Pensé que no la volvería a ver.
Al menos, no en vida.
Pero parece que el destino tiene su propio sentido del humor.
La chica frente a mí es igual —o tal vez más hermosa— que el recuerdo borroso que guardaba. Verla de nuevo me provoca un torbellino de emociones que creí enterradas junto con mi adolescencia. Desde que salía con ella.
Rubia. Tan delgada y blanca como una muñeca de porcelana. Alta, de proporciones casi perfectas.
Sinceramente, una mujer bellísima.
Algo que, por desgracia, tiene en común con Ami.
Suelto una risa involuntaria ante el pensamiento. Es increíble cómo, incluso en este momento, Ami Winsther logra colarse en mi cabeza.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunta con una sonrisa apenas contenida, mientras toma mi mano para ponerse de pie.
Sus dedos son tan suaves como los recordaba. Pero esta vez no hay calidez. Solo un reflejo de lo que fue.
Miro nuestras manos unidas y me obligo a mantenerme firme. No puedo caer otra vez. No después de todo lo que me costó mantenerme en pie.
—Nada —respondo, negando con la cabeza—. Solo pensaba en lo fácil que una persona puede entrar en tu vida... y lo difícil que es sacarla.
Ella me mira, confundida y altanera al mismo tiempo. Estoy seguro de que cree que hablo de ella. Y claro, como siempre, el mundo gira en torno a Anabelle.
Esbozo una sonrisa cansada.
—Olvídalo. Son cosas mías.
—¿Acaso hay una chica? —pregunta con cierta picardía.
Vuelvo a negar. No tengo intención de hablar de Ami. Mucho menos con ella.
—Nada de eso —respondo con una mueca inconsciente. El tema me resulta insoportable.
—Mejor dime qué haces aquí. Pensé que estabas en Boston.
Mi voz suena más dura de lo que pretendía. Hay un rencor que no puedo disimular. Y me odio por eso. Han pasado años desde que se fue, pero contener tantas palabras durante tanto tiempo me está pasando factura.
Dentro de mí hay una guerra:
¿la enfrento y le digo todo lo que pienso, o finjo indiferencia y me hago creer que ya la superé?
La verdad, ni siquiera yo me la creo.
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Flashback
—Hola, amor. —Una versión más joven de mí se sienta junto a ella en la cafetería, rodeados de nuestros amigos. Intento darle un beso, pero gira la cabeza.
—¿Qué pasa?
—Sígueme, tenemos que hablar. —Su voz suena firme, sin una gota de ternura.
No hacía falta ser adivino. Su rostro ya lo decía todo. Ese gesto serio, impenetrable… sin rastro de culpa.
—Me voy a Boston —dice cuando llegamos al patio—. Acepté la beca.
Sentí cómo mi corazón se encogía, aplastado por algo invisible.
Esa beca me la habían dado a mí. Era mía.
Y la rechacé por ella.
Por nosotros.
Anabelle me convenció. Me prometió que si se la ofrecían, no la aceptaría. Que se quedaría conmigo. Que no me dejaría solo.
Mentira.
En ese momento entendí que solo había sido una pieza más en su juego. Que me usó, me manipuló, y cuando ya no necesitó de mí, me borró como si nunca hubiera existido.
Con el tiempo, el odio se fue apagando.
O eso quise creer.
Odio por haber sido su herramienta, odio por su egoísmo, y odio —el peor de todos— por seguir amándola cuando ya no debía.
Hoy puedo verla sin que me tiemblen las manos.
Puedo hablarle sin que la rabia me queme.
Pero eso no significa que la herida haya cerrado.
Solo que aprendí a vivir con la cicatriz.
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—Si te lo digo, no me creerías… —dice de pronto, rompiendo mis pensamientos.
—Créeme, lo haré —respondo con sarcasmo—. Ya he visto todo lo que eres capaz de hacer.
Sus mejillas se tiñen de rojo.
Por primera vez, parece avergonzada.
—Yo… —titubea, bajando la mirada—. He venido por ti.
Y ahí lo entiendo todo.
El destino no es irónico.
Es cruel.
...
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—Lograste hablar con él?
—Sí. No fué difícil convencerlo de que trabajara con nosotros, al parecer le guarda mucho rencor, y más aún después de la pelea.
—Estupendo, recuerda seguir bien el plan, si no te encargas de MinJun yo me encargaré de hacerlo por tí.
—Te dije que me ocuparía de él y así lo haré. No quiero que te metas, aquí la cosa es solo entre él y yo.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
