Después de que se me salieran las lágrimas por la mezcla de vergüenza ajena y victoria personal...
Me empecé a preocupar.
Sí, lo admito.
Primero fue una pequeña punzada en el estómago.
Luego una vocecita que decía "creo que la broma se les fue un poquitiiiiiito de las manos..."
Y después...
bueno, después vi la cara de MinJun frente al espejo y se me fue la gracia completa.
-SangHo, ¿me quieres explicar cómo acabó así? -le reclamo entre dientes, mirándolo de reojo mientras él se finge ocupado.
-No tengo ni idea -responde como un niño chico a punto de ser regañado por comerse el flan antes de la cena-. Yo solo compré lo que decía el papel. -Se encoge de hombros.
-Enséñame el pomo del tinte que compraste -le ordeno. Ya estoy sudando frío-. Es imposible que un simple tinte rosa le haya hecho eso.
Miro hacia donde está MinJun.
Sigue ahí, frente al espejo, en trance.
Se acaricia el cráneo con la yema de los dedos como quien busca consuelo en una bola de cristal brillante.
Su cabeza parece una vela recién pulida.
En otras circunstancias me habría reído por muchos más tiempo.
Pero ahora...
-¡Ya lo encontré! -grita SangHo desde la ducha, agitándome dos frascos como si fuera un trofeo.
Los agarro al vuelo y leo las etiqueta.
Y ahí casi me da un paro.
Literal.
El alma se me cayó a los pies.
Uno era el tinte y el otro...
-SangHo... ¿¡Estás loco!? ¿¡Qué acaso no sabes leer!? ¿Ibas a la escuela a comer nada más o qué!? -le reclamo frenética, al borde de estamparle el frasco en la frente-. ¡Esto dice DEPILADO INSTANTÁNEO! ¡¿Cómo confundiste esto con un tinte!?
-Bueeeeno... -alarga la palabra mientras se rasca la cabeza con la misma inocencia con la que uno se lava los platos sin esponja-. Yo lo vi rosado también y pensé que era el acondicionador...
Me llevo los dedos al puente de la nariz, apretándolo con fuerza.
Paciencia, Ami. Respira. No lo mates... todavía.
<Si quieres que algo salga bien, hazlo tú misma.>
Eso lo decía mi padre.
Y claro, yo nunca le hago caso.
Pero hoy... hoy lo entiendo.
-O sea que ni siquiera leíste la etiqueta. Solo lo compraste porque era rosa. ¿En serio?
-Pero el rosa se veía confiable...
<Ay dios mío, lo que tengo de diva lo tengo de mártir.>
-¡SangHo! -grito en resignación. -¿Y ahora qué hacemos con el pobre? ¡Sabes que amaba su pelo!
Miro a MinJun.
Sigue ahí.
Inmóvil.
Traumado.
Pareciera estar rezando por si algún folículo sobrevive.
Estuve tentada a recoger pelos del piso y pegárselos con saliva solo para que sintiera algo.
-Me siento mal -murmuro, bajito.
Y sí, lo dije.
Lo pensé.
Me está dando culpa.
Y eso ya es grave.
Porque si algo no me gusta sentir... es eso.
Pero claro, jamás iba a permitir que MinJun escuchara eso.
Una cosa es tener corazón, otra es andar por ahí dando pena.
Y ahí me cayó la ficha.
La GRAN ficha.
Esa que dice:
"si este hombre habla, te entierran viva."
-Estamos jodidos -digo sin filtro-. Si el director se entera de esto, se acabó todo. Mi escuela, mi libertad... ¡mi padre me va a matar!
-Tranquila, no entres en pánico -responde SangHo con una calma que no sé de dónde sacó. Probablemente falsa, como sus habilidades lectoras.
-Tengo una gorra en el casillero. Tal vez le sirva.
<Como si una gorra le fuera a reconstruir la melena perdida, SangHo. De verdad...>
-¡Tráela! -le ordeno mientras lo empujo casi hasta la puerta-. ¡Y si tienes ropa de repuesto también! ¡Lo más rápido posible!
Y ahí estoy yo.
La mismísima mente maestra del desastre...
Ahora ayudando al calvo a salir con dignidad.
Lo que hace la culpa, eh.
Me giro hacia MinJun. Quiero hablarle.
O mejor dicho, disculparme.
Sí. Leyeron bien.
Disculparme.
Ya estaba a punto de abrir la boca cuando él se voltea.
Y con su cabeza lisa frente a mí...
no sé si llorar o reír otra vez.
-Solo quería decirte que lo sien...
-No quiero escuchar nada -me interrumpe, seco-. Ustedes no saben cuándo parar. Y esto... esto no fue una broma.
Trago saliva.
Pido paciencia. No orgullo.
-Yo no quería dejarte calvo... fue un error. Nosotros no...
-¡Te dije que te ahorres las explicaciones! -gruñe entre dientes.
Justo en ese momento entra SangHo con la gorra y la ropa.
MinJun se los arrebata sin decir palabra, se cambia ahí mismo (porque aparentemente ya no tiene dignidad que perder)
y se va...
sin mirar atrás.
Y yo ahí.
Con cara de meme.
Con culpa.
Con ropa manchada de tinte.
Y con la firme sensación de que acabamos de despertar a una bestia calva.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
