Todo a su alrededor pasa demasiado rápido, a través de su ventanilla puede ver como los edificios, la gente, los árboles, los otros coches, todo se mezcla, la visión se le hace borrosa, no puede percibir con perfección que está pasando a su alrededor. El corazón le late con fuerza, casi no puede respirar, se está ahogando con el cinturón, el cual lo tiene bien apretado y ajustado. Los ojos solo muestran temor, horror por lo rápido que está yendo el coche en el que está montada. Una mano la tiene bien agarrada al agarre del techo, sus nudillos están blancos de la presión que está haciendo, la otra mano en cambio agarra con fuerza el asiento donde está, clavando sus uñas mordidas en este. No para de mirar al frente, aterrada de que puedan comerse cualquier coche y tener cualquier accidente, atropellando a lo primero que pillaran por el camino.
– ¡Para! ¡Deja de correr tanto! –grita con fuerza Gemma, cerrando los ojos con fuerza y encogiéndose contra el asiento de copiloto. De golpe, el coche se frena, tan violentamente en un semáforo en rojo que Gemma, por el frenazo, se echa hacia delante y casi se da de morros con la guantera. Sus ojos están llorosos, el cinturón le acaba de quitar casi toda la respiración de tal presión. Cual muelle resorte, da de lleno con su espalda contra el asiento. Con los ojos aún llorosos, desvía la mirada hacía el kamikaze piloto que controla ahora mismo el coche. – ¿Pero tú estás loca o qué? ¡Eres una puta suicida! ¡La última vez que me monto en un coche contigo al volante! –grita la pelirroja, suavizando su agarre en el agarre y en el asiento. A su lado, unos ojos oscuros la miran con inocencia y con carita de cachorrito abandonado y mojado bajo la lluvia, Anne le suplica perdón.
–Eres una exagerada… ¡Pero sí me han dado el carnet de conducir! Por algo será –dice dando la vuelta a los ojos la pequeña rubia, la cual ha necesitado subir un poco su asiento para poder ver por encima del volante y la guantera. La rubia mira al frente, sonriente y balanceando sus piernas feliz por estar al final volante. – Me costó muchísimo aprobar ¿sabes? Pero al final el viejo hombre ese… ¿Cómo se llamaba? A sí, el señor Pérez me dio el carnet. El teórico lo aprobé, y en el práctico… Me dijo algo extraño –se queda callada, haciendo memoria mientras que muerde su labio inferior. Alza las cejas al acordarse. – ¡Ah sí! Dijo que si paraba el coche de una vez y no volvía de nuevo a repetir el examen práctico, que me aprobaría. Se encontraba como tú, parecéis dos gatos cagados de miedo porque les vayan a bañar –dice burlona y riendo la rubia como loca. La pelirroja la mira perpleja. ¿La han aprobado porque el hombre que la estaba examinando temía por su vida? Darle el carnet a esta chica es un peligro para la humanidad piensa angustiada la pelirroja, tragando saliva.
– ¿Se puede saber por qué tienes la necesidad de apretar tanto el acelerador? ¡Estamos en ciudad! ¿Cómo quieres ir a unos noventa kilómetros por hora? ¡Es el doble de lo legal! –exclama la pelirroja, en realidad es a cincuenta kilómetros por hora pero… ¿Quién respeta las leyes en este país? Nadie, pero ir al doble para Gemma es sobrepasarse. Algo que desconcierta a Gemma es el porqué de que Anne decidiera estudiar Derecho, cuando es la primera que se pasa las leyes por la punta de la nariz.
–No sé, es que me aburro yendo lenta… Pero tampoco es para tanto, mujer, estamos vivas ¿no? Además llegamos tarde a recoger a los chicos –se excusa la rubia encogiéndose de hombros. Al ver que el semáforo está en verde, sonríe juguetona y agarrando el volante como si fuera un circuito de carreras, calienta el motor y arranca, concentrada esquivando y adelantando. Gemma de nuevo se agarra como loca al asiento y grita al ver que casi se comen a un coche, lo llegan a rozar, pero salen sanas y salva.
– ¡Déjame conducir a mí! –grita Gemma con lágrimas en los ojos por el miedo que tiene.
– ¡Qué no! JC tiene que estar orgulloso de mí, tiene que ver que al fin tengo el carnet después de tanto tiempo –se queja como una nena pequeña la rubia, que está tan pegada al asiento como Gemma,pero, en cambio, su cara tiene una amplia sonrisa.
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Olvidar no es fácil.
Tienerfictie"–¿De qué tienes miedo?–pregunta él pasando su gran y áspera mano por sus rizos negros. –De tu estupidez.–espeta con burla escrutando los ojos azules de él. –Conmigo estarás a salvo.–le vuelve a repetir. No sabe ya cuantas veces se lo ha dicho. –Dic...