Capítulo Extra – Guerra de Bromas: Nivel Sacrilegio
(Porque si vas a pelear, que sea con Dios de testigo)
Narra Ami:
Hoy fue un día especial.
Un día bendito.
Un día… de oportunidad divina.
¿La razón?
Vinieron monjas a la escuela.
Sí, monjas. De las de verdad: hábito, crucifijo y energía espiritual incluida.
Cada año aparecen para recoger donaciones voluntarias de los alumnos —ropas, juguetes, libros— que luego son llevadas a orfanatos y centros de caridad.
¿Y qué mejor que usar este acto sagrado para vengarme?
Mi plan:
Donar todo lo que MinJun recibió por su cumpleaños.
Ropa, dulces, peluches, cartas y hasta una taza que decía “el mejor conductor de todos los tiempos”.
Todo.
To-do.
—¿No crees que es demasiado? —me preguntó SangHo mientras vaciábamos disimuladamente la mochila de MinJun en la caja de donaciones.
—Es caridad —respondí, sonriendo como una santa. —Estoy limpiando su alma materialista.
—Es su cumpleaños...
—Exacto. Hoy sufre más.
Mientras tanto, las monjitas, encantadas con los “generosos aportes anónimos”, nos daban las gracias.
SangHo ya estaba sudando del estrés.
—¿Y si nos descubre?
—No nos va a descubrir. Es un regalo de humildad. Seguro hasta se vuelve mejor persona después de esto.
Nos reímos bajito y nos fuimos antes de que llegara la víctima.
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Narra MinJun:
Hoy es mi cumpleaños.
Y no es que lo celebre a lo grande, pero admitiré que me alegró ver que varios compañeros me dieron regalitos pequeños durante el día.
Una bufanda tejida, un llavero, algunos dulces, e incluso una camiseta con un dibujo ridículo que me encantó (aunque jamás se lo diría a nadie).
Fui al salón a recoger mis cosas antes de volver a casa.
Y ahí fue cuando lo noté…
Todo había desaparecido.
Mi pupitre estaba vacío.
Mi mochila, sin rastro de las cosas que había guardado.
Ni una bolsa.
Ni un envoltorio.
—¿¡Dónde están mis cosas!? —grité.
Una compañera, con total inocencia, respondió:
—¿No fuiste tú el que las donó esta mañana a las monjas?
Y ahí lo supe.
Ami.
Solté el aire por la nariz como toro en pleno rodeo.
Guardé silencio.
Sonreí.
Y me fui directo a la oficina del director.
Porque sí.
Hoy no iba a golpearla, ni gritarle, ni arruinarle la ropa.
Hoy iba a hundirla con el arma más temida por los egocéntricos:
los boletines de notas.
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Narra MinJun (nivel hacker escolar):
Colarme en la dirección fue fácil.
Demasiado fácil.
Parecía que Dios me estaba abriendo las puertas.
Gracias, Señor.
Me senté frente al escritorio del director, usé su contraseña (que claramente era 123456, nivel de seguridad: cero)
Y entré al sistema de calificaciones.
Busqué el nombre de Ami Winsther.
Notas perfectas, como era de esperarse.
Todo 10.
Como si ella inventara la escuela.
Y ahí, con el poder absoluto en mis manos… hice historia.
—¿Qué pasaría si este 10 en literatura pasara a ser un 4.5?
—¿Y este 9.8 en biología? Hmm... un 3.2 suena más balanceado.
Cambié todo.
Asignatura por asignatura.
Excelencia académica convertida en catástrofe digna de repetidora.
Y ya que estaba… bueno, también le subí algunos numeritos a mis propias notas.
Llamalo justicia.
Llamalo equilibrio universal.
Salí de la oficina como si nada.
Feliz cumpleaños para mí.
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Narra Ami:
Al día siguiente, entré a clase como siempre: perfecta, brillante, con mi aura de superioridad habitual y la satisfacción de haberle hecho una donación a la caridad con las pertenencias de MinJun.
Pero entonces, algo raro pasó.
—¿Ami? —me llamó la profesora de física—. Necesito hablar contigo.
—¿Sobre qué?
—Tus notas. Hubo una… caída drástica.
—¿Qué?
—En casi todas las materias.
—¿¡QUÉ!?
Y ahí me mostraron el nuevo boletín.
Matemáticas: 3.5
Ciencias: 4.2
Historia: 2.9
Educación física: 7 (ok, ese estaba bien, porque nunca fui)
Arte: 1.2 (¡¿CÓMO SE SUSPENDE ARTE?!)
El mundo se detuvo.
Me giré en cámara lenta hacia MinJun.
Él me saludó con una sonrisa angelical.
—¿Todo bien, Ami? ¿Necesitás ayuda con tus tareas?
Y yo lo supe.
Esto era guerra santa.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
