Después de unas semanas de tregua, la guerra volvió.
—Ok, dime qué tienes en mente porque a mí ya no me quedan ideas —le dije a SangHo mientras cerraba mi casillero con un golpe dramático digno de nominación.
—Ninguna de las que tenía va a funcionar.
—¿Por qué?
—MinJun es demasiado inteligente. Aunque hayan pasado días, sigue alerta. Si hacemos algo obvio, lo va a notar al instante.
—No te preocupes. Estuve pensando en eso toda la noche… y ya tengo la broma maestra.
Lo de mi pelo no se va a quedar así.
Le pasé un papel con la lista de materiales. SangHo lo leyó, levantó una ceja y sonrió.
—Estás loca. Me encanta.
📲 [Conversación por mensajes]
—Buenas noticias, Evil queen.
—¿Qué hiciste ahora? ¿Y por qué suena como si debiera estar preocupada?
—Ya conseguí todo. Así de fácil. Me supero cada día.
—Eso no me da tranquilidad.
—No te preocupes, te vas a divertir.
Aunque… sí deberías empezar a agradecerme por revivir tu existencia aburrida.
—Sí, claro. ¿Quieres que te mande flores también?
—Podrías, pero prefiero aplausos. ¿Cuándo empezamos?
—Clase antes del almuerzo. ¿Te sirve, señor me supero cada día sólo por conseguir cosas que estaban en una lista?
—Ja ja...
Y por cierto… no me debes las gracias. Me basta con saber que soy brillante.
—¿Tú y tu ego ya se mandaron a hacer camisetas?
—Shhhh. No arruines mi momento.
—Ok, ¿Nos vemos en el recreo para repasar el plan?
—Ahi nos vemos, minion.
...
SangHo y yo nos mirábamos desde nuestros puestos, impacientes.
12:00. Esa era la hora cero.
Todo estaba calculado.
Revisamos el plan al menos cinco veces. No podía fallar.
(Y bueno… eso creímos).
Por suerte, yo me siento justo detrás de MinJun y SangHo se sienta a su izquierda, lo que nos facilita toda la operación.
Al llegar la hora, SangHo lo entretuvo con alguna historia sin sentido mientras yo, con destreza nivel ninja, abrí su mochila.
Con mucho cuidado saqué los huevos podridos que había guardado en un frasco hermético (no preguntes) y los rompí dentro.
El líquido quedó escondido entre sus cosas, empezando a hacer su trabajo sucio.
Después, gracias a la info clasificada que SangHo me proporcionó, saqué su ropa de repuesto y, con mis tijeras, le hice dos agujeros estratégicos:
uno en las nalgas…
y otro justo en la zona de las tetillas.
Porque sí. Venganza con precisión quirúrgica.
Al sonar el timbre del almuerzo, MinJun agarró su mochila sin sospechar nada.
Pero en cuanto se la colgó al hombro…
el crack sutil del contenido cediendo se escuchó como una alarma de desastre.
El líquido viscoso empezó a escurrirse lentamente, como si supiera que tenía que causar el máximo daño.
Primero fue una gota…
luego un hilito…
y después, como si alguien hubiera destapado una cloaca aromática, le bañó la parte baja de la camisa.
El olor a huevo podrido lo alcanzó en segundos.
Su cara se deformó entre confusión, asco y trauma.
Miró su hombro, bajó la vista lentamente, y ahí lo vio:
una mezcla entre vómito prehistórico y sopa de pantano bajándole por el pecho.
—¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO?
Todos lo miraron.
Él, con reflejos activados por la vergüenza, salió corriendo al baño cubriéndose con los brazos como si estuviera huyendo de un crimen de moda.
SangHo y yo nos miramos.
El siguiente paso era nuestro.
SangHo asintió con la emoción de alguien que estaba a punto de cometer un crimen glorioso y desapareció tras él.
Cinco minutos después regresó a su puesto como si nada hubiera pasado.
Yo solo le levanté un pulgar con la elegancia de una reina vengativa.
Esperamos.
Y esperamos.
Y entonces…
Un grito desgarrador atravesó el pasillo.
—¡¡¡MI CABELLOOOOOOOOOO!!!
Corrimos al baño para verlo y, obviamente, tomar pruebas gráficas de nuestra obra maestra…
Pero…
no estábamos preparados para lo que encontramos.
MinJun.
De pie frente al espejo.
El pelo en la nuca y suelo le goteaba un rosa fluorescente tan intenso que parecía una Barbie en crisis.
La espuma bajaba por su cuello.
La camiseta de repuesto estaba perfectamente perforada en las tetillas,
y los pantalones mostraban un agujero descarado en pleno centro de las nalgas.
Pero lo más impactante…
Estaba totalmente calvo.
Se pasó las manos por la cabeza una… dos… tres veces.
Nada.
—¿¡QUÉ CARAJO TENÍA ESE SHAMPOO!? —exclamó, con la voz desgarrada.
SangHo me miró.
Yo lo miré.
Y solo atiné a decir:
—¿Compraste shampoo o decolorante industrial?
Silencio.
Y entonces explotamos.
La risa fue tan fuerte que un profesor nos mandó a callar desde el pasillo.
No podíamos parar.
Ni siquiera cuando MinJun gritó que se vengaría.
Y sinceramente…
No lo dudo ni un poco.
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Tu Aroma <En Proceso>
RomanceDicen que el amor verdadero huele a flores, a calma, a hogar. El de ellos... huele a sangre. Ella no es una vampiresa cualquiera. Es un arma, un secreto andante, una enemiga pública con el alma rota y las manos manchadas. Y él... es humano. Inocente...
