Cap#15 "El nombre de la vergüenza"

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Ami (POV)

-Ami... mírame un segundo -dice SangHo, plantándose delante de mí, como si temiera que me evaporara si parpadeaba.

No lo hago. Mantengo la vista clavada en un punto absurdo del suelo, una grieta en el mosaico que de pronto se vuelve interesantísima. Si levanto los ojos, si le doy ese segundo, tal vez me robe algo más que la mirada.

-No vengo a pelear -añade, más suave-. Solo... necesito entender.

Se pasa una mano por la nuca. El gesto es torpe, genuino. El viento del bosque nos recorre como una advertencia; al fondo se oyen las hojas de los árboles, aves y el suave crujir de las ramas bajo nuestros pies. La vida continúa, aunque la mía parezca un secreto a punto de explotar.

-¿Ami? -insiste, inclinándose un poco para entrar en mi campo de visión-. ¿Me estás escuchando?

-Sí. -La palabra sale, pero no me saca de mi ensimismamiento.

Guardo silencio. Quiero ganarle tiempo al tiempo. En mi cabeza, mil versiones de mí misma discuten. Una me grita que me marche; otra que improvise una mentira ingeniosa o use mis habilidades para manipular su mente; pero la más peligrosa me susurra que confíe. Que por una vez baje la guardia.

-Mira -dice él, respirando hondo, como si saltara desde un trampolín invisible-, sé que lo que voy a decir suena... raro. Te prometo que traté de convencerme a mí mismo de que fue un error, de que tenía sueño, de que lo imaginé. Pero... -traga-... no puedo. No puedo.

Me cruzo de brazos para que no note que me tiemblan las manos. SangHo da un paso más cerca y, por primera vez desde que empezó, deja de buscar palabras bonitas.

-Cuando estábamos en el bosque -su voz se vuelve un hilo firme- te vi moverte a una velocidad... inusual.

El mundo hace un ruido seco dentro de mí.

No pestañeo. Ni siquiera respiro. Repito la frase por dentro para comprobar que de verdad fue dicha, que no la soñé, que no la temí de tanto temerla.

Lo vio.

Me repito eso como quien muerde un trozo de hielo con las encías. Lo vio. No hay marcha atrás.

El pánico me sube por la garganta con la rapidez de un incendio; me arde el orgullo. ¿Por qué no fui más cuidadosa? ¿Cuándo me volví tan... humana?

La voz de mi padre cae dentro de mí como un bloque de piedra: "Los humanos solo esperan un descuido para apuñalarte."
La de mi madre, cortante: "Si confías, pierdes; si dudas, sobrevives."

Y, de pronto, la escena que no he conseguido arrancarme de la piel: MinJun apartándose de mí como si yo fuera una culpa; ese "nada" frío, sin rastro del beso que aún me ardía en la boca. Una borradura. Una negación que sentí como una traición. No se confía en los humanos, Ami. Nunca.

Trago saliva. Alzo la vista.

SangHo me sostiene la mirada. No hay burla ni triunfo. No luce como alguien que encontró un arma; luce como alguien que encontró un misterio que lo asusta y lo fascina a partes iguales. Tiene las manos cerradas en puños, pero no por rabia: por nervios. El pie derecho marca un ritmo contra el piso que traiciona su urgencia.

-No estoy loco -dice, con una media sonrisa amarga-. Lo sé porque no quiero contárselo a nadie. Y si estuviera loco, ya lo habría gritado. -Se encoge de hombros, incómodo-. No sé qué significa, ni qué eres, ni si me voy a arrepentir de esto dentro de cinco minutos. Solo... no puedo hacer como si no hubiera pasado.

El bosque se achica. Siento cada latido como si me sacudiera los hombros desde dentro. Podría mentir. Podría. Siempre he sido buena en eso. Podría enredarlo en mi voz, manipular sus recuerdos, hacer que dude de lo que vio hasta convencerlo de que solo fue sombra y cansancio.

Tu Aroma <En Proceso>Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora