—11:16 p.m.—
—¡Acelera más!
Marcus intentaba esquivar los golpes de María, aunque no eran verdaderos golpes, sino palmadas. Era un consuelo para él, porque de cada cuatro golpes que lanzaba María, cinco acertaban.
De repente, los golpes cesaron.
—¿Qué es lo que ocurre Marcus? Llevamos horas practicando, quisiera decir que estas mejorando, pero no es así.
A pesar de que era cierto lo que María dijo, Marcus se sintió feliz. Nadie más lo llamaba por su nombre falso, a menudo se preguntaba por qué se molestaron en dárselo si todo el mundo lo llamaba ''novato".
—Tal vez no tienes la motivación necesaria —dijo pensando— Probaré a golpearte en serio.
—Espera ¿qué?
—Será mejor que aceleres, o si no; esto te dolerá.
María fue a sentarse donde se encontraba Lucía, una vampiresa pequeña y delgada, llevaba su cabello negro rizado, y un juego de ropa deportiva negra. Era la mejor amiga de María. Tenía diecisiete años cuando fue mordida y sufrió el cambio, su vampiro padre le propinó una paliza, y había estado a punto de violarla, pero un extraño apareció y le arrancó el corazón antes de que ocurriera. Ese extraño había sido Kayl, cuando el las presentó, Lucía estaba en una cama, con seis costillas rotas, el rostro amoratado y lleno de heridas.
—No te preocupes, las heridas superficiales y los moretones desaparecerán en una hora —Le había dicho ella, y Lucía comenzó a reír. Extrañas primeras palabras.
Habían pasado tres años de eso. Las historias de ambas eran similares hasta cierto punto. Quizá por ello, María siempre se había sentido cómoda con ella.
—¿Cómo va el novato?
—Esta progresando.
El tono de su voz no parecía estar de acuerdo. Lucía lo notó.
—¿Cuantos golpes ha logrado esquivar?
—Uno.
Lucía contuvo una carcajada.
—Tendrás que ser paciente con él. Apuesto a que Kayl pasó por lo mismo cuando te entrenó a ti.
María estaba a punto de protestar, pero se detuvo, pensó que tal vez era cierto. La hizo sentir avergonzada.
—Hablando de Kayl, —Lucía era la única que llamaba a Kayl por su nombre, todos los demás miembros del clan, incluso ella, se referían a él como ''mi señor", aún y cuando Kayl jamás les pidió que lo hicieran, y era debido a que todos sentían un grande y profundo respeto hacia el— ¿Cómo van las cosas con él?
María la miró confundida.
—No te hagas la inocente, todos aquí saben que estas clavada por él.
Aquello la tomó por sorpresa, y sin saber que decir, comenzó a balbucear.
—Yo... yo...
En ese momento, Kayl atravesó la enorme puerta de metal. Y nada más entrar, Eddie se reunió con él.
De haberlo deseado podría escuchar la conversación de ambos desde donde se encontraba, con solo agudizar su oído. Pero por más curiosidad que tuviese, siempre se había abstenido de hacerlo. No era el mismo caso con Lucía.
—¿Escuchaste? Parece que esta será la semana decisiva.
Aparecieron Mickael y Drake para unirse a la conversación. El primero vestía una camisa azul marino sin mangas y con cuello de tortuga, y pantalones negros. Drake no llevaba camisa alguna, traía puesto un pantalón corto gris.
—El día en que derrocaremos a la hermandad —Dijo Drake — O el día en que todos iremos al infierno.
—Habla por ti —. Le respondió Lucía, con gracia.
—Muchos son los que afirman que Constantin es un dios. Que ha alcanzado, y superado al mismo Cain.
Todos habían escuchado los rumores, entre los seres del bajo mundo empezaron a correr las leyendas sobre Constantin ''Él come almas". Se decía que él era invencible, que después de asesinar a sus víctimas no solo bebía su sangre si no que se apoderaba de sus almas para adquirir así un gran poder. Y el destino de todos aquellos que osaran desafiarlo, sería la muerte.
—¿Un dios? —María río con desdén— Los dioses no necesitan beber sangre para sobrevivir.
—Quizá no sea un dios; pero su fuerza es innegable —. Dijo Mickael.
—Kayl le arrancará la cabeza con todo y espina dorsal —. Anunció Lucía con seguridad — Lo he visto hacerlo antes.
María se preguntó si eso sería verdad, nunca había visto a Kayl hacer semejante cosa... aunque si lo había visto hacer cosas aún peores. No pudo evitar dirigir una mirada a la katana que portaba Lucía a la cintura. El antiguo usuario de esa arma lo había vivido en carne propia.
—Daría lo que fuera por ver eso —. Dijo Mickael.
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El hada y el vampiro
VampireErase una vez; la historia de un cazador que se enamoró de su presa. (Su error) La presa no sentía miedo del cazador, y así mismo se enamoró de el. (El error de ella) Todo parecía ser perfecto, ya que mientras se tuvieran el uno al otro todo estaría...
