Narra SangHo:
—¿Dónde mierda está MinJun? —refunfuñé mientras recorría el campamento por quinta vez.
Literal, ya lo busqué por todos lados: la fogata, los dormitorios, hasta el baño donde dicen que se encierra cuando ya se hartó de convivir con la humanidad. Nada.
—¿Y si mejor aviso al profesor...? —me detuve un segundo, pensándolo en serio. Pero luego recordé.
No. Mejor no. Si Ami no está perdida y solo se está tomando un descanso para odiar al mundo en silencio (como suele hacer), van a castigarla.
Y si alguien tiene que hacerle la vida imposible, ese soy yo. 😌
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Narra MinJun:
Esta niña engreída siempre logra arrastrarme a sus malditos problemas.
Aparto otra rama que me golpea la cara y bufo.
—Mira que hacerme buscarla por todo el bosque a esta hora… —mascullo.
Y antes de que preguntes, no, no es preocupación.
Solo quiero que me devuelva la paz mental que me robó desde que llegó.
O bueno… eso me digo para no aceptar lo que de verdad siento.
—Como se esté enrollando con algún idiota por ahí y yo esté como estúpido buscándola… —no termino la frase. La rabia se mezcla con otra cosa más fea.
Más real.
Todavía no olvido lo que me hicieron ella y ese traidor de Tae.
Y mi pelo, o mejor dicho, la falta del mismo, es prueba viviente de eso.
Saco el teléfono. Otra vez intento llamarla al número que le robé a SangHo.
(Solo por si alguna vez había una emergencia, claro… no porque me importe.)
Apagado.
Otra vez.
Sigo caminando entre ramas hasta que llego a una zona con vegetación más espesa. Estaba por sentarme a descansar cuando algo me paraliza.
—¡MinJun! —una voz, débil, rasgada, pero reconocible.
Mi cuerpo se tensa como un resorte. Me enderezo.
¿Ami?
—¡MinJun! —se escucha de nuevo.
Sin pensarlo, corro hacia la dirección del grito.
Y ahí estaba.
En un hueco.
Sucia. Ensangrentada.
Con el cabello revuelto.
Los ojos apagados.
Pero viva.
Y de pronto, todo el rencor se esfumó.
La gran Ami Winsther, la que nunca deja que nadie la vea débil, me estaba mirando desde el fondo de un hueco, y lo hacía sin lágrimas, sin drama, sin histeria.
Solo orgullo. Solo fuerza.
¿Cuánto tiempo habría estado ahí sola?
Quiso incorporarse. Se pasó los dedos por el cabello, se frotó la cara.
Se preparaba, incluso en ese estado, para no perder la dignidad.
Yo no supe qué decir.
Cuando por fin la saqué, nuestros ojos se encontraron.
Y entonces, sin un solo aviso, se dejó caer en mis brazos.
No se desmayó. Solo… se rindió.
Como diciendo: “Ya no puedo más, pero sabía que vendrías.”
—En el fondo sabía que vendrías —susurró.
—No deberías confiar tanto en la gente… Pude simplemente no haber venido —le respondí, con voz baja, casi como un regaño.
¿Y si no lo hubiera hecho? ¿Si nadie venía?
¿Si SangHo no venía?
¿Si el profesor no notaba su ausencia?
No quiero ni imaginarlo.
Estaba débil. Muy débil. No parecía herida de gravedad, pero sí agotada.
Vacía.
Pasó un rato en silencio. Solo el viento y algunos animales de fondo.
Y entonces, un sollozo rompió el aire.
Sin pensarlo, la tomé en brazos.
Con cuidado, como si fuera de cristal.
Como si su fragilidad me hiciera frágil a mí también.
—¿Me llevarás a la enfermería? —preguntó con un susurro casi imperceptible.
—No. Esta noche me ocupo yo personalmente de ti… —le dije.
Y lo decía en serio.
Esa noche… ella no estaba sola.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
