—Que me dejes ser tu cómplice —finalizó SangHo con una sonrisa de victoria estampada en el rostro.
<Ja… más que una condición, esto suena a chantaje emocional.>
—¿Y por qué debería aceptar? —enarqué una ceja con desconfianza—. Además, eres su amigo. No tiene mucho sentido que quieras unirte.
—Bueno, yo puedo aportarte mucha información sobre él que, seguro, te será muy útil —dijo con esa sonrisa traviesa que da ganas de sospechar—. Además, solo quiero unirme por diversión. A MinJun le hace falta un poco de alegría en su vida, ¿sabes? Un poco de sabor.
<Tiene sentido... ese hombre siempre tiene cara de que se tragó una cucaracha amarga.>
—¿De qué tipo de información estamos hablando? —pregunté ya un poquito más interesada.
—Cosas que le molestan, lo que odia, sus manías… lo básico para torturarlo sutilmente. Maldades suaves, nada grave.
—Interesante… —respondí, llevándome la mano a la barbilla con teatralidad—. Está bien, nos aliaremos. Pero solo temporalmente.
No podía arriesgarme a romper más reglas de lo necesario, ya había tenido suficientes advertencias y desplantes por parte de mis padres.
<Al final, serán solo bromas inocentes. Nada que me meta en problemas serios.>
—¡Perfecto! —aplaudió emocionado.
<Ay, me recuerda a una foca feliz que vi una vez en un documental. Son igualitos.>
—¿Cuándo empezamos?
—Mañana.
—Bien, porque ya tengo algunas ideas en mente… Solo maldades inocentes, lo prometo —añadió con una risita que de inocente no tenía nada.
<Se vienen cosas grandes, sí señor.>
Narrador:
Después de planear todo con SangHo, Ami se dirigió a casa con más pensamientos que energía. Él no le desagradaba del todo, y no sabía si eso era bueno o malo. Aunque su prioridad no era hacer amigos, no podía negar que, al menos, él era divertido.
Y eso… era raro en un humano.
Sin embargo, no era momento de pensar demasiado en eso.
Sus preocupaciones eran otras: ¿qué pasaría cuando perdiera sus habilidades? ¿Cómo sería vivir sin ellas? ¿Y cómo iba a relacionarse con personas que le habían enseñado a ver como inferiores?
Porque sí, esa mentalidad no era completamente su culpa. Desde pequeña, sus padres le inculcaron la idea de que los humanos eran una especie inferior. Algo efímero. Molesto. Ruidoso.
Y lo peor de todo era que con el tiempo… lo creyó.
Había crecido con esa superioridad en la sangre. Literalmente.
Pero ahora que estaba obligada a convivir con ellos, la idea comenzaba a tambalearse. Muy a su pesar.
Y para colmo, estaba el beso.
Ese beso maldito, confuso, inesperado.
¿¡Cómo demonios había terminado besando a MinJun!?
<Y peor aún… ¿por qué había dicho esa frase tan estúpida después? ¿“Por qué me besaste”?
¿En serio, Ami? ¿En serio?>
Le parecía fascinante cómo alguien tan inteligente como ella podía bloquearse tanto por algo tan simple como unos labios.
Y no ayudaba que su cerebro siguiera volviendo a ese momento.
A esa mirada.
A ese olor.
A ese impulso.
No, no, no.
Se negaba a pensar que MinJun le gustaba.
Eso no era una posibilidad. Ni siquiera una teoría.
Era una alucinación temporal causada por hambre.
Sí. Hambre.
Y estrés.
Y humanidad.
Y el hecho de que los labios de ese amargado fueran tan...
<¡Ya basta!>
Se revolvió en la cama, molesta consigo misma, con la almohada y con el universo.
Había pasado tantas horas dándole vueltas al asunto que, sin darse cuenta, se convenció de algo:
Iba a dejar de agobiarse por lo que aún no había pasado.
Iba a vivir el presente, a su manera.
A divertirse, a jugar, a reírse un poco del caos que la rodeaba.
Después de todo… todo no podía ser malo en la Tierra. ¿O sí?
Al menos ahora tenía una misión con SangHo.
Un plan.
Una especie de “hobby” compartido.
Y con un poco de suerte —aunque jamás lo admitiría en voz alta— podría incluso llegar a considerar a SangHo como algo parecido a un amigo.
Solo quizá.
Un 10% de probabilidad.
Y eso ya era mucho.
Nota de autora:
Hola, lector humano (o ser sobrenatural entrometido).
Los capítulos con las bromas entre Ami y SangHo aparecerán más adelante como extras o relleno, como quieras llamarlo.
No contienen información crucial para la trama principal, así que puedes leerlos por puro placer y para conocer el lado más… "creativo" de nuestra querida vampiresa.
Te advierto: las bromas no son normales.
Pero nada en esta historia lo es.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
