Narra Ami:
El terror vino a mí cuando llevé la mano a una de mis piernas y esta terminó manchada de sangre.
Sangre.
Es que… es imposible. Yo no sangro. Mi cuerpo no está diseñado para eso. Al menos, no todavía.
—No... no puede ser… —susurré con voz temblorosa, negando repetidas veces mientras el sudor frío comenzaba a escurrirme por la espalda.
Pensé que el proceso de convertirme en humana tardaría más.
—¿Cómo era el orden de sucesos que explicó el profesor sobre la conversión...? —me pregunté internamente, con el corazón martillándome en la garganta.
<Ojalá hubiera prestado atención ese día.>
El segundo paso era el sangrado humano.
Bien, este claramente ya está ocurriendo.
El tercero era el cansancio físico extremo, el sueño, la debilidad.
—¿Y el primero...? —me llevé una mano a la frente. —¡Ah, sí! El primero era perder las habilidades.
Entré en pánico otra vez.
Mis habilidades son lo único que me mantiene segura en este mundo ridículo lleno de humanos hormonales, normas sociales absurdas y shampoo de supermercado.
Además, no estoy acostumbrada a vivir sin ellas.
En mi cabeza comenzaron a desfilar escenarios catastróficos: persecuciones, incendios, ataques... situaciones en las que necesitaría mi fuerza, mi rapidez, mi persuasión. ¿Y si ya no puedo hacer nada de eso?
—Pero… no tiene sentido —murmuré, pensativa—. Hasta hace unas horas las usé. Corrí como un rayo. Usé la persuasión para evitar compartir habitación. Aún conservo velocidad y encanto…
Las que casi nunca uso son la de fuerza y la de aprendizaje rápido.
Tenía que comprobarlo.
Empecé por la fuerza: esta mañana golpeé al idiota de mi compañero y no le hice nada. Usualmente tengo que controlar mi fuerza para no partir costillas por accidente, pero él ni se quejó.
Esa habilidad está claramente perdida.
Ok. Queda la otra.
Aprendizaje rápido.
Busqué entre mis cosas el informe sobre las plantas que recolecté y lo leí una vez, como solía hacer. Cerré los ojos. Intenté repetirlo de memoria. Nada.
Lo leí otra vez, más despacio. Intenté de nuevo.
Nada.
Una risa nerviosa se escapó de mi garganta. Una más de desesperación que de humor.
No podía memorizarlo.
Había perdido dos habilidades. Y por si fuera poco, ya estoy en la segunda fase.
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No sé cuánto tiempo llevo aquí.
Entre la desesperación por el sangrado y mis ansias de salir de este agujero, estoy de un humor que ni yo soporto.
¡Estúpidos humanos! Ni siquiera se han dado cuenta de que falto. Son tan inútiles que ni siquiera saben contar cabezas en una excursión.
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Tres horas después:
Cada hora que pasa me siento peor. Y la sangre... no se detiene.
No es como en las películas. No me desmayé dramáticamente con estilo. Me fui apagando poco a poco.
Como una batería oxidada.
Estoy adormecida. Cansada. Me cuesta pensar con claridad.
No sé qué hacer.
—Ojalá alguien viniera… —susurré, aunque sabía que nadie iba a oírme.
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Una hora más tarde:
No puedo mantenerme en pie. Mis piernas tiemblan, mis brazos pesan como plomo, y mi cuerpo está cubierto de una capa de sudor frío.
Nunca imaginé que perder un poco de sangre afectaría tanto a un cuerpo semi-humano como el mío.
Lo peor de todo es que ni siquiera he perdido tanta.
Y sin embargo, me siento fatal.
Fatal conmigo.
Con el mundo.
Con todo.
Estoy por cerrar los ojos...
me siento tan sola que hasta la piedra esa del rincón me está mirando raro.
—¿Tú también crees que me voy a morir acá? —le dije, sin esperar respuesta.
La agarré. Era suave, redondita.
—Te voy a llamar Roberto —murmuré con voz débil, y la abracé con las dos manos temblorosas.
Ahora Roberto era mi única compañía.
Y sí, puede que esté delirando, pero nadie dijo que morirse semihumana en un hueco era glamoroso.
—Prométeme que si no salgo de aquí vas a vengarme. —Una pausa. —Y que vas a decirle a mis padres que los odio, a SangHo que es un chismoso, y a MinJun... tragué saliva— a él dile que... bueno, ya se te ocurrirá que decirle a el.
Acaricié a Roberto con cariño.
Y fue en ese momento, justo cuando pensé que estaba perdiendo el juicio del todo, que ocurrió.
Un aroma.
Ese aroma.
—No… no puede ser… —me enderezo bruscamente.
Aspiro una, dos, tres veces.
El corazón se me dispara como un tambor.
Ese aroma... yo lo conozco a la perfección.
Es SU aroma.
MinJun.
No es que esté pensando en él...
Es que lo estoy sintiendo.
Cerca.
Vivo.
Real.
Y eso solo puede significar una cosa:
Por fin voy a salir de aquí, joder.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomansaDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
