Profesor Pov:
Maldito estudiante arrogante…
<¿Qué se cree?>
En mis 42 años de vida, jamás un niñato me había hablado con tanta insolencia. ¿¡Cómo se atreve a amenazarme a mí!? Si no fuera porque mi carrera me importa más que la satisfacción inmediata de poner a cada insolente en su lugar, ya habría suspendido a medio curso por diversión. Pero la reputación no se negocia: se cuida.
Ajusté mis lentes, respiré hondo y traté de centrarme en la lista de calificaciones. Me tembló apenas la mano. Me dio rabia notarlo.
Y entonces me vino el recuerdo como un fogonazo.
No tocó la puerta. Entró. Directo. Con pasos firmes. Ese chico —MinJun— no alzó la voz, pero la tensión venía pegada a su sombra. Se paró tan cerca del escritorio que sentí el borde clavarse en mis muslos cuando me eché hacia atrás sin querer. Olía a bosque y a algo más: a urgencia.
—Profesor —dijo sin cortesías, apoyando una mano en la mesa, la otra sujetándome la muñeca apenas un segundo y soltándola—. Hablemos de ayer.
Intenté recomponer la autoridad en la postura.
—Si tiene alguna queja, pida cita…
—No. —Fue una cuchillada suave, casi cordial—. Ayer estuvo borracho. No pasó lista. No notó que una estudiante no volvió del bosque. Si yo no salgo a buscarla, hoy habría una denuncia… o algo peor.
Abrí la boca. No salió voz. Sentí un regusto ácido. Maldita sea.
—No me hable de protocolos, profesor —siguió, bajando aún más el tono—. Yo sí los leí. Yo sí sé lo que significa que un responsable abandone su cargo. Si quiere, mañana lo discutimos con el comité académico… y con la dirección. ¿Quiere que revisen cámaras? ¿Quiere que alguien vacíe el minibar de su cabaña?
Me ardieron las orejas. ¿Cómo…?
Se inclinó apenas. El frío en sus ojos no encajaba con su edad: era un hielo viejo.
—Quiero tres cosas —enumeró, con pausas que parecían metrónomos—. Uno: que Ami reciba la nota máxima. No me importa si llegó tarde; la actividad la hizo y la hubiera entregado si usted hubiera estado sobrio para recibirla. Dos: que yo reciba también la nota máxima. Hice el informe, hice el trabajo, y de paso cubrí lo que usted no cubrió. Y tres: que Hoseok aparezca como desaprobado, porque no participó. Lo vi de fiesta, y puedo decirle con quién y dónde.
Tragué saliva. Sentí un punzón en la sien.
—Está usted cruzando una línea…
—No más que la que cruzó anoche —replicó sin pestañear—. Y escúcheme bien: si vuelve a pasar algo así, no será solo un problema administrativo. —Dejó las palabras flotando, limpias, como un bisturí recién lavado—. Será un escándalo.
Me sostuvo la mirada. No pude sostenerle la suya. Ahora, frente a la lista, el recuerdo me oprimía la garganta. Maldición.
Volví al presente. Los alumnos esperaban, inquietos, como ganado impaciente cuando percibe la sal.
—Acérquense todos, voy a dar las notas —logré decir, alisando el papel con los nudillos.
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Ami POV
— La primera pareja: SangHo y Sunmi, tienen “A”.
Ambos se abrazan y saltan de alegría mientras yo me escondo más entre la multitud.
<Por favor que no me vea…>
—La segunda pareja: Hoseok y Ami. —Torció la boca— Se me informó que con esta pareja hubo varios problemas. Solo Ami tiene calificación; el otro estudiante está desaprobado por no participar en el proyecto… Ami, tienes la máxima nota.
<¿Yo? ¿La máxima nota? Pero si no entregué nada… ¿Fue MinJun?>
—La tercera pareja: MinJun y Hyuna, tienen “A+” también.
MinJun sonríe con esa arrogancia tan suya y se va. No lo pienso dos veces y voy tras él.
—¡Eh! —lo llamo desde atrás— ¡MinJun!
Se gira, tranquilo, como si yo no estuviera a punto de explotar.
—¿Qué fue eso? —Le suelto molesta, señalando con el dedo el lugar del que venimos.
<Podría agradecerle… pero no. Me hierve la sangre cuando hace cosas así.>
—¿A qué te refieres? —me lanza esa sonrisa ligera que me pone aún peor.
—¿Cómo es que tengo nota? —frunzo el ceño— ¿Y cómo sabía el profesor que Hoseok no había hecho nada?
—Esta mañana tuve una “pequeña charla con él”. —Se encoge de hombros— Lo de Hoseok se lo dije yo. Lo vi revolcándose con una mientras te buscaba.
Parpadeo incrédula.
—Eso de “pequeña charla” me huele a chantaje. —Cruzo los brazos— Y de paso, veo que aprovechaste para subirte la nota tú también.
—¿Y cuál es el problema? Te hice un favor.
—¡El problema es que amenazaste a un profesor! ¿Sabes lo que significa eso? —Mi tono se endurece— ¿Alguna vez piensas antes de actuar?
—Sí. —Da un paso hacia mí— Pienso en que estabas sola, desaparecida, y en que el idiota que debía supervisarte estaba borracho.
—Seguramente habría estado bien. Sé cuidarme sola.
—Claro. —Ríe con sarcasmo— Por eso te encontré medio perdida, en esas condiciones.
Su mirada se clava en la mía como si quisiera retarme.
—¡El que no se da cuenta de nada eres tú! —Doy un paso al frente— ¿Sabes lo que habría pasado si el profesor no cedía? Te habrían expulsado. ¿¡No entiendes que me preocupo por ti!?
—¿Y crees que yo no? —Su voz sube y noto cómo la gente empieza a mirarnos— ¿Tienes idea de lo que sentí al ver que todos habían vuelto menos tú? Me recorrí medio bosque buscándote. Y no era simple preocupación… era miedo.
Se acerca tanto que la tensión se vuelve física. Puedo sentir su respiración agitada, la rabia en cada palabra.
—¿Por qué siempre tienes que ser tan impulsivo? —pregunto en un susurro tenso— ¿Por qué nunca piensas en ti antes de arriesgarte?
—Porque me preocupo por ti ¡joder!..
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
