Capítulo 11

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Se hizo con un grupo de fieles sirvientes que perseguían su mismo objetivo

~Día 5~

—9:37 a.m.—

Reous se dirigía a la sala del consejo, con un paso vacilante. Sentía un nudo en el estómago, causado por la aversión que sentía hacia ellos. La habían mandado llamar, lo que era extraño pues aún no había transcurrido un mes, como solían concretar reuniones con ella. De pronto se le cruzó por la mente que podrían haberla descubierto, y experimentó un profundo miedo, recordaba las palabras de Anelia <<Para el consejo eso es traición, y creo que usted sabe cómo pagan las hadas por la traición>> Ella lo sabía perfectamente. Un día, cuando era una niña, habían capturado a un obrero —que por lo que le dijeron, era un practicante de magia negra— el obrero estuvo bajo prisión durante no más de una semana, luego fue sometido a juicio por el consejo, y finalmente fue condenado al "auguzide", la pena de muerte reservada a los traidores — quienes eran desterrados del reino, pero no sin antes despojarlos de sus alas. Como máximo lograban sobrevivir doce horas tras haber sido expulsados. — Estaba frente a una gran puerta negra que siempre la había hecho sentir diminuta, aunque en realidad lo era. Colocó sus manos sobre la puerta, respiró hondo y la atravesó. Unos largos muros ambarinos se extendían a lo alto, del techo pendía una especie de araña de cristal que iluminaba el salón y abundaba un silencio sepulcral. Reous se encaminó hacia una clase de taburete, donde había siete hadas sentadas detrás de él, todas vestían una especie de túnica sin mangas, color oro, e incluso llevaban el cabello sujeto de la misma manera. Se detuvo a una distancia prudente y no dijo ni una palabra. Entonces, el hada que se encontraba en el centro se posó sobre sus codos para lograr verla de cerca, lo que hizo que Reous se sintiera más incómoda de lo que ya lo hacía, luego el hada de su derecha se puso de pie, sin decir nada durante un momento.

—Quizás te preguntes por qué razón te hemos llamado antes de la fecha programada.

Otra de las hadas se puso de pie, esta vez la de su izquierda.

—Tenemos que discutir asuntos de suma importancia relacionados con la fecha de su coronamiento.

Tras escuchar eso, Reous sintió un gran alivio. No se había percatado de lo tensa que estaba hasta que una parte de esa tensión se disolvió de sus hombros.

—Ha ocurrido un grave problema —dijo la que se encontraba en la orilla derecha, mientras se ponía en pie—. Debido a circunstancias de gran riesgo el consejo de las salamandras debe partir al reino fuego del sur.

Reous estaba a punto de decir que no entendía lo que trataban de explicarle, pero se detuvo a sí misma, sabía que era una imprudencia de su parte. Siempre había sido así con el consejo, tenían una extraña manera de hacer las cosas.

El hada del otro extremo se levantó de su asiento cómo habían hecho las demás.

—Cómo ya hemos dicho, debemos ausentarnos, será por poco más de un siclo. Pero si hiciésemos eso, el reino quedaría sin sus líderes.

Reous pensaba rápidamente, si de verdad el consejo se retiraba por más de un siclo —equivalente a un año — Entonces no volverían a tiempo para la fecha de su coronamiento, y eso era algo que podía adelantarse, pero no posponerse. Se hizo una idea rápida de cuál era el meollo del asunto, y llegó a una conclusión, la cual temía fuese verdad.

—La fecha de su coronamiento estaba concertada para veintiocho lunas a partir de hoy — dijo otra de ellas — desgraciadamente debemos partir en solo cuatro.

—Es por ello que decidimos cambiar la fecha para tres lunas a partir de hoy.

Reous sentía que todo en la habitación había comenzado a dar vueltas, ella sabía que una vez fuese reina no podría volver a ver a Kayl, pero no esperaba que ese día llegara tan pronto.

El hada y el vampiroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora