigo sin poder adaptarme, sigo sin ser aceptado y no culpo a la gente, después de lo que viví puedo decir que no estoy del todo bien y eso la gente lo sabe.
Seguía desconcertado, había visto a mi abuelo estar a punto de asesinar a Alex, en verdad pareciera que era controlado por algo, justo cuando Víctor gritó, el abuelo cambió totalmente, en ese instante dejó de transmitir miedo, fue todo lo contrario, ahora él parecía estar asustado.
Esa noche estábamos tranquilos, el hermano del abuelo el tío Santiago, había llegado y con él sus dos nietos, uno era Javier, tenía 17 años y siempre estaba metido en problemas, por otro lado estaba Ana, su hermana menor, ella tenía mi edad y era tan capaz como cualquiera de nosotros, ella era parecida a mí, rechazada en la escuela por las demás niñas, venían de una familia problemática, su padre era alcohólico y constantemente los agredía, hasta que un día sus abuelos se cansaron de la situación y los llevaron a vivir con ellos, es decir vivían con el tío Santiago.
Nos encontrábamos en la hora del almuerzo, mi abuelo y su hermano conversaban de sus vidas después de haberse separado, recordaban alguna historia, reían, pero seguía viéndolos muy nerviosos, el tío Santiago constantemente frotaba sus manos, miraba hacia afuera y siempre se veía inquieto, al parecer no se sentía nada cómodo en ese lugar.
Esa misma tarde Ana se acercó a nosotros preguntando qué hacíamos para divertirnos, nos miramos unos a los otros pues llevábamos varios días sin poder dormir, estábamos tan preocupados con el tema del hombre que nos habíamos olvidado de jugar. Entonces llegó Javier y nos propuso ir al río, nosotros teníamos prohibido ir solos, pero en este caso iríamos acompañados por él, lo que suponía estaríamos bajo la supervisión de una persona mayor, fue así que nos dispusimos a ir.
Esa tarde fue muy especial, hacía tanto tiempo que no me divertía, que no sentía tranquilidad, por un par de horas olvidamos todo lo que estaba pasando, jugamos, conversamos acerca de historias fantásticas, Ana nos contaba cosas sobre la ciudad donde vivía, de su escuela, de lo enorme que era la casa del tío Santiago, algo había en su voz, no sé cómo explicarlo, pero cada vez que hablaba yo la miraba profundamente, al final no recordaba una palabra de lo que había dicho, era como si esa voz me hipnotizara, estábamos encantados con sus historias, incluso nos prometió que las próximas vacaciones seríamos nosotros quienes la visitaríamos.
Pasamos toda la tarde en el río, hasta que la noche comenzó a caer, fue entonces que decidimos irnos, reunimos nuestras cosas y nos dirigimos a casa, en verdad todo iba bien, todo era perfecto, estábamos por subir aquella pendiente para tomar el camino cuando por alguna estúpida razón se me ocurrió voltear hacia atrás y justo ahí donde estábamos reunidos, donde estuvimos durante horas estaba el monstruo, asomando su cabeza tras un árbol, moviendo la mano de un lado al otro diciendo adiós y una sonrisa escalofriante en su rostro. Me quedé paralizado, había olvidado por un momento el miedo y la preocupación, hasta que esa cosa apareció de nuevo.
-¿Te pasa algo?- Preguntó Ana. Voltee a mirarla rápidamente, tal vez mi rostro denotaba horror pues al mirarme preguntó de nuevo si estaba bien, señalé con mi mano en dirección al árbol donde estaba el hombre.
-Ahí no hay nada, ¿seguro que todo está bien?-
En efecto, el hombre había desaparecido, pero yo lo había visto y al ver esa sonrisa en su rostro, al parecer estaba contento, Ana tomó mi mano y me pidió que nos fuéramos.
-Todo estará bien- Eso me tranquilizó un momento, sabía que nada estaría bien pero no quería mostrarme asustado frente a ella, por algún motivo me hacía sentir tranquilo, al mismo tiempo me ponía muy nervioso con su presencia, era algo que no había experimentado antes.
Nos dirigimos a casa, la abuela había preparado una cena especial para todos, mientras el abuelo y su hermano conversaban en el pórtico junto con el señor Alanís, quien fue de visita para reunirse con sus viejos amigos.
A decir verdad todo estuvo tranquilo, nos reímos mucho de las historias que contaba Javier y sin más me quedé dormido.
De pronto todo estaba oscuro, hacía mucho frío y escuchaba un sonido extraño proveniente de la sala, no había nadie más en la habitación, me levanté y avancé cuidadosamente, era la puerta de la entrada, el viento era tan fuerte que la azotaba, la casa estaba en total oscuridad, al parecer no había nadie más ahí, eso comenzó a ponerme muy nervioso, no había motivo lógico para estar totalmente solo, cuando un grito desgarrador vino de afuera, era Ana.
Salí corriendo tan rápido como pude y en medio del terreno estaba ella en el suelo, gritando de dolor, mientras ese monstruo arrancaba sus piernas con fuertes mordidas, ella me miró y levantó su mano pidiendo mi ayuda, pero una vez más, el miedo me invadió totalmente, el hombre volteo a verme y comenzó a reír de una manera enfermiza, fue tan agobiante que pegué un grito de desesperación y de un momento a otro desperté.
Quizá haya sido la peor pesadilla de mi vida, estaba agitado y los demás me miraban, al parecer solo yo me había quedado dormido.
-¿Soñaste con el hombre?- Preguntó Ana.
-¿Cómo sabes de él?- Me dirigí a ella con voz agresiva.
-Dani tranquilo, yo les conté- Dijo Alex pidiéndome calma.
-No debiste, los pondrás en peligro, todos estamos en peligro- Exclamé desesperadamente.
Sabía que quienes estuviesen involucrados en esto pondrían sus vidas en riesgo, al parecer solo yo estaba consciente del hecho que todo dejó de ser cuestión de averiguar algo y paso a ser un juego de vida o muerte y lo peor era que nuestro propio abuelo estaba involucrado.
Ana se acercó a mí y me pidió que me tranquilizara, mientras Alex y Javier seguían platicando, en ese momento pude darme cuenta que Ana nos creía, sus palabras era sinceras, pero Javier por otra parte pareciera que solo nos seguía el juego y créanme que lo entendía, tal vez era su edad la que ya no le permitía seguir creyendo en esas cosas, pero no sería por mucho tiempo ya que el hombre no perdonaría.
La plática se alargó y pudimos ver por la ventana que el señor Alanís se iba en su camioneta, luego el abuelo y el tío Santiago entraron a casa, en ese momento Alex y Javier se acercaron a mí.
-Dani, vamos al pozo- Dijo Alex.
-¿Estás loco?, no podeos seguir involucrando a más personas- Le dije a Alex.
-Vamos Dani, yo iré con ustedes, no pasará nada- Mencionó Javier.
Les dije que no iría, que no sería parte de eso y que se olvidaran de esa estúpida aventura de acabar con el hombre, ya todo se había salido de control y no quería seguir yendo más profundo, pero en vez de hacerles reflexionar, decidieron ir ellos dos, salieron por mi ventana y luego de unos pasos se perdieron entre la oscuridad. Ana quiso acompañarlos pero Javier se negó.
Luego de unos minutos yo estaba muy nervioso, me sentía culpable de no haber ido, estaba preocupado, parecía que solo yo comprendía la magnitud de la situación y el nivel de peligrosidad de ese monstruo, fue entonces que decidí levantarme e ir tras ellos.
-¿Irás a buscarlos?- Preguntó Víctor.
-Sí, no debí dejarlos ir solos-
-Son Alex y  Javier, el hombre no podrá contra ellos- Dijo Víctor.
-Igual iré-
-Voy contigo, solo espera...
-No, quédate a cuidarlos, estarán Ana y Adrián solos, si ese monstruo aparece aquí tú serás quien los proteja-
-Y si a ustedes les pasa algo...
-Sino regresamos dile al abuelo y al tío Santiago a donde fuimos-
Tomé lo necesario y salí rápidamente, corrí lo más rápido que pude, tomé mi bicicleta pero había olvidado que estaba completamente dañada, fue entonces que decidí correr, tal vez si ellos iban caminando pronto los alcanzaría. Caminé aproximadamente diez minutos cuando sentí que alguien o algo venía tras de mí, detuve mi paso e intenté ver qué era lo que se aproximaba, cuando me di cuenta que una silueta se acercaba a toda velocidad, pegué un grito y quise reaccionar pero antes de poder moverme, aquella silueta me impactó. Después de un momento me levanté del suelo y pude ver que era Ana en su bicicleta.
-¿Qué haces aquí?, ¿De dónde sacaste esa bicicleta?- Pregunté.
-Es mía, la traje de mi casa, ¿sabes lo difícil que es andar en bicicleta en una ciudad?- Respondió.
-Tienes que regresar, venir es peligroso-
-Mi hermano también fue a ese lugar, no lo voy a dejar solo- Dijo Ana.
Sabía que no la haría entrar en razón así que dejamos de discutir y nos dirigimos hacia el pozo, yo conducía la bicicleta y ella iba en la parte trasera, traté de ir a toda velocidad puesto que seguía sintiendo que algo iba tras nosotros, volteaba hacia atrás cuando podía, juraría que la silueta del hombre se aproximaba, arrastrándose o saltando entre árboles con sus largos brazos. Iba lo más rápido que podía y mientras miraba hacia atrás escuché la voz de Ana.
-Dani, ¡cuidado!-
Al voltear al frente solo pude ver la figura de un niño parado en medio del camino, quise esquivarlo pero en el intento caímos al suelo.
-Dani, ¿estás bien?- Preguntó Ana.
-Sí, estoy bien, ¿tú?- Pregunté.
-Me duele mucho mi tobillo, no puedo levantarme-
Poco a poco me levanté, estaba adolorido y todavía no me recuperaba de los golpes anteriores, así que el dolor era insoportable, justo cuando me puse de pie, escuché esa risa siniestra de aquel niño y al voltear pude ver su silueta correr hacia los arbustos, sabía que era él, que estaba cerca y debíamos salir de ahí cuanto antes.
Me dirigí al lugar donde cayó Ana, estaba tendida boca abajo en el suelo, extendí mi mano para ayudarla pero justo antes de poder hacer contacto, algo la tomó del pie y la jaló hacia la maleza arrastrándola por completo.
-¡Dani!, ¡Ayuda!- Gritaba desesperadamente.
Sin pensarlo dos veces comencé a correr tras ella, pero todo estaba oscuro, solo podía guiarme por sus gritos, cada vez la escuchaba más lejos, pero yo no dejaba de avanzar, lo hacía tan rápido como mi cuerpo me lo permitía, por un momento olvidé mis heridas y no dejé de correr, luego de avanzar un momento más podía escuchar el llanto de Ana, con mi último aliento comencé a correr  a toda velocidad y fue entonces que llegué a esa zona, similar a la que estaba cerca de la casa del abuelo, un círculo muerto donde no crecía absolutamente nada y un hoyo en medio, Ana estaba en el suelo y esa abominación encima de ella, estaba olfateándola con lo que se suponía era su nariz, dos huecos a mitad de ese rostro alargado, la olfateaba de pies a cabeza. Eso hizo que me llenara de coraje y avancé corriendo hacia él.
-¡Te voy a matar!- Le grité con todas mis fuerzas.
Apenas llegué, esa cosa me tomó del rostro con su mano, me derribó y comenzó a reír de una manera siniestra, luego de burlarse una vez más pude escuchar su maldita voz.
-Me los llevaré a los dos- Dijo el hombre mientras reía.
Comenzó a arrastrarnos hacia ese hoyo en medio de la tierra, gritábamos desesperados mientras tratábamos de aferrarnos al suelo, pero era inútil, tomé la mano de Ana y le miré fijamente, ella me sonrió, a pesar de saber que estábamos a punto de morir ella sonrió y justo cuando estábamos resignados, escuchamos que alguien se aproximaba.

-¡Puto monstruo de mierda!-
Apareció Javier golpeando al hombre con un barrote de madera en el rostro. Alex rápidamente me ayudó a levantarme y entre los dos levantamos a Ana, cuando Javier pudo ver al hombre con claridad, quedó paralizado, dio un par de pasos atrás y cayó al suelo, el hombre comenzó a reír y mostro sus horribles dientes a Javier, él estaba asustado, tal vez sorprendido, tanto que ni siquiera podía moverse, el hombre se abalanzó sobre él, Ana cubrió su rostro con mi hombro, no quería ver lo que pensábamos estaba a punto de ocurrir, pero justo cuando parecía que todo estaba perdido, Alex se lanzó contra el hombre.
-Dani, ¡golpéalo!- Gritó Alex.
Dejé a Ana cuidadosamente y sin pensarlo dos veces tomé el barrote del suelo, con todas mis fuerzas di el mejor golpe que pude, Alex fue derribado por el hombre y este centró su atención en mí, comenzó a arrastrarse rápidamente en mi dirección y justo al llegar Javier pateó su rostro.
-¿Qué mierda eres?- Preguntó Javier mientras el hombre se levantaba.
De nuevo comenzó a reír de esa forma siniestra y antes de poder decir algo, Javi me arrebató el barrote y lo golpeó una vez más.
-Todos detrás de mí- Dijo Javier.
El hombre intentaba acercarse pero Javi lanzaba un fuerte golpe, por nuestra parte Alex y yo arrojábamos piedras al monstruo, fue así que se vio superado y en un gesto de rabia se dirigió al hoyo en medio del suelo y se perdió en la penumbra.
Javi cargó a su hermana sobre su espalda y nos dirigimos a casa rápidamente, en el camino nos encontramos la bicicleta en el suelo, Alex la tomó y seguimos avanzando apresuradamente hasta llegar. Javier estaba desconcertado, aceptó que al principio pensaba que todo se trataba de un invento nuestro, pero después de haberlo visto no podía dar crédito a lo que pasaba.
-Este lugar está maldito, hay algo bajo la tierra, esa cosa viene de ahí- Dijo Javier.
Al parecer habían descubierto algo cuando fueron al pozo de agua, pero lograron escuchar nuestros gritos y por suerte llegaron a tiempo para evitar lo peor. Ya no estábamos solos, una vez más sentí la confianza de poder llegar al fondo de lo que pasaba, pero ya no solo éramos un montón de niños, ahora Javi estaba con nosotros, él sería importante en nuestra lucha contra ese demonio.

Créditos a Archivo 1958

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